🔴🔵 El miedo también duerme en las calles de Guarenas

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El asfalto aún parece temblar bajo los pies. Han pasado tres días desde el fatídico miércoles 24 de junio, cuando un doble sismo fracturó la normalidad en Venezuela, incluido el eje Guarenas-Guatire, y la incertidumbre sigue siendo la única constante. El equipo de Runrun.es se trasladó a la zona este sábado 27 de junio para constatar que, más allá de las grietas en el concreto, lo que está quebrado es el sosiego de sus habitantes.

En la Unidad Educativa Menca de Leoni, el bullicio escolar ha sido sustituido por el trajín de un centro de acopio. Allí se reciben y organizan los suministros que la ciudadanía dona con una generosidad que ha desbordado los pronósticos. Tras abastecer por completo los refugios locales de Guarenas y Guatire, el excedente se prepara para ser enviado a Caracas, desde donde se redistribuye a otros puntos críticos.

Durante el recorrido periodístico, las pantallas de los teléfonos móviles avisaron que las aplicaciones de detección sísmica dispararon una alerta preventiva sobre un nuevo movimiento telúrico en proceso, esta vez con una magnitud superior a cinco. En un segundo, el fantasma del miércoles regresó. Las palabras se cortaron, el pánico emergió y la gente corrió instintivamente hacia las áreas despejadas del patio de la escuela, buscando un cielo abierto que no les cayera encima. El sismo no pasó a mayores, pero dejó en evidencia que los nervios en Guarenas siguen a flor de piel.

Polvo sobre los hogares de Oropeza Castillo

La destrucción material tiene coordenadas definidas en la urbanización Oropeza Castillo. Los bloques del 5 al 9 exhiben las cicatrices del desastre, pero la peor parte se la llevaron las estructuras 7 y 8. En el bloque 7, la fuerza de los dos sismos fracturó severamente las paredes y terminó por hacer ceder las escaleras. El bloque 8 sufrió la peor parte: la mitad de su estructura de concreto se desplomó y aplastó los pisos inferiores. Lo que antes eran salas, cocinas, fotografías familiares y recuerdos, quedó reducido instantáneamente a una densa nube de polvo y un cerro de escombros.

La fortuna —o el milagro del desalojo a tiempo— quiso que no se registraran víctimas fatales en este punto, pero al menos 60 familias se quedaron de la noche a la mañana flotando en la deriva material. Hoy, un grupo de estas personas pernocta en las adyacencias de las ruinas, en vehículos particulares o en carpas endebles. La solidaridad vecinal les ha provisto de alimentos y artículos de higiene personal, pero el verdadero enemigo es el futuro inmediato.

Una de las mujeres afectadas resumió la angustia colectiva ante una pregunta implícita: ¿qué pasará el día después de mañana? ¿A dónde irán?

“Ellos, las autoridades, quieren que salgamos de acá, pero el problema es adónde. Necesitamos que nos reubiquen, o al menos, que nos censen, para saber si más adelante vamos a tener apoyo para una mejor vivienda, o saber qué va a pasar con esto, si se va a destruir, o si se volverá a construir acá mismo”, expresó con firmeza y angustia.

El silencio del desconcierto en el Nicolás León

Apenas a una cuadra de la zona del colapso, el Estadio Nicolás León ha cambiado los bates y las pelotas por un campamento de refugiados. Unas 40 familias, que agrupan a cerca de 135 personas, intentan reconstruir una rutina mínima entre las lonas. Al entrar al recinto, el silencio es denso. Hay una marcada reticencia a declarar por dolor, desconcierto absoluto y un miedo soterrado a las represalias: temen que, si alzan la voz para denunciar las condiciones, las listas oficiales los dejen fuera de alguna eventual ayuda.

“Yo sé que es tu trabajo, pero después de esto que nos pasó, no queremos ni hablar, uno todavía lo está pensando, ni siquiera sabemos qué es lo que queremos”, comentó un joven refugiado, resguardado junto a los suyos en el interior de una carpa.

Un adulto mayor, que aceptó romper el silencio, fue enfático al rechazar el destino de vulnerabilidad e incertidumbre al que históricamente son confinados los damnificados en el país: “Las autoridades quieren reubicarnos en una escuela y después removernos a un refugio. Nosotros no queremos eso”.

Mientras, las funcionarias de la policía del Municipio Plaza del estado Miranda —encargadas de custodiar la seguridad del estadio— precisaron que hasta la tarde de este 27 de junio la cifra total de personas afectadas por los sismos ascendía a 600.

