
La historia de los últimos 29 años en Venezuela no es una crónica de resiliencia; es la bitácora de un crimen cometido contra la esperanza de toda una nación. Nos han vendido la idea de que ser resilientes es una medalla al mérito, cuando en realidad ha sido nuestra forma de sobrevivir al secuestro sistemático de nuestra dignidad, de nuestra sangre y de nuestro futuro.
1999: La herida original El deslave de Vargas fue solo el preludio del desastre que comenzó cuando un resentido social se instaló en Miraflores. Allí comenzó la ruptura de nuestros valores. No podemos mirar esto como un fenómeno aislado, sino como una lección sobre cómo la democracia más sólida, cuando se deja desguarnecida ante el fanatismo maquiavélico y el personalismo de enfermos mentales, vacía el propósito fundamental de un país: el Bien Común y el respeto a la dignidad humana.
Nos vendieron una constitución como promesa de redención mientras iniciaban el saqueo a las arcas públicas y se consolidaba la penetración cubana en nuestras fuerzas armadas, contaminando la lealtad de nuestros soldados con una doctrina ajena. En esos años, viví junto a mi familia mi propia tragedia con el secuestro y asesinato de un pariente; allí comprendí que la verdadera justicia es la de Dios, pues los hombres sin valores tienen precio, y la justicia empezó a mostrar su lado oscuro.
2004: La ceguera económica El control de cambio no fue una medida técnica, fue una venda bien planificada sobre nuestros ojos para que, mientras el venezolano hacía colas para adquirir lo mínimo, los gobernantes se repartían la riqueza nacional.
2009: La siembra de la miseria Las expropiaciones fueron el asesinato del esfuerzo del trabajador agrícola. El sistema convirtió la precariedad en su herramienta de control, despojando a quienes nos proveían de alimento y dejando devastados nuestros campos.
2014-2015: El asesinato del futuro Nuestros estudiantes salieron a gritar libertad y fueron masacrados. Conocí a muchos de ellos; algunos sobrevivientes cargan hoy con cuerpos mutilados y espíritus fracturados. Como educadora, llevo el duelo de mis muertos y de los sueños silenciados por la tortura y LA MUTACION de los 4 pilares que sustentaban a nuestro país: la estructura democrática y el equilibrio de nuestra amada Venezuela me refiero.
Para recordar al poder Legislativo: Creador de leyes en la voz de la ciudadanía que lo elegia sin trampas, diputados y parlamentarios.
Poder Ejecutivo: responsables de la administración de la política interna y externa del país.
Poder Judicial: Garante del estado de derecho de los ciudadanos y el Poder Electoral o ciudadano MORAL, que debe velar por la trasparencia de los procesos electorales y la voluntad popular.
2019-2020: El desmembramiento la crisis humanitaria forzó a millones a salir del país. No como antes, cuando los becados salíamos a estudiar y regresábamos fortalecidos; ahora, cerca de 7.9 millones de venezolanos han migrado lacerados por la angustia y la miseria, pateando rutas desgarradoras como el Darién. El país quedó habitado por hogares fracturados y abuelas desesperanzadas. No existe una sola familia que no tenga a sus hijos o hermanos “despatriados”, y nosotros, los que aún estamos aquí, somos familias vacías esperando un abrazo a miles de kilómetros.
2026: La tragedia de los sismos y la fractura actual Hoy, la Venezuela real es la de los amputados, la de quienes enfrentan el duelo tras los sismos del 24 de junio. Mientras las cifras oficiales son opacas, organismos como la ONU estiman más de 50.000 desaparecidos y la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), vinculada a las Naciones Unidas, reporta más de 6,7 millones de personas afectadas.
El sincretismo como identidad Enfrentamos el desafío de restaurar nuestra identidad, una mezcla de fe cristiana, tradiciones indígenas y saberes africanos. El venezolano suele encontrar a Dios en lo cotidiano; nuestra fe no es de templos cerrados, sino una fe vivida que permite que la esperanza florezca en los escenarios más desolados. Existe una dualidad en nuestro carácter: un fatalismo que, lejos de ser rendición, es una forma de gestión emocional. Al entregar lo incontrolable a una fuerza superior, liberamos energía para enfocarnos en lo que sí podemos hacer.
El nuevo sol Hoy el desafío es reconstruir. La fe se traduce en solidaridad; cada uno aporta lo que puede. En mi caso, tengo casi listo un programa para niños, adolescentes y adultos: “Nace el sol”, diseñado para sembrar esperanza.
Miramos el horizonte político, donde María Corina representa una luz, tratando de comprender una geopolítica que parece sorda a nuestra realidad. Aunque nos sintamos solos, les repito: refugiémonos en la fe, esto también va a pasar. No juzgo a los hombres por sus intereses, los observo; el juicio es un error de quienes no conocen el alma ajena. El único juez es Dios.
Agradezco a La Patilla y a la gestión del Ing. David Morán por ser un espacio donde puedo convertir mis emociones en letras y tratar de educar. Como decía Sócrates: “Una vida sin examen y sin misión de servicio, no merece ser vivida”.
El nuevo sol no llegará solo de afuera; se está gestando en la resiliencia silenciosa, en la solidaridad de nuestra diáspora y en nuestra inquebrantable decisión de seguir siendo una nación capaz de levantarse.
Rosa María López de Marín
Docente y Terapeuta
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973