Caracas. El sonido de las sirenas no dio tregua este 25 de junio. Ambulancias, vehículos particulares y hasta unidades de transporte público llegaron de manera constante a los principales hospitales de Caracas con personas heridas tras los dos terremotos que se registraron en el país la tarde del 24 de junio.
Mientras los médicos intentan atender el flujo incesante de pacientes, en las afueras de los centros asistenciales se vive otra emergencia: decenas de familias recorren pasillos, preguntan nombres y revisan listas con la esperanza de encontrar a un ser querido.
A las 10:00 de la mañana del 25 de junio, el Hospital «Dr. Ricardo Baquero Gonzales», conocido como Periférico de Catia, ya era uno de los puntos de mayor recepción de lesionados. La mayoría provenía de La Guaira. En la entrada, el personal de vigilancia evitaba ofrecer cifras oficiales sobre heridos y fallecidos. Sin embargo, entre trabajadores del centro circulaba la estimación de que más de 300 heridos y al menos 8 fallecidos habían ingresado desde la noche anterior.
La escena se repetía una y otra vez. Ambulancias abrían paso entre familiares que aguardaban noticias y personas que llegaban con bolsas de agua, alimentos y medicamentos para quienes llevaban horas esperando información.
«Pensamos que no íbamos a salir de ahí»
En el Hospital Dr. Jesús Yerena, conocido como Lídice, una de las sobrevivientes intenta reconstruir las horas más difíciles de su vida.
Caridad Brito, habitante de Macuto, celebraba su cumpleaños junto a cinco familiares cuando comenzaron los movimientos telúricos. La reunión familiar terminó convirtiéndose en una carrera por sobrevivir. Desde el noveno piso del edificio donde se encontraba vio cómo la estructura cedía.
«Fue sorprendente la forma en cómo se fracturó el edificio. Quedamos cinco en un rincón», relató mientras esperaba recibir atención médica por raspones y golpes.
A su lado permanecía una de sus hermanas, mientras que la situación más delicada la enfrentaba su madre, quien permanecía en terapia intensiva hasta la mañana de este 25 de junio, luego de recibir múltiples golpes mientras intentaba proteger al resto de la familia.
Según recuerda, tras el colapso parcial de la estructura buscaron la manera de mantenerse con vida hasta que llegara ayuda.
«Nos montamos en una viga a pegar gritos para que nos sacaran porque pensamos en un momento que no íbamos a salir de ahí», relató al equipo de El Pitazo.
Las horas transcurrieron entre escombros, incertidumbre y llamados desesperados. No fue sino hasta las 2:00 a.m. cuando funcionarios del Cuerpo de Bomberos lograron rescatarlos.
«Los bomberos nos sacaron y luego vinimos al hospital», dice con la voz entrecortada, todavía intentando comprender cómo una celebración terminó convirtiéndose en una tragedia familiar.

La búsqueda en los hospitales
Mientras algunos pacientes lograban ingresar para recibir atención, decenas de personas recorrían hospitales preguntando por familiares desaparecidos.
En el Hospital de Lídice continuaban llegando personas provenientes de La Guaira, al tiempo que familiares consultaban listas improvisadas en busca de algún nombre conocido.
En el Hospital Dr. José Gregorio Hernández, conocido como Magallanes de Catia, trabajadores reportaron el ingreso de 35 adultos heridos y un niño hasta la 1:00 pm de este jueves.
Afuera, la mayor parte de quienes aguardaban no esperaba información médica sobre pacientes hospitalizados, sino noticias de familiares cuyo paradero aún desconocían.
La incertidumbre también se trasladó al Parque Alí Primera, en la avenida Sucre de Caracas. Allí comenzó a elaborarse un listado de personas desaparecidas. Familiares acudían con fotografías, nombres y números telefónicos, con la esperanza de reencontrarse con sus seres queridos. Hasta las 12:00 pm, ninguna persona procedente de La Guaira había llegado al lugar.
Hospitales bajo presión
El Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño, se convirtió en otro de los principales centros receptores de lesionados. Personal obrero, enfermeros y médicos trabajaban de forma coordinada para recibir a quienes llegaban sin descanso.
Aunque existía un registro con aproximadamente 160 nombres, trabajadores del hospital advertían que la cifra real podría ser mayor debido al constante ingreso de ambulancias y vehículos particulares con pacientes.
En los pasillos apenas había espacio para transitar. Camillas ocupaban áreas de circulación mientras nuevos pacientes eran evaluados apenas cruzaban la puerta de emergencias.
La situación no era distinta en el Hospital José María Vargas, en Cotiza. Allí se contabilizaban al menos 90 heridos y 6 fallecidos entre la noche del 24 de junio y la tarde del día siguiente. Incluso las edificaciones cercanas al centro asistencial presentaban daños visibles, una muestra de la intensidad del evento sísmico.
Más al este de Caracas, el Hospital Domingo Luciani, conocido como El Llanito, también enfrentaba una jornada de máxima exigencia. Más de 200 personas heridas habían ingresado desde que ocurrieron los terremotos. Muchos pacientes eran trasladados incluso en unidades de transporte público, utilizadas de manera improvisada para aliviar la presión sobre los servicios de emergencia.
La solidaridad frente a la tragedia
En medio del caos también comenzaron a multiplicarse los gestos de solidaridad.
Ciudadanos organizados acudieron a distintos hospitales con alimentos, agua potable, insumos médicos y bebidas para familiares que permanecían desde hacía horas —e incluso desde la noche anterior— esperando noticias.
Sin conocerse entre sí, muchas personas compartían botellas de agua, cargadores de teléfonos, alimentos y palabras de aliento con quienes atravesaban la misma incertidumbre.
Afuera de los hospitales no solo se libra la batalla por salvar vidas dentro de los quirófanos. También se enfrenta otra lucha: la de cientos de familias que esperan una llamada, un nombre en una lista o la llegada de una ambulancia que les permita confirmar que sus seres queridos siguen con vida.
Entre los pasillos repletos, las listas de desaparecidos y las ambulancias que no dejaban de llegar, Caracas se convirtió en el destino de quienes lograron escapar de la devastación en La Guaira y en el lugar donde cientos de familias comenzaron una larga espera marcada por la incertidumbre.

Entregan alimentos a familiares en el Hospital Domingo Luciani. | Foto: Mairen Dona
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973