Caracas.- El silencio que hoy se percibe en algunos edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela contrasta con el movimiento que existía antes de los terremotos del 24 de junio. En zonas como Plaza Venezuela, Los Ilustres, la avenida Bolívar y San Bernardino todavía hay apartamentos vacíos porque parte de sus propietarios decidió no regresar, convencidos de que las inspecciones técnicas no han sido suficientes para devolverles la tranquilidad.
Tras el doble terremoto que dejó daños estructurales en Caracas, decenas de familias pasaron varios días en plazas, estacionamientos y campamentos improvisados mientras las autoridades realizaban evaluaciones de riesgo. Aunque posteriormente se permitió el reingreso a numerosos edificios, algunos residentes continúan desconfiando del estado de las construcciones.
Ese es el caso de Moraima Pedrozo, habitante de un apartamento ubicado en el segundo piso de un edificio de Plaza Venezuela. Su vivienda presentó únicamente daños de mampostería, de acuerdo con la evaluación realizada por especialistas de Protección Civil. Sin embargo, asegura que las grietas visibles en las paredes le generan temor.
«Yo veo las paredes del edificio, veo las grietas y me da mucho temor. Aunque hemos hecho algunos arreglos, en especial de friso, es difícil confiar en que estamos seguros», relató al equipo de El Pitazo.
Pedrozo contó que, inmediatamente después de los terremotos, se refugió junto a su esposo e hijos en la vivienda de su madre. Días después regresó a su apartamento con la intención de retomar la normalidad, pero el miedo terminó imponiéndose.
«Voy a volver a casa de mi mamá porque no me siento tranquila», afirmó.


Reparaciones que no llegan
La vecina señaló que, pese a los anuncios realizados por las autoridades tras la emergencia, en su edificio no ha llegado ninguna cuadrilla de la Alcaldía de Caracas para ejecutar las reparaciones prometidas.
Las áreas comunes presentan daños en paredes y fachadas, mientras que los residentes solo han podido realizar trabajos superficiales con recursos propios, principalmente para cubrir grietas y reparar frisos.
Pedrozo aseguró que, según el cálculo de los propios vecinos, al menos la mitad de los propietarios permanece fuera de sus apartamentos, especialmente quienes viven en los pisos superiores.
La incertidumbre también acompaña a Andreina Espinoza, quien decidió abandonar Caracas y trasladarse a Maracay, donde viven sus padres.
Después de pasar cuatro días en una carpa instalada tras la emergencia, optó por marcharse al considerar que no tenía garantías para volver a su vivienda, ubicada en un tercer piso.
«En algún momento tendré que volver, pero me da mucho miedo estar en el apartamento. No hemos recibido más visitas de la Alcaldía de Caracas, Protección Civil ni ingenieros y no sabemos si con los días la estructura ha sufrido otros daños», explicó.


El miedo persiste
Historias como las de Moraima y Andreina se repiten en varios conjuntos residenciales de la Gran Misión Vivienda Venezuela afectados por el movimiento telúrico. Aunque muchas edificaciones fueron catalogadas como habitables tras las primeras inspecciones, algunos residentes consideran que las evaluaciones deberían repetirse para confirmar que las estructuras no han sufrido deterioros adicionales con el paso de las semanas.
Mientras esperan nuevas revisiones o el inicio de reparaciones más profundas, decenas de familias permanecen viviendo con familiares o en otros lugares, incapaces de recuperar la confianza necesaria para volver a los espacios que durante años llamaron hogar.
Para estos propietarios, las grietas visibles en paredes y fachadas representan mucho más que un daño estético: son un recordatorio permanente de los terremotos que cambiaron su cotidianidad y una fuente constante de incertidumbre sobre la seguridad de sus viviendas.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973