🔴🔵 Los héroes de los terremotos: venezolanos se organizaron para salvar vidas cuando el Estado no respondió

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*Vecinos de distintas regiones del país movilizaron recursos propios, herramientas y alimentos para auxiliar a las comunidades más golpeadas en La Guaira, ante la falta de respuesta oficial inmediata tras los terremotos. Historias recogidas por El Pitazo reflejan cómo la sociedad civil asumió el control de la ayuda humanitaria y la gestión de los censos

Por: Nataly Angulo, Kemberlin Talero y Rosanna Battistelli

Ricardo no aguantó más la angustia después de los dos terremotos que sacudieron a Venezuela. A las 10:00 am del 25 de junio, movido por los pedidos de ayuda en las redes sociales y ante la falta de respuesta inmediata del Estado, decidió no seguir esperando y organizarse por su cuenta. Llamó a 4 vecinos de su comunidad en los Valles del Tuy, estado Miranda, para armar un plan rápido y bajar a La Guaira.

El grupo equipó la camioneta de Ricardo con lo que tenía a la mano: agua, picos, palas y una antena de internet Starlink que terminó siendo clave. Con el carro full, Ricardo manejó directo hacia el sector Caribe. Al llegar, se encontró con un duro escenario, pero empezó a trabajar de inmediato para buscar sobrevivientes.

La iniciativa de Ricardo y sus amigos salvó vidas. Entre los escombros lograron rescatar a tres personas vivas, incluyendo a un niño. Como no había ambulancias ni ayuda oficial cerca, Ricardo montó a los heridos en su camioneta para llevarlos al ambulatorio. 

«Ver a tanta gente sufriendo fue la experiencia más traumática de mi vida, pero al mismo tiempo sentí una satisfacción enorme. Saber que pude ayudar me llenó de paz», afirma Ricardo, quien tiene una compañía proveedora de Internet.

Ricardo y sus amigos se quedaron en La Guaira dos días. Pasaron 48 horas comiendo pan con atún e, incluso, compartieron esa comida con las familias de la zona.

Rayner Vázquez, karateca y asesor creativo, tampoco se quedó de brazos cruzados. El día después de los terremotos, recorrió en su moto las zonas afectadas para verificar daños y contactar a creadores de contenido del país que permitieran visibilizar las carencias y canalizar la ayuda.

La residencia Belo Horizonte en Playa Grande, La Guaira, que colapsó tras los terremotos del 24 de junio, fue otro de los puntos de La Guaira donde los vecinos se organizaron para buscar víctimas | Foto: EFE

De esa forma, movilizó suministros desde diversos estados, estableciendo un hospital pediátrico móvil alimentado con insumos provenientes de Maracaibo, estado Zulia. Desde Barquisimeto, Valencia y San Cristóbal llegaron más de diez camiones con insumos, mientras que alianzas con restaurantes locales permitieron la distribución diaria de alimentos a los afectados. 

«Hemos estado haciendo esa gestión de distribución y de comunicación veraz para ayudar a las personas de la manera más eficiente posible», señaló Vázquez a El Pitazo.

La colecta y el viaje de Carlos

La urgencia también movilizó a Carlos Marrero, un estudiante de Informática de 24 años. Lo primero que hizo al enterarse de la gravedad de la situación fue activar una colecta relámpago a través de los grupos de WhatsApp de sus vecinos y familiares en Guarenas, Miranda. En pocas horas, logró reunir 35 botellones de agua mineral, 4 bultos de harina de maíz, 60 latas de atún y sardinas, 4 colchonetas, galletas y medicamentos.

Mientras los vecinos terminaban de organizar y traer las donaciones, Carlos equipó su vehículo con gasolina para asegurar el trayecto de ida y vuelta. Con el combustible listo y el carro full de insumos, tomó la ruta hacia Caraballeda. En esta zona vive una de sus primas, quien fue una pieza importante para hacer los enlaces con las familias que lo necesitaban.


El listado oficial que hay es el que estamos llevando nosotros

Daniela López, comunicadora social 


«Ver tantos mensajes en los grupos de WhatsApp de gente pidiendo ayuda me desesperó; no podía quedarme de brazos cruzados teniendo un carro y sabiendo que mis vecinos querían colaborar con lo que tenían en la despensa», afirma Carlos. 

Desde que comenzó esta emergencia, su compromiso no se ha detenido y ya ha viajado en tres oportunidades a llevar más colaboración.

