La nueva generación de multimillonarios tecnológicos está redefiniendo el lujo en la aviación privada, recoge New York Post. Aunque siguen comprando aviones privados Gulfstreams, prescinden de uno de sus símbolos clásicos: el auxiliar de vuelo.
«La estrategia para que su ‘jet’ parezca una herramienta y no un lujo es sencilla: llenarlo de empleados, cambiar al asistente por Starlink y pasearse recogiendo latas vacías de Coca‑Cola», explicó una fuente de Silicon Valley a New York Post. Volar privado, sostienen, es «transporte», no indulgencia, y se justifica como un requisito para agendas imposibles.

La estética es deliberadamente austera: se acabaron el champán y el caviar; ahora lo habitual es subir al avión con hamburguesas, ‘bagels’ o sándwiches. Un directivo relató la «disonancia cognitiva» de viajar en un ‘jet’ de más de 100.000 dólares por trayecto sin más oferta a bordo que agua y refrescos, y sin alguien que los sirva.
Para estos magnates, el coste no es el problema, ya que un asistente cuesta entre 100.000 y 120.000 dólares anuales. La ganancia más bien radica en la imagen. En un clima de creciente rechazo a la ostentación y de debate sobre la desigualdad, estos multimillonarios prefieren que su lujo sea volar tan a menudo en privado que el viaje deje de ser especial.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973
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