Bolivia atraviesa una profunda crisis económica y política, marcada por fuertes protestas que paralizan la nación desde hace tres semanas. El país sufre hoy el rápido agotamiento definitivo de su antiguo modelo económico, una realidad que se detalla en el trabajo de la periodista Mía Ríos, publicado en el diario Gestión de Perú.
La producción de hidrocarburos colapsó drásticamente y transformó a Bolivia de exportador neto de gas a un país importador. La aguda escasez de divisas extranjeras impide adquirir productos básicos esenciales, lo que genera enormes colas diarias para conseguir gasolina o diésel, una situación que frena dramáticamente la producción nacional y todo el comercio local.
El desabastecimiento de combustible daña los vehículos y afecta severamente a los transportistas. Eduardo Silva, director de La Razón, señala en el reportaje de Ríos para el diario Gestión: “Esto no solo es un número, es la realidad de personas que no pueden trabajar”.


Pérdidas millonarias y aislamiento de ciudades
Miles de vehículos permanecen bloqueados en las carreteras bolivianas. Silva explica en el citado trabajo de Gestión: “Miles de camiones están varados en las carreteras, lo que significa pérdidas diarias de más de 720.000 dólares”. El vital sector agroindustrial y exportador acumula daños económicos que ya superan los 718 millones de dólares.
Los cortes viales continuos convirtieron a ciudades como La Paz en verdaderas islas incomunicadas, lo que impide recibir atención médica oportuna. El director del periódico boliviano advierte con firmeza sobre esta tragedia en el reporte: “Una persona que muere porque no puede recibir ayuda médica es la consecuencia de que la protesta no tenga límites”.
Las personas más afectadas son indudablemente los trabajadores informales, los pequeños campesinos agrícolas y los enfermos crónicos. Silva reflexiona sobre esta grave injusticia social: “Es paradójico que los sectores que lideran los bloqueos tengan más capacidad de resistencia que aquellos que sufren las consecuencias. Esta es una asimetría brutal”. La nota resalta asimismo que quienes menos tienen sufren más el conflicto continuo. Silva añade: “Estas personas no tienen ahorros, no tienen otra forma de sustento y cada día de bloqueo es un día sin ingresos”.


Tensión militar y el gran vacío político
La crisis política también involucra activamente a las Fuerzas Armadas bolivianas. Silva analiza este complejo escenario militar: “Las Fuerzas Armadas están en una posición complicada: si actúan, pueden ser vistos como represores; si no actúan, el Estado pierde credibilidad”. Mientras tanto, diversos sectores exigen la renuncia presidencial inmediata.
Los movimientos sociales en las calles exigen firmemente la salida del mandatario Rodrigo Paz, pero carecen de programas claros de recambio. El periodista boliviano asegura: “La crisis muestra un gran vacío: hay más acuerdo en lo que no se quiere que en lo que se quiere”.
Los expertos advierten que cambiar repentinamente al mandatario boliviano no solucionará los conflictos. Silva lo resume magistralmente: “El problema es que la renuncia del presidente no resuelve la crisis económica estructural. Sin una propuesta sobre este fondo, cambiar de presidente es cambiar el tablero sin cambiar el juego”.


Inflación galopante y un difícil desabastecimiento
Buscando aplacar el descontento popular, el presidente Paz decidió recientemente reducir a la mitad su salario y el de sus ministros. La remuneración presidencial bajará hasta quedar aproximadamente en unos 1.800 dólares mensuales, con el objetivo de mostrar compromiso social y calmar la enorme tensión existente en las calles.
Simultáneamente, la inestabilidad política disparó la inflación anual del país, la cual cerró con una alarmante tasa de 20,4%. Finalmente, Silva concluye en el texto original publicado por Gestión: “Hay un aumento en los precios de los alimentos básicos en La Paz y El Alto. Esto se debe a las dificultades para abastecer”.
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