La etapa que se abre no debe leerse como una transición democrática en curso, sino como una transición administrada por partes, donde Estados Unidos gana capacidad de tutela, pero no de conducción política interna; mientras el chavismo conserva el mando real del país, aunque con más restricciones que antes.
Dicho de forma directa: el chavismo está hoy más fuerte que el 3 de enero, aunque más limitado. Más fuerte, porque sigue controlando el territorio, la coerción, la administración y la capacidad de veto; más limitado, porque depende más que antes de una arquitectura externa que le da oxígeno, recursos, interlocución y tiempo.
Ese es el punto de partida correcto para leer lo que ocurre. No hubo reemplazo real del poder, sino reconfiguración del tablero. Y en esa reconfiguración, Washington parece haber optado por una lógica de administración del problema venezolano, y no por una lógica de resolución democrática del conflicto.
1. Qué cambió realmente
Lo nuevo no es que haya diálogo. Lo nuevo es el tipo de diálogo, el formato del interlocutor y el objetivo operativo del diseño. La mesa alrededor de Dinorah Figuera no aparece como una reedición simple de los diálogos del pasado, sino como una versión más sofisticada, más segmentada y más funcional al mantenimiento del statu quo. Arrancan en un plano en el que chavismo se sienta a esa mesa con más poder que en diálogos anteriores.
La reunión de Dinorah Figuera con Jorge Rodríguez en Caracas y la instalación de una mesa técnica y política paritaria quedaron reportadas en medios abiertos como parte de una agenda de hitos y cronogramas para una supuesta transición, luego de una invitación del Departamento de Estado y bajo una lógica institucional explícita.
Eso confirma algo central: la nueva mesa no nace desde la oposición con mandato popular, sino desde una arquitectura tutelada y jurídicamente útil para Washington. Y eso ya la distingue del centro de legitimidad política interna, que hoy sigue estando del lado de María Corina Machado.
2. De Oslo a Figuera: evolución de un método para eternizar al chavismo
En Oslo, Barbados y México, el chavismo negociaba con una oposición políticamente reconocible, con representación unitaria y con un objetivo central explícito: condiciones electorales competitivas y una salida a la usurpación. En esos esquemas, el oficialismo intentaba ganar tiempo, sí, pero lo hacía desde una posición más defensiva y bajo mayor presión.
En la etapa del 1ro de agosto, el diseño parece distinto; el sujeto opositor ya no es la conducción política con mayor legitimidad social, sino una figura jurídicamente útil, institucionalmente manejable y desconectada del centro de gravedad de la movilización interna; el mediador ya no es un conjunto de garantes más o menos neutrales, sino una combinación de tutela estadounidense formal y canales paralelos de realpolitik.
La diferencia decisiva es esta: Oslo, Barbados y México eran mesas para negociar una salida; la del 1 de agosto se parece más a una mesa para administrar una transición por partes, donde se separan activos, garantías, cronogramas, narrativa y seguridad, impidiendo que todo eso se unifique en un solo mandato político. Y que le “regala” al chavismo una igualdad que no tiene ni se merece… poner a una organización criminal con extensión internacional, con una democracia esperada, y sin siquiera sentar a esa mesa a quien debería estar encabezándola, que es María Corina Machado.
Por eso no es “más de lo mismo”: Es peor en un sentido estratégico: no busca solo dilatar, sino institucionalizar la dilación, lavándole la cara al chavismo.
3. El rol de Dinorah Figuera
Dinorah Figuera no debe leerse como una líder de reemplazo con fuerza propia, sino como la titular de una estructura jurídica que conserva utilidad operativa para Washington por su relación con la AN2015 y con la cadena de activos externos bajo CAPA.
Esa utilidad explica su centralidad táctica, pero no le otorga centralidad política. Su función hoy parece ser la de pieza de administración y equilibrio dentro de una arquitectura que, precisamente por estar diseñada para evitar rupturas, termina desplazando a quien sí tiene la legitimidad popular y electoral de fondo.
Aquí aparece el punto político clave: en una democracia, o en un contexto de legalidad mínima, una posición de equilibrio institucional puede ser una virtud. En una dictadura salvaje, después de 27 años de destrucción sistemática del tejido social, económico e institucional, esa misma posición deja de ser prudencia y pasa a ser funcionalidad. Quien juega al equilibrio en estas circunstancias no amortigua el conflicto: refuerza a la dictadura.
