La lucha por el liderato de bateo en la Liga Americana ha reabierto un debate. Antes de la jornada de este jueves, apenas dos jugadores —Yandy Díaz y Yordan Álvarez, ambos cubanos— aparecen con promedio de .300 puntos.
Díaz, de los Rays de Tampa Bay y que ya tiene una corona de bateo en su currículum, marcha al frente con average de .329. Por su parte, el slugger de los Astros de Houston muestra .319. Ambos son, además, los únicos paleadores de la Americana con 100 imparables.
En el viejo circuito hay un poco más: siete peloteros bateando para .300. Una lista que también es corta y que está encabezada por Otto López y el venezolano Luis Arráez con .332 y ,329. Hay cuatro toleteros con por lo menos una centena de inatrapables.
En extinción
Desde hace un tiempo se ha estado hablando sobre que el beisbol ha cambiado. Que los bateadores de promedio son una especie en extinción. El proverbial contacto de Arráez, tres veces campeón bate en MLB pero que no ha visto en ello un aval para conseguir un contrato multianual, le ha subido decibeles a la discusión.
No es una situación nueva, pero sí parece ir agravándose con el paso del tiempo. No es un dato menor que han pasado 85 años desde que alguien bateó para .400 (Ted Williams, en 1941). Tampoco que en la temporada de 1968, conocida como “el año del pitcheo”, fueron seis los jugadores con average de .300 entre las dos ligas.
Pero, ¿qué motiva este escenario? Analistas de Grandes Ligas como Dennis Lin, de The Athletic, han estado buscando una respuesta. Todo apunta a un asunto económico. Ya se oyó una vez a Ronald Acuña Jr., el astro venezolano de los Bravos de Atlanta decir: “En las Grandes Ligas no pagan por dar rollings (roletazos)”.
En 2025 sólo hubo un bateador en la Liga Nacional que terminó sobre .300, el campocorto de los Filis de Filadelfia, Trea Turner, mientras que en la Americana fueron seis. Y Lin le preguntó en septiembre de ese año al entonces el mánager de los Padres de San Diego (y de Arráez), Mike Shildt, su opinión al respecto.
“Hay jugadores que podrían batear para promedio si realmente se dedicaran a ello”, dijo Shildt. “Pero la industria no lo valora ni lo fomenta, y parte de ese valor reside en su monetización”.
El mercado priva
Lo sabe bien Arráez, que ha vestido cuatro uniformes diferentes en sus ocho zafras de carrera en las Mayores y que no ha conseguido un contrato multianual pese a dar al menos 100 hits en siete de esas campañas para sumar 1.133 y tener promedio vitalicio de .318. Nunca se ha ponchado 50 veces en una temporada y promedia 40 abanicados por cada 162 juegos.
Aunque es usualmente comparado con un miembro del Salón de la Fama como Tony Gwynn, Arráez también recibe críticas. Ahora se le da mucho valor a tomar boletos y él es un hombre de hacer contacto. Tampoco da muchos extrabases y ya sabemos cómo se cotiza tener poder.
Por eso no recibió ofertas de extensión y en su primera oportunidad como agente libre firmó un contrato de un año con los Gigantes de San Francisco. Los rumores apuntan a que la mejor oferta que recibió el venezolano fue un pacto de dos temporadas.
Las Grandes Ligas llegaron a la mitad de la temporada regular y falta mucho por ver. Pero la tendencia apunta a que esta campaña tampoco tendremos muchos bateadores de .300 puntos y que, efectivamente, cada vez será más una rareza.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973