🔴🔵 el olvido y la ayuda comunitaria

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Van cuatro días tras el devastador terremoto que impactó Venezuela y arrasó buena parte de La Guaira. Miles de civiles, personal de rescate extranjero y efectivos de Protección Civil venezolana ya se encuentran en el sitio tratando de realizar labores de salvamento. Esa atención, fundamental para apoyar a todas las personas afectadas, lamentablemente no ha llegado a Carayaca, un pueblo que, poco a poco, empieza a responder con escasa o nula ayuda.

Llegar a Carayaca desde Catia la Mar es enfrentar el daño y las secuelas dejadas por el sismo: casas derrumbadas, miles de personas durmiendo en la calle, negocios saqueados y efectivos policiales y militares que, pese a estar en el lugar, se limitan a labores de control de tránsito.

Pero si se recorre más allá, se aprecia que el desastre no se limitó a la ciudad principal; más allá de Catia la Mar, en el sector Las Tunitas, las personas sufren por la falta constante de servicios públicos e insumos. La comida y el agua son una necesidad permanente.

En Las Tunitas, vía Catia la Mar – Carayaca, las personas piden agua y comida al lado del camino. | Foto: Abraham Tovar

Maris Valera, habitante del sector, se para junto a varias vecinas y algunos niños a hacer señas a los vehículos que pasan. Buscan, con un letrero improvisado, que los conductores se detengan y les brinden algún donativo.

“Estamos muy afectados, necesitamos pañales; estamos sin luz desde el día del terremoto. Necesitamos leche, agua potable. Estamos totalmente desasistidos, tenemos niños, personas encamadas. Estamos totalmente desasistidos desde aquí hasta Arrecife”, comentó la mujer con su niño en los brazos.

Su realidad, lamentablemente, no es única; un par de kilómetros más adelante, en Arrecife, la historia se repite.

María*, una mujer de la tercera edad que estaba sentada en una esquina junto con otros dos ancianos, hizo el mismo llamado: “Necesitamos comida. La luz va y viene, estamos abandonados, nadie ha venido a ayudarnos”.

La ruta hacia Carayaca está llena de viviendas a los lados de la carretera. La gran mayoría no presenta los daños estructurales severos que se aprecian en otros sectores de La Guaira, pero las necesidades de sus habitantes no dejan de estar presentes. Lo ausente es el auxilio por parte del Estado.

“Nada del gobierno ¿y para qué se van a presentar si tampoco sirven?”

Al llegar al pueblo de Carayaca, lo primero que uno encuentra es el complejo perteneciente a la Unidad Educativa Rafael Rangel, una escuela creada para los niños que, tras el sismo, perdió la mayor parte de su estructura. Aun así, es el lugar en el que algunas familias pasan las noches.

“Nosotros somos vecinos, nuestras casas están afectadas y la directora nos prestó este espacio para que podamos pasar las noches. Aquí estamos durmiendo como 50 personas. De día, la gente va a sus casas, pero para dormir, lo hacemos aquí”, comentó Carmen Mayora, una de las mujeres refugiadas en la escuela.

Pese a su realidad, tanto ella como Alexandra Camacho, otra de las desplazadas, destacan la ausencia casi total del Estado venezolano. Aseguran que solo las ayudas de particulares han llegado al sitio. Inclusive, relataron que el rescate de las personas y la recuperación de los cuerpos de las víctimas fatales fue hecho por los propios residentes de Carayaca.

“Aquí no hay autoridad. Las personas rescatadas y los cuerpos de los fallecidos fueron sacados por el trabajo de los vecinos, el pueblo colaboró. El gobierno como tal no está, esto ha sido puro pueblo”, contó Camacho.

Un perro duerme en la parte inferior de una edificación a medio colapsar en Carayaca. | Foto: Abraham Tovar

A pesar de la situación, personas como Carmen Mayora aseguran que están mejor sin la presencia del gobierno de Delcy Rodríguez; ella manifestó abiertamente su rechazo y molestia con el sector oficial.