Por eso, si Dinorah quiere salir del rol de pieza utilizada por ambos lados, su única opción políticamente consistente sería romper el libreto que le asignaron, y juramentar a Edmundo González Urrutia como expresión de la legitimidad sustantiva del mandato opositor, dejando atrás la ficción de una neutralidad institucional que solo tiene sentido donde existen reglas, no donde manda una estructura criminal de poder.
Mantenerse en la tesis de “equilibrio apolítico” implica, en la práctica, aceptar que la misma estructura que destruyó al país sea parte administradora de la reconstrucción. Y ese no es un equilibrio: es una forma elegante de capitulación. La neutralidad de Figuera, termina siendo una complicidad funcional, independientemente de que responda a los requerimientos operacionales de Washington.
4. El problema de fondo
El principal riesgo del diseño actual es que produzca una transición sin quiebre, es decir, un cambio de forma con continuidad de fondo. Eso sería funcional para los actores que priorizan estabilidad táctica, pero no para una reorganización real del país.
También existe el riesgo de que la reconstrucción material quede separada de la reconstrucción institucional. Si la ayuda, los fondos y el alivio de sanciones no se enlazan con justicia transicional, reordenamiento de seguridad y salida de los responsables más comprometidos, la arquitectura nueva solo administrará la misma dominación con mejor empaque.
MCM sigue fuera del juego interno no porque haya perdido legitimidad, sino porque no fue incorporada a los canales que hoy procesan las decisiones sensibles. Y la única manera de alterar eso es auto involucrándose, desplazando el eje de la conversación o forzando a los demás actores a reconocer que la legitimidad de origen sigue estando de su lado.
5. Qué parece buscar Estados Unidos
La información disponible en este espacio y en fuentes abiertas sugiere que la prioridad inmediata de Washington no estaría centrada en la democratización integral del país, sino en la administración de una transición controlada, con interlocutores que no alteren abruptamente el equilibrio de seguridad ni el manejo de activos, energía y estabilidad regional.
La propia arquitectura descrita en las columnas que he venido compartiendo presenta a Figuera como una solución útil para resolver temas técnico-legales, mientras la conducción política de fondo queda mediatizada. Además, la existencia de una mesa técnica paritaria con Jorge Rodríguez y el planteamiento público de Arias Cárdenas para negociar directamente con Machado muestran que el chavismo explora varios carriles a la vez, sin renunciar al control del proceso.
La lectura estratégica, entonces, es dura pero consistente: Estados Unidos no estaría apostando hoy a desalojar al chavismo del poder de una vez, sino a mantener a alguna variante del chavismo al frente del aparato mientras administra la situación en sus propios términos. Eso puede servir a su plan; para Venezuela y su diáspora, en cambio, puede resultar catastrófico, prolongando una estructura de destrucción con nuevo empaque.
Si Maduro se hubiera prestado a los manejos a los que hoy se presta Delcy, seguramente hoy no estaría preso; pero la soberbia lo superó, y ahí está… Dinámica que no afectará de la misma forma a Delcy Rodríguez, quien opera bajo el entendimiento de que su sostén interno es Diosdado Cabello, y su interlocución externa es el binomio Trump-Rubio.
Por eso, si la carga del conflicto supera la resistencia de la estructura, la sustitución de Rodríguez como segundo fusible operativo es un escenario previsible dentro de la lógica de reemplazos del chavismo 3.0. Y EEUU negociará directamente con Diosdado o con quien él indique… Porque lo que él necesita como verdadero jefe de la revolución, son fusibles que vayan saltando a medida que la carga supera las capacidades de resistencia. Ya saltó fusible 1, y ahora, perfectamente podría saltar fusible 2.
6. El efecto político de los terremotos
Otro punto clave es que el chavismo parece haberse descargado parcialmente de la crisis humanitaria derivada de los recientes terremotos, al transferir parte del costo, de la visibilidad y del reconocimiento hacia Estados Unidos. Washington aparece asociado a ayuda, tutela y presencia; mientras tanto, el chavismo retiene el control territorial y evita pagar todo el precio interno de la catástrofe.
Eso no significa que haya perdido poder, sino lo contrario: logró desprenderse de una parte del peso de la emergencia sin entregar el mando del país real. Es una operación políticamente eficaz: otros cargan con el esfuerzo visible, mientras el poder efectivo sigue donde estaba.
