🔴🔵 Estudiantes de la Universidad Marítima: “Creímos que moriríamos con los terremotos”

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Las historias de quienes sobrevivieron a los terremotos muestran cómo en medio del miedo a morir y de sentir que vivieron una película de terror, la fe y la esperanza los acompañaron en todo momento. Los relatos de los estudiantes reflejan cómo la amistad también salva vidas

Por Lorena Bornacelly

Todos tienen una historia o algo que contar sobre los terremotos del pasado 24 de junio. Quienes lo vivieron tienen aún heridas y secuelas psicológicas del evento traumático que vivieron.

Los recuerdos de los sobrevivientes parecen relatos de una película de terror, así los describen un grupo de estudiantes de la Universidad Marítima del Caribe (UMC), en La Guaira. Desde allí egresan profesionales del sector marítimo y naval de Venezuela, quienes forman parte de la Marina Mercante.

Del Liceo Militar Jáuregui, en Táchira, salen bachilleres que suelen mudarse a La Guaira para estudiar en la UMC y continuar con sus estudios. El Pitazo conversó con estudiantes de la universidad que sobrevivieron a la caída de sus viviendas, la pérdida de amigos y el destrozo de algunas instalaciones de la academia.

“No quería ver cómo me iba a morir”

El mayor miedo de María Daniela Moncada era ver si en el piso se abría un hueco o si el techo le caía encima ese 24 de junio. No quería ver cómo se iba a morir. La joven de 20 años, oriunda de La Grita, estado Táchira, estaba junto con sus primos, con quienes vivía, viendo el juego de Brasil – Escocia cuando sintieron el primer terremoto.

Con algo de risa Moncada cuenta que en ese movimiento telúrico se rieron: “Uy, tembló fuerte”, fue lo que dijeron, pero segundos después el edificio se movió aún más fuerte con el segundo terremoto y el estruendo de edificaciones cayendo los asustó aún más. Solo recuerda los gritos, las lágrimas y el pánico. 

El complejo de edificios en Playa Grande, donde vivía, tenía cuatro torres y de esas, tres se desplomaron excepto donde ella estaba. Su familia en Táchira leía eso en redes sociales y temían lo peor. Tampoco había señal telefónica así que la incertidumbre se extendió por horas. 

Daniela Moncada tiene secuelas emocionales después del trauma vivido por los terremotos. Foto Lorena Bornacelly

Moncada contó: “Fueron momentos demasiado fuertes y de pánico, porque también pensábamos que podría haber un tsunami y nosotros estábamos ahí, sin tener a dónde más ir. Si sobrevivimos a una cosa, probablemente no lo haríamos a la otra”. Cada minuto se sintió eterno para ella. Al salir de su apartamento solo veía ruinas de los que eran los hogares de sus vecinos

Le resulta impresionante rememorar el caos que había y que no podía ver ni a 10 metros de distancia por el polvo. La joven recordó: “Por un minuto o tres, no sé, nos sentimos a salvo, pero asustados y se escuchó una explosión impresionante. Unos edificios cercanos se incendiaron y allí el miedo fue aún mayor”.

De sus pertenencias solo pudo sacar la computadora portátil, pero todo lo demás lo perdió. Su mejor amigo, bombero, mandó a su familia a que la buscara y fueron ellos quienes la sacaron de La Guaira hasta Caracas para posteriormente volver a Táchira.

Su llegada a La Grita no fue fácil. Sus papás estaban felices de verla y la llevaron a un restaurante a comer y allí entendió que tenía secuelas emocionales: “Estábamos sentados esperando la comida, hubo mucho viento y sonaron láminas de zinc del techo, mi reacción inmediata fue gritar y pararme corriendo a resguardarme. Fue inmediato, no pensé en que ya estaba en un lugar seguro”. 

Los sobrevivientes oriundos del Táchira dieron gracias al Santo Cristo de La Grita por sus vidas. Foto Lorena Bornacelly

Cuenta con tristeza que el icónico faro de la Universidad Marítima del Caribe se desplomó, pero con mayor dolor cuenta que muchos de sus compañeros de clases murieron o siguen desaparecidos. Cuando pudo hablar con otros conocidos coincidieron con la sensación que tuvieron: “Creímos que moriríamos con los terremotos”, dijeron todos.

Para María Daniela Moncada el futuro es incierto. Sigue soñando con graduarse y trabajar en el comercio internacional con alguna empresa extranjera, sin embargo, todo eso está en pausa. Un mes después de los terremotos se refugia en la fe y en el Santo Cristo de La Grita. “Estar viva es gracias a Dios, no hay otra explicación, sólo Dios hizo esto posible porque muchos no han podido contarlo”, dijo.

Al terminar de contar su testimonio, aunque tenía la voz entre cortada, evitó llorar, sin embargo, las lágrimas brotaron cuando su hermano menor, que escuchaba en silencio todo el relato, corrió a abrazarla al terminar la entrevista.

“Sigo con el sueño de ser el primer marino mercante de mi familia”

El 24 de julio era fiesta nacional por la conmemoración de la Batalla de Carabobo, así que Kleyder Urbina, de 19 años, fue a Caracas a visitar a su tío. A las 5:00 de la tarde salió en autobús de regresó a Catia La Mar, donde vivía. El segundo terremoto lo sintió en el vehículo de transporte público, que se movía de un lado a otro, como si fuese a volcar. 