Grupos de WhatsApp que salvaron vidas

 A 2.500 kilómetros de La Guaira, en Tampa (Florida – Estados Unidos), estaba Bárbara Romero cuando ocurrió el doblete sísmico. Su tía estaba bajo los escombros en el edificio Mar de Leva, en el sector Los Corales de Caraballeda. No había comunicación ni tampoco podía regresar a Venezuela, pero sentía que tenía que apoyar, por lo que se convirtió en una especie de coordinadora para canalizar la ayuda.

«Por redes sociales, busqué a personas del edificio Mar de Leva. A la 1:25 a.m. creé un grupo de WhatsApp para familiares. En poco tiempo, alcanzamos 150 personas», precisó en entrevista telefónica.

La organización y las estrategias para conseguir las ayudas se fueron alineando solas. «Fue Dios», dijo. Lo primero que hicieron fue levantar un censo de las 19 personas que estaban buscando en el edificio de 9 pisos.

«Un chico hizo una lista de Excel con fotos de las víctimas, nombres, cédulas de identidad y número de contactos. Eso nos permitía saber a quiénes estábamos buscando», contó.


Ver a tanta gente sufriendo fue la experiencia más traumática de mi vida, pero al mismo tiempo sentí una satisfacción enorme. Saber que pude ayudar me llenó de paz

Ricardo, comerciante


Mientras los familiares y vecinos en el terreno removían escombros, Bárbara y otros miembros del grupo difundían y replicaban las peticiones de ayuda en redes sociales. La primera ayuda llegó 48 horas después de los terremotos. «Lo primero que logramos fue conseguir rescatistas que salvaron al perrito de mi tía, al joven Gabriel Malamar y, el día 27, a la señora Karina Berchema».

Con los días llegaba lo que pedían: consiguieron máquinas telescópicas, jumbos, excavadoras, rescatistas de Holanda y Colombia. Todo, aseguró Bárbara, por medio de personas que veían las publicaciones y los contactaron. Sin embargo, no todo funcionaba.

«Por más que iba la ayuda, siempre faltaba una cosa. Llegamos a tener las grúas, pero nos faltaban herramientas de corte», lamentó Bárbara, quien quiso dejar claro que “siempre fue ayuda de la comunidad, no del gobierno».

Durante esas horas, también recibió llamadas de venezolanos en Turquía y Egipto, con familiares en el edificio e intención de colaborar. Entre todos, compraron plantas eléctricas y una máquina de oxicorte. La comida para los voluntarios y rescatistas también corría por cuenta del grupo.

«Me llevé una lección grande: quienes estamos afuera decíamos que el peor amigo de un venezolano es otro. Y eso es falso, porque fuimos nuestros mejores amigos cuando más los necesitamos», dijo con la voz entrecortada.

En Mar de Leva, la organización ciudadana permitió que los familiares encontraran a todos los desaparecidos, la mayoría muertos. Los últimos dos los consiguieron el viernes 17 de julio. «Un padre con su hijo, que los primeros días dio señales de vida, pero que por el lugar donde quedó atrapado fue difícil de sacarlo», recordó.


La desesperación de no poder ir a Venezuela hizo que dijera que de alguna manera debía ayudar

Bárbara Romero, venezolana migrante en EE. UU.


En total fueron 23 personas: 21 fallecidas (4 no estaban en el censo ni fueron identificadas) y sólo 2 vivas. El grupo de WhatsApp aún persiste. Aunque ya cumplió su objetivo de conseguir a las víctimas, Bárbara no sabe cuál será el futuro: “Propuse eliminarlo, pero no he tenido el valor de cerrarlo. Creo que aún podemos hacer más».

La experiencia de Mar de Leva se replicó en otros sectores como el edificio Tahití. El Pitazo tiene el registro de al menos 50 grupos de WhatsApp que se crearon para canalizar la ayuda en diferentes edificios donde se rescataron personas con vida.

En los complejos habitacionales construidos bajo la supervisión de la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales (conocidos como OPPPE) se usaron estos grupos para conseguir materiales, voluntariado y toda la ayuda para las labores de rescate. Kensy Resplandor, una maestra de Caracas, terminó como administradora de uno de ellos, que reúne a 1.000 usuarios.

«Necesitaba hacer algo y me uní al grupo de la OPPPE 26, donde vivía mi padrino, quien murió. Lo primero fue levantar un censo para determinar a las personas que estaban entre los escombros: nombre, apellidos, la torre y el piso», contó la docente, quien, a la par, atendía a niños refugiados en la escuela donde trabaja en Catia.

