El caso de Brayan Rayo Garzón, un migrante colombiano que se suicidó en abril de 2025 mientras estaba bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (ICE, por sus siglas en inglés), ha vuelto a acaparar titulares, luego de que la agencia Associated Press revelara en una investigación que los suicidios entre los migrantes retenidos por el organismo están creciendo de una manera «alarmante».
El trágico evento también llamó la atención del presidente colombiano, Gustavo Petro, quien instruyó a la Cancillería de su país para que entregara una nota de protesta por lo sucedido e instó a Washington a «reflexionar» sobre las consecuencias de su controvertida política migratoria.
«Se suicidó un joven colombiano en un ‘campo de concentración’ de ICE del Gobierno estadounidense. Quería llamar a su mamá y no se le permitió. Decidió el suicidio. La Cancillería colombiana debe entregar nota de protesta y el Gobierno de EE.UU. debe reflexionar cómo la política de inmigración está matando a estadounidenses y a latinoamericanos», reza el mensaje que publicó en la red social X.
¿Qué pasó?
De acuerdo con los registros oficiales, Brayan Rayo estuvo cuatro días en aislamiento en una cárcel del estado de Misuri, tras haber sido capturado por el ICE. Su angustia empeoró porque, además de haber sido recluido intempestivamente en duras condiciones, lidiaba con síntomas de covid-19 y se pospuso la respuesta a la solicitud que interpusiera para recibir atención en salud mental.

Adicionalmente, se le prohibió contactar telefónicamente con su madre, bajo el argumento de prevenir la propagación de la enfermedad en el penal. En medio de su desesperación, escribió dos notas a mano a sus custodios para que le permitieran hablar con ella. Uno se apiadó. Recogió el trozo de papel y se alejó.
La nota decía: «Yo sé que tú tienes familia y sabes que ellos se preocupan por nosotros. Que Dios te bendiga». El agente, que solo habla inglés, usó un teléfono de un colega para traducir el contenido y escribió en su reporte que le daría seguimiento al caso.
No obstante, en menos de una hora, Brayan Rayo fue hallado inconsciente sobre la cama de su celda con una sábana alrededor del cuello. Recibió atención de emergencia y fue trasladado a un centro de salud, donde se determinó que su estado era crítico.

Un funcionario de la prisión llamó a Adriana Rayo, la madre de Brayan, para decirle que su hijo sería llevado en avión a un hospital de la ciudad de St. Louis. En el nosocomio le dijeron que había muerto. La autopsia estableció que se quitó la vida.
¿Muerte evitable?
El trabajo periodístico de AP, que cita registros de la penitenciaría, refiere que las autoridades demoraron 35 horas en realizarle a Rayo una evaluación médica que el ICE promete concretar en un plazo máximo de 12 horas.
En aquel momento, el migrante ya presentaba dificultad respiratoria y le refirió a una enfermera que se sentía ansioso. Sobre esa base, solicitó tratamiento para su salud mental. Empero, la profesional de salud –que no hablaba español– se valió de un «traductor de mano» para cumplir con el protocolo sanitario y concluyó que Rayo no había expresado pensamientos suicidas y que no presentaba ningún cuadro depresivo.
Pese a lo referido por el migrante colombiano, la enfermera recomendó que se le integrara a la población carcelaria general porque su condición física y mental eran estables. Además, tomó la decisión de derivarlo a una cita rutinaria de salud mental, sin considerar que él había manifestado sentirse ansioso. El protocolo del ICE establece un lapso máximo de una semana para acceder a los servicios de salud mental.

Dos días más tarde, Rayo acusó dolores en la cabeza y el cuerpo. Asimismo, el personal de la cárcel se enteró que había resultado positivo a la exposición del bacilo de la tuberculosis, lo que derivó en su envío a un hospital, donde se le diagnosticó covid-19. En cuanto a la cita de salud mental, se programó pero luego se canceló en dos ocasiones. La segunda vez se alegó como motivo el coronavirus.
Entretanto, Brayan optó por refugiarse en una llamada nocturna a su madre para aliviar su creciente ansiedad, pero al poco, ese beneficio le fue arrebatado. Al empeorar su estado por causa del covid, se le trasladó a una celda de aislamiento con cámara de vigilancia. El propósito era doble: mantenerlo vigilado más estrechamente y evitar la propagación del virus. Allí terminó con su vida.
Además de los fallos en los protocolos identificados por la agencia estadounidense, no ha quedado claro cómo un prisionero que estaba bajo vigilancia constante pudo cometer suicidio sin que nadie reparara oportunamente en la situación de riesgo.
De acuerdo con AP, desde enero de 2025, cuando inició el segundo mandato del presidente Donald Trump, al menos 10 detenidos, todos hombres, se han quitado la vida mientras estaban bajo custodia del ICE.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973
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