Los Llanos.- Ocho días después de las inundaciones que golpearon al municipio Unda, en la zona alta del estado Portuguesa, el desastre sigue presente en las calles, las viviendas y la cotidianidad de cientos de familias que intentan recuperar lo poco que les quedó, tras el desbordamiento de los ríos Negro de Chabasquén y Chabasquencito, así como de varias quebradas.
Aunque el nivel del agua descendió, el barro y los sedimentos aún cubren las calles y casas de comunidades como Los Bendecidos, El Puente y La Recta, estas últimas están unidas. En varios sectores permanecen vehículos dañados por la fuerza de la corriente, algunos con total pérdida, mientras los habitantes continúan retirando barro de sus casas y tratando de rescatar enseres, constató El Pitazo al recorrer la zona afectada.
En la comunidad Los Bendecidos, Eduard Pérez explicó que viven unas 300 familias. De acuerdo con el registro comunitario, al menos 80 perdieron prácticamente todos sus bienes y otras diez permanecen en situación crítica.
«Hay personas que perdieron camas, colchones, neveras, cocinas. Algunos lo perdieron absolutamente todo», relató.
«Perdimos años de trabajo y esfuerzo»
Aunque la mayoría de los habitantes regresó a sus viviendas para iniciar las labores de limpieza, muchas presentan daños estructurales que, aunque son reparables, representan un nuevo desafío para familias que también perdieron años de esfuerzo y de trabajo.
Pérez señaló que la magnitud de la vaguada fue inédita para la comunidad. «La corriente fue descomunal. Arrasó con árboles, paredes y todo lo que encontró a su paso. Nunca habíamos vivido algo así», recordó.
En su propia vivienda, ubicada junto al cauce del río, la fuerza del agua destruyó la cerca perimetral y obligó a toda la familia a refugiarse sobre la platabanda de la casa junto con sus animales.


«Gracias a Dios ocurrió de día. Y no hay pérdidas humanas, solo materiales. Aunque también estamos afectados psicológicamente. Para muchos, son años de trabajo y esfuerzo los que se perdieron», contó.
A pesar del impacto emocional y material, destacó que organizaciones no gubernamentales, iglesias y voluntarios han instalado centros de acopio para distribuir alimentos y trabajan en un censo para identificar a las familias que requieren colchones, colchonetas y otros artículos esenciales.
Las autoridades regionales y municipales mantienen maquinaria en la remoción de escombros, la canalización del río y la recuperación parcial de la vía principal.
Todavía sacando barro
Por otro lado, en sectores como El Puente, varios habitantes permanecen sin servicio de agua potable debido a la desinstalación de tuberías durante los trabajos de emergencia.
En la comunidad La Recta, el pastor Renzo Bastidas recordó que el agua llegó con piedras y sedimentos cerca de las 11:30 a.m.
«Le pedí a todos los que estaban en la iglesia que salieran inmediatamente. Vimos cómo la corriente tumbó puertas y paredes», relató.
En ese sector, 27 familias sufrieron pérdidas de enseres y bienes materiales. La iglesia evangélica también resultó afectada, al perder parte de su mobiliario y equipos de sonido. Una semana después, los vecinos continúan sacando barro. Les tocó abrir boquetes en algunas paredes para permitir la salida del agua acumulada.
Escuela sepultada
Otra de las consecuencias de la emergencia continúa afectando a decenas de niños. La Unidad Educativa Dominga de León, ubicada en el sector El Puente, sigue sepultada por cerca de metro y medio de barro y sedimentos, por lo que este lunes no pudo reiniciar las actividades escolares junto al resto de los planteles del estado.


Los salones, la biblioteca, la cancha deportiva y el área de educación inicial quedaron inservibles tras el desbordamiento de quebradas y cauces naturales ocurrido el pasado 28 de junio. Hasta ahora no existe información oficial sobre la reubicación temporal de los estudiantes ni sobre la reconstrucción de la institución.
«Desconocemos qué va a pasar con esta escuela. Las autoridades han venido al sitio, pero no hay una respuesta clara sobre el futuro de los estudiantes», manifestó Armando Barrios, vecino de la comunidad.
Daño en la vialidad
El panorama también preocupa por el deterioro de la infraestructura vial. En distintos sectores de la parroquia Peña Blanca, la troncal 007 permanece parcialmente interrumpida debido a deslizamientos de tierra y daños ocasionados por las lluvias.
Pedro García, habitante de Chabasquén, aseguró que en varios tramos son los propios vecinos quienes intentan restablecer el paso, utilizando herramientas básicas ante la ausencia de maquinaria pesada.
«La parroquia Peña Blanca está en una situación crítica. Necesita apoyo, maquinaria y un gobierno eficiente», expresó.


Advirtió que la interrupción de la troncal 007 afecta el traslado de productores agrícolas y dificulta el acceso a comunidades dedicadas al cultivo de café y cambur, además de profundizar el aislamiento de sectores rurales.
Los habitantes insisten en que la recuperación de esta vía es prioritaria para restablecer la comunicación con otras comunidades del municipio y con el estado Lara.
Donaciones requerida
La ayuda humanitaria continúa llegando a Chabasquén a través de particulares y de organizaciones como la iglesia católica, que se ha convertido en uno de los principales centros de acopio para recibir y distribuir donaciones entre las familias afectadas.
Voluntarios informaron que, por ahora, la mayor necesidad es de colchones, alimentos no perecederos, productos de higiene personal y artículos de limpieza para las viviendas. Precisaron, además, que ya cuentan con suficiente ropa.
Por ahora los vecinos esperan que las máquinas continúen removiendo sedimentos y se realicen los trabajos de canalización del río y el embaulamiento de la quebrada del sector El Puente. Para ellos, en Chabasquén la emergencia aún no ha terminado, en sus casas y vidas, sus consecuencias siguen presentes.
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