Lapatilla

Robert F. Bukaty (AP Photo/Robert F. Bukaty)
En la intersección de las calles Hill y Pool aún no se ha borrado la sangre de Johan Sebastián Durán Guerrero, el colombiano de 26 años que murió por los tiros de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por las siglas en inglés) el lunes pasado en la ciudad de Biddeford, en el Estado de Maine. En el asfalto, pintado con tiza, se puede leer “This is blood (esto es sangre)”, al lado de las manchas que tiñen la calle. En la esquina, los vecinos han montado un altar. Flores, carteles contra el ICE y mensajes de cariño para la víctima -quien deja una mujer y una niña de tres años- muestran la indignación de una comunidad que cree que la muerte de Durán Guerrero debía haberse evitado.
Por elpais.com
Poco después de las siete de la mañana del lunes, el joven colombiano salía de su domicilio, que había estado vigilado por los agentes migratorios, para ir a trabajar. El encuentro resultó mortal y las incógnitas de qué ocurrió siguen consternando a la población de esta pequeña ciudad en la que predomina la clase trabajadora.
La información oficial tardó horas en comunicarse y aun así hubo contradicciones sobre si Durán Guerrero era la persona tras la que iba el ICE o no. Una amiga del fallecido contó al medio local Portland Press Herald que el colombiano estaba pagando el Kia que conducía, el cual estaba registrado a nombre de otra persona. Ella sospecha que los agentes buscaban al dueño del vehículo.
Tres días después, los hechos siguen sin esclarecerse. La versión del Departamento de Seguridad Nacional, del que depende el ICE, es que el agente que disparó los tiros mortales lo hizo por sentirse amenazado. Pero, como ocurrió con las muertes de Renée Good y Alex Pretti en Minneapolis en enero y, la semana pasada, la de Lorenzo Salgado Araujo en Houston, la versión ofrecida por las autoridades difiere de la que han aportado los testigos.
“Esposaron a un muerto”
Corey Poulin recibió una llamada de la policía tres minutos después de que falleciera Durán Guerrero. Su tienda de empeño conecta con una lavandería, que son los dos negocios que se ubican en el cruce donde falleció el colombiano. Los agentes no llevaban cámaras corporales y le pidieron la grabación de la cámara de su tienda. “Se puede ver el coche dando vueltas en la intersección y luego cómo una Ford Explorer blanca embistió al vehículo para detener su giro. Vimos que sacaban a la persona del coche y la esposaban, pero creo que para entonces ya era un cadáver”, cuenta a este periódico. “Cuando sacaron el cuerpo del coche, cayó de golpe contra el suelo. La cabeza, la cara… todo. Esposaron a un muerto”, agrega.
Durán Guerrero vivía a pocos metros del lugar donde falleció. Los vecinos le recuerdan como un joven amable que vivía junto a su mujer y una hija de tres años, que ahora se ha quedado huérfana. “Solía venir aquí a lavar la ropa con su hija. No lo conocíamos personalmente porque no hablaba nuestro idioma”, explica Poulin. Durán Guerrero trabajaba como repartidor de DoorDash y se encargaba de la limpieza de una clínica veterinaria para sacar adelante a su familia, un perfil que no concuerda con los delincuentes peligrosos que la Administración de Donald Trump asegura que el ICE está deteniendo.
Afuera de la tienda de empeño, un cartel exhibe una pancarta en la que se lee una encuesta: “Nuestro presidente es: A. Fascista; B. Violador; C. Pedófilo; D. Todo lo anterior”. La letra “D” está marcada.
Más carteles apoyados en la pared de la acera de enfrente conforman el pequeño homenaje que los vecinos han levantado en el lugar donde ocurrió el suceso. “Johan Sebastián Guerrero importa”, “Somos mejores que esto” y “Chinga la migra”, son algunas de las frases que se mezclan con fotos y dibujos dedicados al colombiano fallecido. Las personas se acercan para dejar flores o, en palabras de una mujer que no quiere dar su nombre, “para honrar al muerto”. No es vecina de Biddeford, reside en Connecticut, y es una de las turistas que llegan a esta región costera para disfrutar del mar en pleno verano. No esperaba que una tragedia así ocurriera en sus vacaciones.
“Si no hay entrenamiento, si no hay límites en su comportamiento (del ICE)… No conozco todos los detalles de lo que pasó, porque no llevaban cámaras, pero no creo que nadie merezca morir al final de esa interacción. Encontrar la muerte cuando vas conduciendo tu coche al trabajo en un pueblo tan tranquilo, tan pacífico. ¿De dónde viene esta violencia? ¿Por qué?”, se preguntaba visiblemente emocionada.
La necesidad de recurrir a la grabación de Poulin no habría pasado si los agentes llevaran cámaras corporales, como el Departamento de Seguridad Nacional se comprometió a hacer meses atrás. “Es inaceptable, dada la cantidad de dinero que se destina a esa agencia. El presupuesto del departamento de policía de Biddeford es inferior a 10 millones de dólares y nosotros somos capaces de ofrecer eso. ¿Por qué el Gobierno federal no lo hace?”, critica Liam Lafontaine, el alcalde de Biddeford en declaraciones a EL PAÍS.
“Exijo una investigación exhaustiva, transparente y completa, y solicito que los principales responsables de las fuerzas del orden sigan participando en ella, ya que necesitamos una investigación justa e independiente. La familia merece justicia, y nuestra ciudad también”, manifiesta Lafontaine. El alcalde ha estado en contacto con la gobernadora de Maine, la demócrata Janet Mills, y los senadores del Estado, el independiente Angus King y la republicana Susan Collins, que han pedido en Washington una investigación transparente y que incluya a las fuerzas del orden estatales.
Lafontaine celebró que el ICE anunciara el martes que se interrumpían los controles de tráfico que hacía para detener a migrantes, en respuesta a las dos muertes ocurridas en menos de una semana. “Estas detenciones de tráfico son peligrosas y las tácticas que emplea el ICE no son seguras. Desde luego, no hicieron que Biddeford fuera un lugar seguro el lunes por la mañana”, sostiene.
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