Pero ese diseño tiene límite. La ayuda externa puede contener, ordenar o enfriar; no reemplaza legitimidad ni reconstruye confianza popular. Y en Venezuela hoy hay agradecimiento hacia los estadounidenses por ciertos movimientos, pero también una desconfianza creciente respecto de sus verdaderos objetivos.
7. La calle como factor de ruptura
El gran problema de toda esta arquitectura es que supone y asume que el pueblo seguirá esperando. Y esa es, probablemente, la apuesta más riesgosa del momento.
Si la sociedad vuelve a la calle de forma masiva, la lógica del tablero cambia por completo. En ese caso, el control posible tendería a reducirse a dos opciones reales: o represión por parte del chavismo, o conducción política por parte de la única figura que hoy conserva confianza popular suficiente para ordenar esa energía, que es MCM.
Y ese escenario ya no debe tratarse como extremo; las señales que vamos recibiendo ya plantean que la calle es el talón de Aquiles estructural del diseño actual y que, ante un levantamiento popular o una movilización de gran escala, toda la arquitectura de bypass, equilibrio y administración técnica perdería validez material y política.
Aquí aparece también la gran duda sobre Washington, pues, dados los apoyos públicos dados a Delcy, no está claro cómo reaccionaría ante un levantamiento popular real. La hipótesis más razonable es que no acompañaría financieramente una represión abierta de Delcy Rodríguez; pero el problema es que la opacidad del diseño actual obliga a dejar espacio a la duda, y esa duda, por sí sola, ya erosiona la confianza política interna hacia Estados Unidos.
8. El regreso de Machado y la dinamita en el laboratorio
Si la calle es el talón de Aquiles de la arquitectura Washington-Miraflores, el regreso físico de María Corina Machado a la escena pública central es el catalizador que acelera ese quiebre. Este movimiento no puede leerse bajo la óptica tradicional del simple activismo político; es la irrupción de un vector no lineal que altera las premisas de los diseñadores del bypass institucional.
Mientras la mesa del 1ro de agosto opera en la estratosfera técnico-legal de las firmas y la custodia de activos, la presencia de Machado en el terreno devuelve la conversación al plano de la legitimidad sustantiva de origen.
El impacto estratégico de su retorno se despliega en tres dimensiones operacionales:
- Desmitificación del equilibrio: Su sola presencia en el debate público doméstico fuerza a Dinorah Figuera y a la vieja guardia de los partidos tradicionales a justificar ante el país por qué sostienen una tesis de “neutralidad institucional” que los hechos ya han rebasado.
El retorno de Machado polariza el escenario entre la capitulación cosmética y la ruptura legítima, estrechando el margen de maniobra para quienes pretendían cohabitar pacíficamente bajo el ala estadounidense.
- Presión sobre la cadena de mando coercitiva: Para el esquema de control que pretenden Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello, el regreso de Machado reactiva el dilema del costo de represión. El régimen ya no compite contra un cascarón parlamentario en el exilio, sino que compite contra la fuerza de gravedad de la única figura con capacidad de convocatoria masiva interna, obligando a los mandos medios militares a recalibrar su lealtad ante un eventual desborde popular.
- Desarticulación de la agenda de enfriamiento: El horizonte de diciembre de 2026, diseñado en los pasillos de Washington para dilatar el conflicto, pierde viabilidad en la medida en que Machado capitalice el descontento en el cortísimo plazo. Su retorno reintroduce el sentido de urgencia electoral y política que el laboratorio del 1ro de agosto intentaba adormecer. En definitiva, el regreso de Machado demuestra que se puede simular una transición por partes en los papeles, pero en la superficie del país real, la legitimidad sigue teniendo un solo centro de gravedad
9. Escenarios actualizados
La irrupción de MCM le induce una cuota de legitimidad en el terreno, desarticula la linealidad del laboratorio internacional y obliga a replantear el mapa del desenlace. Las fuerzas en pugna ya no se mueven en un vacío burocrático; sino que la fricción entre la ingeniería del bypass exterior y la presión social interna redefine las probabilidades del conflicto, las cuales se sintetizan en tres vectores estratégicos de cara al cierre del año:
Escenario 1: Ruptura institucional con legitimidad (juramentación de Edmundo + rol activo de MCM): 35%
Este escenario exige que la legitimidad popular deje de estar al margen de la operación y pase a organizar el proceso. Para eso, Dinorah tendría que abandonar el rol de equilibrio, juramentar a Edmundo y facilitar una convergencia operativa con MCM. Sería la única manera de convertir una estructura jurídica útil en una palanca de ruptura y no en un amortiguador del régimen.
