Caracas.- La última semana ha sido testigo de un fenómeno que, aunque recurrente en la historia económica reciente de Venezuela, no deja de generar impacto y asombro en la población: un salto abrupto en la cotización del dólar.
En los últimos siete días, el mercado paralelo ha roto barreras psicológicas significativas, superando en la mayoría de sitios los 700 bolívares por dólar, una cifra que ha dejado a los ciudadanos en un estado de alerta y reajuste constante de sus presupuestos. La velocidad del incremento ha descolocado incluso a quienes intentan seguirle el ritmo a la moneda para proteger sus ingresos, evidenciando una volatilidad que parece no encontrar techo.
“Increíble. Yo compré en 650 el 15 (de mayo, hace una semana) o el 16, qué loco ese salto. Trataba de no hacerle mucho seguimiento ese tiempo, porque, de verdad, es como estresante”, dijo Lady Chaparro, una diseñadora gráfica que reside en el oeste de Caracas.
Esta sensación de agobio es compartida por los ciudadanos consultados por El Pitazo, quienes ven cómo su planificación financiera se desvanece en cuestión de horas. El incremento no solo es una cifra en una pantalla; es una realidad que se traduce en el encarecimiento inmediato de bienes y servicios, obligando a los consumidores a tomar decisiones drásticas. Como relata otra ciudadana, Mariana Pérez, la sorpresa es total al notar que la referencia del dólar paralelo alcanzó los 750 bolívares, cuando apenas en la quincena anterior la tasa de venta se situaba alrededor de 630 bolívares.
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El BCV también sube
La magnitud del aumento se hace aún más evidente al observar el comportamiento de las tasas oficiales emitidas por el Banco Central de Venezuela (BCV). Al cierre del mes de abril, el tipo de cambio de referencia para la venta se ubicaba en 489,55 bolívares por dólar. Sin embargo, para este 22 de mayo, la cotización oficial ascendió a 526,86 bolívares por dólar.
Esto representa un incremento de 37,31 bolívares en la tasa oficial en apenas tres semanas del mes de mayo o 7,62 % , un aumento que, aunque menor al del mercado paralelo, marca una tendencia alcista constante que presiona el bolsillo del trabajador. En diversas zonas de Caracas, adquirir en bolívares un producto cuyo precio de referencia equivale a 1 dólar, implica pagar entre 750 y hasta 800 bolívares.
Este desajuste cambiario ha generado una conducta defensiva en el consumidor, que se siente obligado a comprar rápidamente para evitar pérdidas.
«Cuando uno cobra, lo que provoca es salir corriendo a comprar, todo lo que necesita. No importa que te quedes sin plata, pero compraste, porque creo que es la única forma en que puedas ver que te rindió la plata», dijo Chaparro.
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La percepción general es que el bolívar pierde valor minuto a minuto, y la organización financiera se vuelve una tarea imposible ante cambios tan abruptos que impiden cualquier tipo de previsión a mediano plazo. Incluso los servicios que se calculan en bolívares basándose en la tasa oficial, como el internet, han experimentado saltos que superan las proyecciones de los usuarios, quienes ven con resignación cómo sus gastos fijos se elevan por encima de lo esperado.
«Esto es una locura. Imagínate cómo va a llegar en diciembre, yo no quiero ni imaginarlo», dijo un trabajador público que pidió el anonimato, pero que lamentó como los ingresos en bolívares se pulverizan rápidamente ante el avance del dólar. «Lo que se supone que cobramos indexado al dólar, ya no vale lo mismo cuando vas a comprar porque te cobran a tasas súper locas», agregó
En Zulia la situación se repite
En los municipios Maracaibo y San Francisco el diferencial cambiario es similar. Consumidores reportan que los comerciantes fijan la tasa del dólar entre los 710 y 750 bolívares.
En el mercado Las Pulgas, en el centro de Maracaibo, los dólares los compran en 680 bolívares, pero, si va a comprar mercancía, la tasa que establecieron los comerciantes es de 720 y 750 bolívares.
«Esto es una locura. Hay como cuatro tasas. Hay quienes te cobran a 710, otros a 720 y otros a 750. Aquí uno no sabe cómo vas a pagar», dijo Miriam Atención, quién acudió al mercado a comprar verduras y víveres.
En el sector del Soler, en el municipio San Francisco, ocurre lo mismo. «Compré un ventilador recargable por los apagones. No sólo que aumentaron el precio a 80 dólares, sino que además pagué el dólar a 730», denunció María Maldonado.
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Más intervención, misma incertidumbre
En una reciente publicación, el economista Asdrúbal Oliveros señaló que existe una contradicción preocupante en el mercado cambiario actual. A pesar de que se han inyectado cerca de 4.000 millones de dólares al sistema financiero en lo que va de 2026, la brecha entre la tasa oficial y la paralela sigue siendo elevada.
Oliveros sostiene que la estrategia oficial de vender dólares a través de la banca para contener la tasa oficial es insuficiente, ya que el problema no es solo de cantidad de divisas, sino de diseño de la política económica. Para el analista, el error fundamental radica en ignorar el mercado paralelo, el cual no es marginal ni transitorio, sino estructural.
Según Oliveros, el mercado paralelo funciona como una referencia psicológica crucial en Venezuela, influyendo en precios, estructuras de costos y decisiones de consumo. «Cuando el paralelo sube, el impacto económico va mucho más allá del tamaño real del movimiento. Lo que cambia no es solamente el precio del dólar; cambia la percepción de estabilidad».
La ampliación de la brecha cambiaria se ha convertido en el factor de mayor distorsión de los precios, contribuyendo a que la inflación en dólares en abril de 2026 alcanzara una tasa anual del 35 %.
En este contexto, el experto señaló que la estabilización no vendrá solo de inyectar más dólares, sino de lograr que esas intervenciones modifiquen las expectativas de la población y reduzcan la brecha de manera sostenible, algo que, según el economista, «claramente, eso todavía no está ocurriendo».
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