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Aranza de los Ángeles Hernández Castillo salió este viernes del centro de detención conocido como Las Crisálidas, en Los Teques, estado Miranda. Pero antes estuvo en la sede de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) en Boleíta, donde fue torturada física y psicológicamente desde el 21 de noviembre de 2025.
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Su único crimen era ser hermana del teniente Cristian Hernández, a quien no ve desde hace nueves años. Él había estado detenido en la cárcel de Ramo Verde, acusado de rebelión y traición, pero salió libre y pidió asilo en Estados Unidos.
Pero también detuvieron a su hermana Samantha, su primo Arialdo y su tío Henry. Su hermana salió también bajo medidas cautelares. Henry y Arialdo todavía permanecen en El Rodeo I.
“Por ser familia de un militar exiliado hoy viven la tristeza y la soledad tras aquellas rejas, con la esperanza de algún día salir de ese lugar y seguir peleando por cada uno de los presos políticos que todavía siguen tras las rejas”, recordó Aranza durante una entrevista con la periodista Maryorin Méndez.
Sus acusadores intentaron vincular a Aranza a tres casos abiertos por el chavismo pese a no tener pruebas en su contra: la Operación Oro, luego Granada Zulia y, por último, el Caso Plaza Venezuela.
“No entendía, y por más que trataba de armar el rompecabezas, no entendía, no me daba la pieza, nunca llegaba donde tenía que llegar, porque no había razones obvias para que el régimen me tuviera detenida, solamente sabía que era familia de un militar, y que ellos querían que yo les entregara a mi hermano”, explicó la joven.
“Estaba con mi bebé de cinco años en la casa. Entraron arbitrariamente a mi casa, la casa de Ruth, quien es la mamá de Arialdo, y en donde yo estaba viviendo en Maracaibo. Sin ninguna orden de aprehensión alguna, o sea, ellos simplemente me preguntaron si yo era la hermana de Samantha, y que yo tenía una entrevista con ellos y ya regresaba a casa. De hecho, Ruth me acompaña en el carro donde me llevan, pero ya después no la vuelvo a ver”, relató Aranza sobre el momento de su secuestro a manos de efectivos de la Dgcim.
“No sabía dónde me iban a llevar porque me decían que me iba a mi casa, o sea, y yo decía, bueno, pero ¿cuándo es que me voy a mi casa? Entonces, yo sentía que estaba pasando el puente sobre el Lago por las olas y el sonido de las juntas del puente, eso es muy particular para quienes somos de allá”, recordó la chica.
En la sede de la Dgcim en Boleíta “viví 15 días horribles, o sea, tortura psicológica, tortura física, porque con simplemente hecho de que me tenían con la cara tapada, sabiendo que yo era asmática, literal, era una asfixia lo que ellos me estaban haciendo”, lamentó Aranza.
“Me quitaron un momento la capucha para comer y pude observar el lugar donde estaba, literal, era un sótano, eso parecía como una perrera, porque era algo súper pequeñito y con cuatro rejas, yo sentía que era un perro en ese momento”, detalló.
“Solamente me preguntaban por mi hermano y que qué yo le había hecho a mi hermano, qué he mandado”, comentó Aranza sobre las preguntas que le hacían los uniformados.
“Créeme que, si no hubiese caído el presidente, todavía siguiera en las manos de la Dgcim, todavía siguiera en aquel lugar del cual la gente me decía que no iba a salir (…) pero, para la gloria de Dios, salí de aquel lugar, salí de aquella tiniebla, porque el enemigo no puede más que Dios”, sentenció.
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