Escenario 2: Administración prolongada del statu quo con maquillaje transicional: 35%.
Aquí la mesa del 1 de agosto funciona como un laboratorio político de enfriamiento. Hay cronogramas, hitos, lenguaje democrático, administración de activos y promesas de reconstrucción, pero sin transferencia real del poder. Es el escenario más coherente con la lógica actual de Washington y con la habilidad chavista para ganar tiempo sin ceder mando.
Escenario 3: Levantamiento popular con ruptura del diseño externo-interno: 30%.
Washington debería temerle a este escenario, porque la calle no es transaccional; la calle dinamita los acuerdos de pasillo y las promesas de estabilidad energética. Si el pueblo dice basta y sale a la calle, las mediaciones pueden ser barridas por la realidad. En ese caso, la represión chavista o la conducción de MCM serían las dos fuerzas reales de ordenamiento, y la arquitectura tutelada de equilibrio quedaría sobrepasada por los hechos.
Los porcentajes anteriores no son predicción matemática, sino una síntesis de probabilidades condicionales dadas las fuerzas en juego hoy. Los porcentajes de los escenarios (35% – 35% – 30%) reflejan un tablero estancado donde la inacción condena al país al Escenario 2, que es la cronificación del chavismo cosmético.
Si en las próximas semanas Dinorah se mueve hacia la juramentación de Edmundo, el Escenario 1 subiría rápido; si, por el contrario, la mesa del 1 de agosto se consolida con apoyo pleno de Washington y sin respuesta de calle, el Escenario 2 podría ser el que aumente su probabilidad de ocurrencia.
10. La salida
Los escenarios 1 y 2 están en paridad de peso, porque hay situaciones que están ocurriendo que podrían servir para apuntalar un caso o el otro. La única salida consistente es aquella que combine legitimidad política, ruptura operativa del aparato represivo, justicia transicional y reconstrucción económica. Sin ese paquete, cualquier mesa será apenas un mecanismo de dilación, que podría disparar, de un momento para otro, el escenario 3.
En ese marco, la oposición real de MCM tendría que dejar de esperar a ser invitada y debería empezar a ocupar el centro del juego… porque esperar a ser invitados a la mesa es jugar bajo las reglas de Jorge Rodríguez.
Y Washington tendría que recibir información menos endogámica, porque el mayor error en contextos como este es escuchar solo a quienes confirman la hipótesis previa. Dicho de forma más directa: tal vez Marco Rubio debería recibir insumos desde fuentes distintas de las internas, porque esas fuentes parecen operar, hacia afuera, con la misma lógica con la que el chavismo opera hacia adentro, diciéndole a cada actor exactamente lo que quiere escuchar para mantenerlo dentro del libreto.
11. Conclusión
La conclusión de fondo debe quedar formulada sin ambigüedad: quien juega al equilibrio no hace más que reforzar a la dictadura.
Eso vale para dirigentes opositores, para actores externos y para cualquiera que crea que en una dictadura de esta naturaleza se puede administrar una transición sin tomar partido por la legitimidad real.
En un contexto democrático, el equilibrio puede ser virtud; en una tiranía, el equilibrio entre víctima y victimario termina siendo complicidad funcional.
Por eso, el análisis actualizado obliga a decir dos cosas con claridad:
- Primero: el chavismo sigue al mando del país y hoy está más fuerte que el 3 de enero, aunque más limitado
- Segundo: si Dinorah Figuera quiere dejar de ser usada como pieza de contención, debe juramentar a Edmundo y romper el libreto del equilibrio
La pregunta decisiva ya no es si habrá mesa, ni quién la auspicia, ni qué nombre tendrá la siguiente fase. La pregunta es si esa mesa sirve para desmontar la dictadura o para darle una nueva vida administrativa. Y, a la luz de la información disponible, hoy todo indica que el equilibrio no la desmonta, sino que la prolonga… así aun no esté claro por cuánto tiempo más, ni quién tiene capacidad de imponer el desenlace cuando la mesa ya no alcance.
El chavismo no está derrotado, sino que se ha adaptado. Y mientras conserve esa capacidad de adaptación y mimetización, cualquier transición será más vulnerable a la administración del statu quo que a su superación.
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