“Aquí han venido unos extranjeros, luego unos muchachos de Caracas, otros de Tinaquillo. La gente colabora, pero son puros civiles. Nada de militares o gobierno y ¿para qué se van a presentar si tampoco sirven? ¿Para qué los queremos si lo que hacen es dañar donde quiera que llegan? ¿Tú crees que no es una vergüenza que los mismos policías anden robando?”, expresó airadamente Mayora.

La tragedia del abasto La Tenerifeña

Más adentro del pueblo de Carayaca está el lugar de la mayor tragedia producto del terremoto: lo que queda de un edificio que albergaba un supermercado El Rey y un abasto llamado La Tenerifeña.

El dueño del abasto, Mauro Perdomo, se encontraba dentro del local cuando el terremoto golpeó.

“Afortunadamente nos encontramos vivos. Este edificio era Residencias Da Silva, de cinco pisos; desafortunadamente murieron 11 personas. Nosotros, con suerte, pudimos salir con vida”, comentó Perdomo.

Él señaló que el proceso de rescate de los heridos y la recuperación de los cuerpos se hizo con los propios vecinos y algunos bomberos de la subestación que fue recientemente inaugurada. Sin equipos, Perdomo dijo que las personas “trabajaron con las uñas”.

“Muchas personas han venido a apoyar a La Guaira. Yo no tengo palabras para expresar lo que ha sido esta pérdida. Perder un amigo o un familiar es algo muy doloroso. Hago un llamado al ciudadano gobernador y al señor alcalde a abocarse no solo aquí, sino en todo el estado La Guaira para ayudar. No podemos cerrar las puertas a la ayuda”, explicó.

Estando en Carayaca, cualquier persona a la que se le pregunta por el terremoto hace referencia a esta tragedia. En un pueblo pequeño, hablar de 11 personas muertas, entre las cuales había una familia entera en el edificio, es un recuerdo doloroso.

Desde una iglesia, Carayaca busca cómo ayudar al resto de La Guaira

Carayaca necesita ayuda y presencia del Estado venezolano. Es un pueblo que no puede sobrevivir de la caridad de personas que, quizás, lleguen al lugar. Pese a esta realidad y a estar golpeado por la tragedia, lo más extraordinario es que la comunidad se está organizando para ayudar al resto de La Guaira.

Frente a la Plaza Bolívar está la Iglesia de la Parroquia San José de Carayaca. Allí, decenas de habitantes se movilizaron desde el sábado para recolectar ropa, comida y agua, todo con la intención de ayudar a su propia comunidad, pero también pensando en enviar insumos a La Guaira.

Jesús Miguel Da Silva, de 31 años, es uno de los voluntarios que trabaja incansablemente. “Desde el 25 decidimos reunirnos en la Plaza Bolívar para recolectar insumos para los afectados de la comunidad”, explicó antes de añadir que el esfuerzo no se detuvo ahí.

El templo de la Parroquia San José se convirtió en un centro de acopio para reunir insumos y mandarlos a otras zonas de La Guaira. | Foto. Abraham Tovar

“También pensamos en otras zonas y empezamos a recolectar para afectados en Catia la Mar, Macuto y Caribe. Ya hemos mandado tres camiones con diferentes cosas allá abajo (La Guaira). Es impresionante ver la cantidad de personas movilizadas. Sí, del pueblo, pero también de El Tigre, de Falcón, de Barlovento; hay dos muchachos que llegaron en moto, hay otras iglesias, personas de la Colonia (Tovar) y de El Junquito”, comentó.

Da Silva explicó que la comunidad está muy afectada, en especial por la muerte de algunos de sus miembros en La Tenerifeña.

“Este es un pueblo muy pequeño y nos conocemos todos, es una comunidad muy apegada. El edificio se cayó y muy pocos fueron rescatados con vida; una familia entera murió, incluyendo a la subdirectora del colegio San José. El pueblo está en duelo, pero sigue colaborando. A pesar del dolor, seguimos con la labor de ayudar. Sabemos que no podemos ayudar a todos, pero al menos ponemos nuestro granito de arena”, concluyó.

A pesar de haber sufrido daños en el propio pueblo, desde Carayaca buscan como ayudar a otras personas. | Foto: Abraham Tovar.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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