Ashley Ochoa aún libra una batalla que comenzó hace un mes bajo los escombros del edificio Tahití, en Caraballeda. La mexicoestadounidense se recupera de las múltiples fracturas que sufrió durante el doble terremoto del 24 de junio en La Guaira y enfrenta las secuelas de una bacteria que contrajo tras la lesión provocada por una barra de metal que le atravesó una de sus piernas mientras permanecía atrapada. La infección mantiene en riesgo la extremidad y la obliga a cumplir un tratamiento de seis semanas con antibióticos.
Desde California, Ashley revive las únicas cinco horas que alcanzó a compartir con Víctor Ruvolo, un joven venezolano de 25 años, oriundo de Quíbor, estado Lara, con quien había iniciado una relación apenas nueve días antes de la tragedia.
La historia comenzó en TikTok. Ashley, conocida en la plataforma como @libita, y Víctor, quien transmitía bajo el usuario @vicRN, coincidieron durante las batallas de rap y freestyle que él realizaba en la red social. Lo que empezó como una interacción entre transmisiones se convirtió en conversaciones diarias que fortalecieron el vínculo entre ambos.
El 15 de junio, durante una transmisión en vivo y frente a cientos de usuarios, Víctor le hizo una propuesta. «Hoy quisiera decirte que si quieres ser mi novia».
Ashley aceptó. Desde ese momento comenzó a organizar el viaje para conocerlo personalmente. Nacida y criada en California, hija de padres mexicanos, salió el 23 de junio desde Mazatlán hacia Ciudad de México, luego hizo escala en Panamá y finalmente aterrizó en el aeropuerto de Maiquetía, en La Guaira, al mediodía del 24 de junio. Víctor había viajado desde Quíbor para recibirla.
«Cuando lo abracé por primera vez pensé: valió la pena venir hasta acá. Valió la pena viajar tan lejos para estar aquí con él».
Después del encuentro se trasladaron al edificio Tahití, a un Airbnb, en Caraballeda, alquilado por Ashley. Llegaron alrededor de las 2:00 de la tarde. Apenas tuvieron tiempo para conversar, abrazarse y disfrutar el esperado encuentro.
«Teníamos hambre y queríamos salir a comer, pero al mismo tiempo no nos queríamos separar».
A las 6:04 de la tarde, mientras se cambiaba de ropa, Ashley recibió en su teléfono una alerta de terremoto. Víctor había salido al baño y dejó el celular en la habitación. «Jamás me imaginé la magnitud de ese terremoto. Lo primero que hice fue llamarlo, pero su teléfono había quedado en la habitación».


Segundos después el edificio colapsó. Ashley despertó atrapada entre los escombros con una barra metálica atravesándole la pierna. «Intentaba moverme, pero mi pie seguía atorado. Sentía mucho dolor. Recuerdo escuchar a Víctor y a Nairobi gritando por auxilio«.
Las horas siguientes transcurrieron entre el dolor, la incertidumbre y los gritos de decenas de personas atrapadas. «Todos gritaban por auxilio. Rogaban. La gente buscaba y lloraba por sus familiares. Decían que no había herramientas, que había demasiados escombros y que no podían hacer nada por nosotros».
Durante buena parte de la noche siguió escuchando la voz de Víctor. «Yo seguí escuchando a Víctor pidiendo ayuda. Decía que no podía respirar. Después de un rato ya no escuché más sus gritos».
Los rescatistas trabajaron durante nueve horas para liberarla. Incluso evaluaron amputarle el pie debido a que una barra de metal la mantenía aprisionada. Finalmente lograron rescatarla cerca de las 3:00 de la madrugada.
«Estoy eternamente agradecida con mis rescatistas, con los doctores y con todas las personas que estuvieron involucradas en este proceso», expresó en un video compartido en TikTok.
Sin documentos, sin teléfono y con graves lesiones, Ashley permaneció varios días hospitalizada en Venezuela, entre Caracas y Valencia, fue operada y recibió la noticia de los médicos de que tiene una infección en el pie causada por una bacteria agresiva.
Con apoyo de la Embajada de México viajó hasta Tijuana y logró cruzar la frontera hacia California, donde continúa recuperándose.
Desde entonces en sus redes sociales ha contado historia y recordado su Víctor. «Me preguntaba por qué la vida solamente nos regaló cinco horas», dijo al publicar un video del abrazo que ambos se dieron en el aeropuerto de Maiquetía.
También anunció que el próximo 1 de agosto realizará su primera batalla de TikTok desde la tragedia, manifestando que Víctor sería una de las personas que la apoyaría.
«Víctor era una gran persona. Quiero que todos lo recuerden como tal. Siempre lo recordaré como esa persona especial que me hizo sentir emociones muy lindas».
Doce horas bajo los escombros
Con Víctor también estaba Nairobi Alvarado, de 31 años y también oriundo de Quíbor. Había acompañado a su amigo hasta Maiquetía para recibir a Ashley y luego los acompañó al apartamento alquilado en Caraballeda.
Cuando el edificio colapsó quedó atrapado entre placas de concreto durante aproximadamente 12 horas. Su rescate se hizo viral por un video grabado mientras permanecía aprisionado. En medio de las decenas de réplicas que siguieron al terremoto, Nairobi conversaba con uno de los rescatistas.
«Está volviendo a temblar, hermano; si quieres te bajas», le dijo al voluntario al sentir un nuevo movimiento.
El rescatista se negó a abandonarlo. «Hermano, tranquilo. ¿Tú crees en Dios?«, le preguntó. Cuando Nairobi respondió que sí, ambos comenzaron a orar mientras continuaban las labores para liberarlo. Horas después fue rescatado con vida.
Andrew también viajó para reencontrarse con su esposa
Otra historia marcada por el terremoto fue la del estadounidense Andrew Widme, de 42 años, nacido en Dakota del Norte. Había viajado a Venezuela para reencontrarse con su esposa, Yelitza, una venezolana que había sido deportada recientemente por las autoridades migratorias de Estados Unidos. Ambos planeaban permanecer unos días juntos y organizar su regreso a territorio estadounidense.


La pareja se hospedaba en las residencias Coral Mar, también en Caraballeda, cuando ocurrió el doble terremoto. El edificio colapsó y ambos quedaron sepultados bajo los escombros. Los equipos de rescate recuperaron posteriormente el cuerpo de Andrew. La búsqueda de Yelitza se prolongó durante varios días, mientras familiares y rescatistas mantenían la esperanza de localizarla.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973