Cuando salió de allí se encontró con otros amigos de la Universidad Marítima del Caribe y entre todos se acompañaron durante esos minutos de caos. Urbina recuerda: “Vi los edificios y las casas cayéndose, la gente gritando y llorando, y nosotros nos paramos en una plaza y al frente explotó un restaurante”. 

De allí, incomunicados y con el miedo de lo que pudiese pasar, se fueron al estadio de béisbol porque lo consideraban un espacio abierto y seguro en caso de que se registrara una nueva réplica. Ir a su casa no era una opción en ese momento, porque a esa montaña se debía llegar en transporte rústico. 

Al amanecer ya pudo ir a su hogar, que no sufrió daños, y en el que hubo electricidad dos veces, por lo que pudo cargar su celular y comunicarse con su familia en Seboruco, estado Táchira. Muchos residentes de La Guaira llegaron a esa localidad porque había señal de telefonía móvil, a diferencia de otras zonas. 

Del momento en que encendió su celular dijo: “Tenía muchas horas con el celular apagado y cuando lo encendí, colapsó. Me llegaron imágenes con mi foto de que supuestamente estaba desaparecido y eso me impactó. Por obra y gracia del Espíritu Santo pude hablar con mi mejor amigo y decirle que estaba bien”. 

Recuerda que al cerro donde está su vivienda comenzaron a llegar motorizados por montones y les informaron de una supuesta alerta de tsunami: “Solo pensé en que yo estaba ahí con mi compañera y en qué podría pasar. Pero mi tío Douglas, me mandó una imagen donde desmentían el tsunami y ahí fue cuando dije que me iba a Caracas. Para eso tengo dos buenas piernas y salud. Pasé por la universidad y vi el daño pero seguí caminando a ver cómo llegaba a donde mi familiar”. 

Atribuye a un ángel, a su abuela fallecida y al Santo Cristo de La Grita que un señor apareció y aunque no tenía su misma ruta, lo dejó en la carretera Caracas – La Guaira. Segundos después pasó el conductor de un camión que gritaba: “subiendo para Caracas, subiendo para Caracas” y lo llevó gratis.

Kleider Urbina quiere ser el primero marino mercante de su familia. Foto Lorena Bornacelly

Al llegar a la capital venezolana notó el dolor en su tobillo, que se dobló en algún momento mientras caminaba para estar a salvo. Logró viajar a Táchira, junto con otros estudiantes de la UMC, y en el Liceo Militar Jáuregui, donde estudió, su familia lo buscó.

Sobre su llegada precisó: “Fue una alegría muy grande ver a mi mamá. El día de los terremotos tuve pánico. Cuando me bajé de la buseta entré en shock, estuve como 30 segundos privado pensando en si me quedaba ayudando o me iba. Todo mientras veía que los edificios se movían como gelatina y las casas se caían”. 

En medio de su impresión, recuerda que pensaba: “Eso era una película, solo faltaban los zombies. El ruido era algo tan impresionante. Ese momento no tiene explicación”. 

Cuando se mudó a La Guaira, llegó con el sueño de ir un paso a la vez. Su meta a corto plazo era ser cadete, o llegar a primer semestre, de ingeniería marítima. Sus ilusiones están intactas: “Sigo con el sueño de ser el primer oficial de la marina mercante de mi familia”. 

“Salí en ropa interior y no me acuerdo cómo llegué a mi casa”

Yorleni Sánchez aún tiene miedo por lo sucedido. Cuando habla sobre los terremotos llora de forma inmediata. Ese 24 de junio estaba enferma. El resfriado la mantuvo en cama los días previos y cuando comenzó a temblar, ni siquiera se enteró, fue su amiga quien le gritó y avisó. 

Es poco lo que la joven de 19 años recuerda. Las emociones de miedo y angustia la acompañan. Sabe que fue difícil estar en resguardo, pero de los detalles de lo que pasó no tiene idea. Lo poco que cuenta es por la recreación que le hizo su amiga y compañera de habitación. 

Las dos vivían en el anexo de una casa, así que al intentar resguardarse tardaron en abrir la puerta, pero al lograrlo, el panorama era aterrador: no había escaleras, llovía, el humo y el polvo les impedían ver.

Sánchez contó a El Pitazo: “Cuando vimos que se estaban cayendo hasta las paredes lo que hicimos fue abrazarnos”. Al estilo de una película, las jóvenes se lanzaron por las estructuras que quedaban y salieron del lugar.

No tiene idea de cómo salió de Playa Grande rumbo a Caracas y mucho menos cómo llegó desde la capital hasta La Grita, estado Táchira, donde su familia la esperaba. Cuando ya estaba en territorio seguro se enteró de la muerte de su mejor amiga, a quien conoció en la iglesia de quería como a una hermana.

Sánchez ya comenzó terapia psicológica, porque su salud mental está comprometida desde los terremotos. A diario tiene ataques de pánico, llora desconsoladamente, intenta transitar el duelo de la muerte de su mejor amiga y piensa constantemente en qué será de su vida, si su meta era pertenecer a la Marina Mercante de Venezuela. 

La Universidad Marítima del Caribe quedó afectada en su infraestructura, sin embargo, también se convirtió en centro de acopio y ayuda para los afectados por los terremotos. El grupo de jóvenes que llegó a Táchira realizó jornadas de recolección de alimentos, ropa, medicamentos e insumos para quienes sufrieron por el doblete sísmico. 

También hicieron una misa de acción de gracias en el Santuario del Santo Cristo de La Grita, por sobrevivir y por el descanso de sus compañeros fallecidos.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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