Una llamada telefónica alertó a Liliana Figueroa en Brasil que acababa de ocurrir un doble terremoto en Venezuela. Minutos antes ella había chateado con su hija María Angelina Guerra Figueroa, de 16 años de edad. De inmediato empezó a enviarle mensajes, pero estos no llegaban. Le escribió al papá de la adolescente, a los amigos, a la tía. Comenzó a ver las noticias, los videos. “Te podrás imaginar la desesperación”, dijo a RunRun.es
Un amigo fue quien le avisó que había reconocido el cuerpo del papá de su hija, Richard Abraham Guerra León, de 49 años de edad, entre los escombros de las residencias Solimar, en Los Corales, avenida La Costanera de La Guaira. Por un momento tuvo esperanzas de que su hija estuviese aún viva, porque a ella no la habían visto. Entonces los primos de una amiga de la joven le confirmaron que ambas estaban juntas y también habían muerto.
Ella tenía que ir a buscarla. No había vuelos así que abordó un autobús. En total fue un viaje de 40 horas interminables. Llegó a Caracas el sábado 27 de junio y estuvo en la morgue de Bello Monte, porque le dijeron que ahí habían trasladado a los fallecidos en el estado La Guaira. “Estuve ahí hasta medianoche y no los encontré”.
Al día siguiente, domingo 28 de junio, logró bajar a la Guaira y llegó a Los Silos, donde el Gobierno instaló una morgue improvisada. Ahí reconoció los rostros de María Angelina y Richard entre un grupo de fotos. Entonces le dieron dos números que les habían asignados a los cuerpos. “Abro las bolsas y no. Donde debería estar mi hija, que era el 212, estaba una señora mayor, y donde estaba el papá, el 216, una persona calcinada”, relató. Ahí revivió la angustia.
“Tuve que buscar con mi hermana entre más de 500 personas fallecidas, cuerpo por cuerpo”, contó.
La mayoría de los cadáveres estaban en un estado deplorable. “Mi hermana tuvo que estar metida en un container buscándolos”. Se hizo de noche y con eso fue más complicada la búsqueda. “Estas personas no tienen nada, no tienen lámparas, tuvimos que alumbrar con mi teléfono”, agregó. Al no encontrarlos, al día siguiente tuvo que repetir el mismo procedimiento. Tras esa jornada la atendió una funcionaria que señala como la directora del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf). La entrevistaron antropólogos y odontólogos forenses.
Al día siguiente volvió y miró más fotos que habían actualizado por el estado en descomposición de algunos cuerpos. Se volvió a encontrar a la funcionaria del Senamecf. “Mi hija usa ortodoncia. En el momento tenía un collarcito que no se lo quitaba. Mi hija usaba uñas acrílicas. El papá tenía una camisa de Venezuela y un short”, describió.
Liliana mencionó que conoció a un funcionario que la ha ayudado en todo este proceso y a quien catalogó como “un ángel”. Fue esa persona quién le dijo la noche del viernes 3 de julio que, según los códigos asignados, los cuerpos estarían en una fosa común en Los Teques. Ella aseguró que irá al lugar este sábado. “Esperemos que me los puedan entregar. Que ellos se vayan en paz, darles su último adiós”.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973