Vigas expuestas y bolsillos vacíos

El panorama no mejora al recorrer la Urbanización Menca de Leoni. En los bloques 35, 36, 37, 41 y 55 hay daños de importancia. Los residentes de los apartamentos ubicados entre los pisos 1 y 5 del bloque 55 han tenido que abandonar sus espacios para pernoctar en el liceo Antonio José de Sucre, situado a media cuadra de la edificación dañada.

César Planchez es uno de los vecinos desplazados. Relata a Runrun.es la contradicción técnica en la que se encuentran: las brigadas de atención especial de la alcaldía y otros cuerpos de seguridad les han asegurado que ya pueden retornar a sus hogares porque supuestamente el edificio no corre riesgo de colapso. Pero la realidad intramuros los limita: el apartamento de Planchez, ubicado en el quinto piso, tiene daños en tuberías de aguas blancas y negras. El vecino precisa que concretar las reparaciones elementales le costará unos 2000 dólares.

Otras vecinas guiaron un recorrido por el bloque para mostrar con preocupación la preocupante exposición de vigas, cableados y tuberías en los apartamentos que se fragmentaron. Tienen miedo de volver, aunque les digan que la estructura es segura. A este temor se suma la desprotección institucional: “La alcaldía ya nos dijo que no hay real, que lo tenemos que hacer por nuestra cuenta”, indicó con amargura una de las residentes.

Por su parte, en el urbanismo Cloris II, el concejal Ingals Puerta aseguró que solo cinco apartamentos tienen daños estructurales, luego de que una brigada ejecutara una inspección. Pero los vecinos seguían en carpas por temor de retornar a sus hogares y ponían en duda esta inspección.

Los vecinos compartieron imágenes de los daños en sus viviendas y bloques e insisten en que no se sienten seguros de volver.

Reparar no es tan fácil

En el sector La Ribera de la urbanización Nueva Casarapa, el discurso oficial también decretó que la zona era segura para ser habitada nuevamente. El propio alcalde del municipio Plaza, Antonio Galíndez, caminó este sábado por las calles del sector para dar un parte de tranquilidad.

Las evaluaciones indican que, si bien existen en el interior de varios inmuebles y grietas visibles en las fachadas, estas afectaciones no comprometen la estructura principal. Sin embargo, la tranquilidad oficial choca con el bolsillo del propietario.

Un vecino buscó asesoría técnica independiente. Reparar los estragos que el doble terremoto dejó en su apartamento costará la suma de 5000 dólares. “Ya veremos cómo hacemos, la alcaldía informó que eso correrá por la cuenta de cada propietario”, comentó resignado.

Otros vecinos que aún estaban en carpas intentaron apelar al humor para enmascarar la angustia, comentando entre risas que ya le habían agarrado “el gustico” a vivir bajo la lona. Segundos después, la careta cae y reconocen que las ganas de seguir durmiendo en plena calle esconde el terror profundo a que la tierra vuelva a sacudirse.

La cartografía del daño en Guarenas se extiende por otras zonas populares y de clase media: el Bloque 18 de Terrazas de Vicente Emilio Sojo, la parcela 103 de Terrazas del Este y el barrio Bolívar en Las Clavellinas reportan, de manera combinada, afectaciones en viviendas individuales, colapsos en las escaleras comunitarias y fracturas en la vialidad.

El luto que llegó a Guatire

Mientras Guarenas lucha contra el temor y la falta de recursos para reconstruir, en el vecino municipio Zamora, en Guatire, se confirmó este sábado que la cifra de fallecidos a causa del doble sismo del 24 de junio ascendió a tres personas.

Las autoridades localizaron el cuerpo de quien podría ser Víctor Tovar, un ciudadano que quedó atrapado dentro de la infraestructura de la empresa Pinlacas, ubicada en el sector El Marqués, al momento en que se desataron los sismos. En dicha edificación se registró un incendio lo que provocó el posterior desplome completo de la estructura. Otro de los fallecidos fue un bebé en el sector Las Barrancas, al que le cayó una pared.

Más de 100 personas tuvieron que ser ingresadas de emergencia en el Hospital General Guarenas-Guatire por cuadros de traumatismos diversos, lesiones leves y fracturas óseas. La mayor parte de estos pacientes ya recibió el alta médica.

El alcalde Raziel Rodríguez dedicó la jornada del sábado a recorrer comunidades golpeadas como Las Flores y Las Barrancas, La autoridad municipal lanzó una advertencia urgente sobre la calle Miranda: un edificio de la zona se encuentra en riesgo inminente de ceder, por lo que solicitó formalmente a todos los guatireños abstenerse por completo de transitar por dicho sector, resguardando la vida ante una estructura que amenaza con seguir los pasos del desastre.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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