Según explicó, el apoyo nació de la propia comunidad gracias a las remesas que enviaban los familiares desde el exterior para adquirir los insumos necesarios. Además, destacó la intervención de los Topos Digitales, quienes se pusieron en contacto para coordinar el apoyo de varias organizaciones de rescate y facilitar la búsqueda de maquinaria. 

Para Carlos Marrero presenciar la destrucción en La Guaira fue algo durísimo, pero nada se compara con la mirada de la gente desesperada buscando a sus familiares debajo de los escombros l Foto: EFE

Llegaron a censar 300 personas que quedaron atrapadas, aunque eran muchas más. «Hoy (21 de julio), hay cuerpos que todavía están sacando. Se han sacado más de 200», sostuvo.

Kensy destaca que la organización ciudadana evitó que el desastre fuera mayor: «nadie nos ayudaba, pero agarramos la sartén por el mango y salimos a ayudar, porque el muerto sólo le duele a su familia».

Así como en estos edificios, la residencia Belo Horizonte, en Playa Grande, fue otro de los puntos de La Guaira donde se replicó esta metodología. Luego de los terremotos, una intensa búsqueda en redes sociales llevó a Daniela López* a un grupo de WhatsApp. Buscaba información de seis familiares, pero, por más que indagaba, nadie tenía respuestas. 

«Cuando ingreso a ese grupo no habían hablado nada, éramos ocho personas nada más», apuntó. Fue el jueves 25 en la mañana cuando recibió noticias: su primo había salido de los escombros, pero el resto de sus seres queridos no lo logró. 

Para ayudar a su primo en la búsqueda de sus familiares entre las ruinas, se trasladó a La Guaira el viernes 26.

«No podía remover escombros, porque humanamente era muy difícil, así que mi aporte fue dar información certera desde el sitio», dijo a El Pitazo

Desde ese momento, y durante los siguientes nueve días, esta comunicadora social se dedicó a informar a través de ese grupo de Whatsapp datos de los sobrevivientes, cadáveres encontrados y solicitudes de ayuda. La red permitió identificar cuerpos mediante descripciones de vestimenta y rasgos físicos en tiempo real.


Nadie nos ayudaba, pero agarramos la sartén por el mango y salimos a ayudar, porque el muerto sólo le duele a su familia

Kensy Resplandor, maestra de Caracas


En poco tiempo, la difusión entre familiares y seguidores en Venezuela y el exterior hizo que el grupo creciera hasta superar los 1.000 integrantes, convirtiéndose en el principal canal de comunicación para esta comunidad. Este esfuerzo ciudadano permitió, por ejemplo, que una mujer en Estados Unidos reconociera a su hermana fallecida mediante fotos de su suéter y uñas compartidas en el chat. 

«Ningún ente gubernamental se acercó»

Ante la falta de respuesta institucional, los integrantes de este grupo organizaron una base de datos en Google Drive para sistematizar la información. El rescate y traslado de los cuerpos quedó, en algunos casos, en manos de voluntarios y de los mismos familiares. «No había a quién pedir la información, porque ningún ente gubernamental se acercó», aseguró la entrevistada.

La organización comunitaria se transformó en una red de apoyo logístico para la compra de insumos y el contacto con rescatistas civiles. El grupo de WhatsApp, que todavía se mantiene vigente con 600 personas, sustituyó la labor de gestión que el Estado omitió en medio de la emergencia. «El listado oficial que hay es el que estamos llevando nosotros», afirmó. 

Hasta el martes 21 de julio, el registro contabiliza 425 personas, entre ellas 237 sobrevivientes, 141 fallecidas, 31 desaparecidas, 6 localizadas y 10 sin especificar. La lista registra datos como número de apartamento, características físicas de la persona, número de contacto de familiares, entre otros. 

La residencia Belo Horizonte en Playa Grande, La Guaira, que colapsó tras los terremotos del 24 de junio, fue otro de los puntos de La Guaira donde los vecinos se organizaron para buscar víctimas | Foto: EFE

En medio de la tragedia también surgieron diversas plataformas para reportar y localizar a personas. Venezuela Te Busca,  Desaparecidos Terremoto Venezuela y Venezuela Reporta fueron algunas de ellas. 

Mientras tanto, y bajo la consigna «si no hay gobierno, hay pueblo», como se repetía entre cientos de venezolanos, la movilización ciudadana logró abarrotar calles y los centros de acopio durante los primeros días.

Esta movilización permitió el registro -forzado por las autoridades- de más de 15.000 voluntarios durante un operativo en El Poliedro y sigue siendo un pilar fundamental un mes después de que dos terremotos cambiaron la vida de todo un país.

*Nombre cambiado a petición de la entrevistada

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LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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