El anuncio de la muerte de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias «Niño Guerrero», en una operación del Comando Sur de los Estados Unidos y fuerzas venezolanas, ha sido recibido con cierta cautela por la opinión pública.
A pesar de los comunicados oficiales emitidos tanto por la Casa Blanca como por la administración de Delcy Rodríguez, la ciudadanía exige evidencias que certifiquen el fallecimiento del líder de la banda delictiva Tren de Aragua durante un ataque cinético en el estado Bolívar. El hecho fue anunciado el 12 de junio.
La larga trayectoria de fugas y la poca credibilidad de las autoridades venezolanas alimentan la sospecha ciudadana: ¿realmente mataron al líder del Tren de Aragua?
A través de las redes sociales, los usuarios insisten en que los comunicados no son suficientes y demandan la publicación de peritajes científicos verificables para dar por cerrado el caso.
El Pitazo consultó a dos expertos sobre este tema para analizar el alcance real de las pruebas. Uno de ellos, el comisario Luis Godoy, exjefe de homicidios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), considera que el verdadero reto radica en el terreno y en la magnitud del ataque.
Godoy explica que, dada la magnitud del evento, el Cicpc —como el organismo de instrucción penal por excelencia en Venezuela— debe realizar un trabajo «especialísimo».
Esto pasa por el despliegue de un laboratorio móvil en el sitio del suceso para buscar meticulosamente cualquier rastro. El protocolo exige armar el rompecabezas humano recolectando huesos, dentaduras, cabellos y muestras de sangre con la presencia de antropólogos, anatomopatólogos y odontólogos forenses. Los investigadores trasladarán lo recuperado a la morgue del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) para iniciar el proceso definitivo de identificación por ADN.
Para el exjefe de homicidios, la clave para sepultar los rumores está en la pulcritud legal y el cumplimiento del Protocolo de Minnesota (el estándar internacional para investigar muertes potencialmente ilícitas).
Según Godoy, en este proceso deben estar los familiares del fallecido, la Fiscalía, un tribunal y la Defensoría del Pueblo para dar fe de la identidad. Además, recalca que toda la investigación previa —videos, fotografías e inteligencia— debería plasmarse públicamente, protegiendo a las fuentes, para demostrar cómo se determinó que «Niño Guerrero» estaba en ese lugar.
Al ser consultado sobre el impacto de la explosión y la posibilidad de que queden o no restos que permitan estas pruebas, el comisario advierte que el panorama técnico es sumamente complejo, sobre todo por la opacidad con la que el Gobierno maneja la información.
Godoy explica que un impacto de esta magnitud fragmenta el cuerpo y la deflagración (el fuego posterior) deteriora gravemente el material biológico. Lo que más resiste son los huesos, los dientes y los restos de sangre atrapados en el sitio, pero todo dependerá de cuántos grados de calor alcanzó el incendio. «Hay que ver la magnitud de la explosión para saber si quedaron restos que se puedan analizar», reitera.
Aunque el ADN es la prueba más certera del mundo, el comisario aclara que no se puede depender de un solo hallazgo, sino de una «multiplicidad de evidencias».
Del «Koki» al «Niño Guerrero»: los pranes de la era del chavismo
Para graficar la dificultad técnica de trabajar en este tipo de escenarios, el comisario Godoy recordó un trágico antecedente nacional: la explosión de un gasoducto en Las Tejerías (Aragua) que consumió, entre otros, un autobús lleno de pasajeros.
En ese caso, la destrucción fue tal que no quedaron restos biológicos aptos para pruebas científicas tradicionales. La identificación de un funcionario del Cicpc que viajaba en la unidad solo fue posible gracias a una chapa metálica de su credencial que sobrevivió quemada en un 80 por ciento.
El abogado penalista Joel García también considera que las informaciones oficiales no son suficientes, debido a la poca credibilidad que tiene el Gobierno. García explica que, en este escenario, científicamente hay diferentes formas de corroborar un fallecimiento, porque ante un caso de esta magnitud no bastaría con un simple reconocimiento de familiares o de testigos.
El experto señala que en la medicina forense existen los llamados «sistemas de identificación no rutinarios», los cuales incluyen la odontología forense, la antropología forense, las huellas dactilares y las pruebas de ADN.
El verdadero problema, advierte el abogado penalista, es que con el tipo de explosión que ocurrió en el lugar, es difícil que pueda quedar algún resto humano para poder practicar esas pruebas científicas.
Es por eso que García afirma que, sin un dictamen de tipo médico-científico, no basta con las declaraciones de la administración de Delcy Rodríguez, porque «muchas veces han mentido».
Ante la falta de un soporte técnico y médico, el abogado asegura que la ciudadanía tiene pleno «derecho a dudar».
La mirada puesta en Washington
A pesar de que el anuncio de la muerte de «Niño Guerrero» cuenta con el respaldo político del presidente de los Estados Unidos, los expertos coinciden en que la política no sustituye a la ciencia.
«Yo no creo que el presidente Trump esté mintiendo, pero eso no es fuerza de ley. Debería darse fe de que esta persona falleció, pero en Venezuela ningún organismo habla», sentencia el comisario Godoy, denunciando el hermetismo estatal.
Joel García tampoco cree que «la administración Trump se haya aventurado a eso». «Creo que ellos tuvieron que hacer labores de investigación previa para ubicarlo y proceder», acotó.
En medio de este contexto, García sugiere que la última esperanza de certeza recae en el Gobierno estadounidense.
«Hay que esperar para ver si ellos sustentan esto con otro tipo de información científica y luego nos digan a ciencia cierta si es o no es», apuntó García.
El espejo de Bin Laden
El comisario Luis Godoy trajo a colación el histórico caso de Osama Bin Laden para recordar que, a nivel internacional, la confirmación de estos grandes objetivos no se deja a la ligera.
Los registros de aquel operativo del 2 de mayo de 2011 demuestran que cuando se quiere acabar con las dudas, se aplica un protocolo extremo. En ese momento, el gobierno estadounidense no se quedó solo en la palabra de la Casa Blanca.
El Pentágono hizo pruebas de ADN comparando las muestras del cadáver con los perfiles de varios familiares de Bin Laden, lo que dio una coincidencia casi total del 99.9%.
Además, se utilizaron técnicas de reconocimiento facial computarizado para comparar los rasgos del cuerpo con fotografías conocidas del líder de Al Qaeda; midieron al pie de la letra la estatura del cadáver en el sitio y lograron que una de las esposas del terrorista identificara el cuerpo por su nombre durante la redada en Abbottabad.
Al final, la misma organización Al Qaeda cerró el ataúd de los rumores, cuando sacó un comunicado confirmando que su líder había muerto.
El «Niño Guerrero»: del silencio chavista sobre el Tren de Aragua a la confirmación de su muerte junto a EE. UU.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973