🔴🔵 Abraham Sequeda: La extrema pobreza de la oferta política

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Una de las causas más determinantes en el deterioro de la sociedad, el Estado y las propias perspectivas de futuro es la ausencia casi total de organizaciones, propuestas y direcciones políticas que cumplan su razón de ser.

La cultura organizacional imperante en los partidos políticos, por ejemplo, los ha reducido, en el mejor de los casos, a meros centros de encuentro y tertulias. En el peor, han servido como cajón de prevenidos al bate para la ocupación de cargos públicos, tanto de elección popular como los que no o como plataformas publicitarias de individuos y grupos, incluso otro tipo de organizaciones, para tomar una posición de beligerancia ante continuadas, enfermizas y viciadas mesas de negociación.

Sin embargo, la necesidad política no reside únicamente en contar con partidos teórica e intelectualmente sólidos, honestos y transparentes. Lo crucial es que actúen como intermediarios entre los requerimientos poblacionales y el poder del Estado en todos sus niveles, de modo que este sea capaz de otorgar respuestas y soluciones.

Allí radica la auténtica tragedia: una organización política apta debería ser la encargada de formar y promover perfiles competentes, capaces de estructurar acciones de gobierno inteligentes.

Al abandonar su rol como formadores de ideologías, estrategas y creadores de proyectos viables y útiles, estas organizaciones perdieron su identidad. Con ello, la ciudadanía se quedó sin verdaderas opciones doctrinarias y programáticas para elegir a quienes debían regir temporalmente la dirección de las instituciones, poderes públicos y otras instancias. El futuro quedó a merced de la improvisación.

Ante semejante indigencia (provocada por la falta de semilleros o reservas de talento, y probablemente también por un contexto mezquino para su desarrollo), la única alternativa parece reducirse a fórmulas gastadas, insuficientes, y una tutela que al menos está garantizando lo que a todos gusta y atrae: los recursos económicos. El tiempo no juega a favor del cambio cualitativo en el país y por causa de esa anomia, tampoco una dirección nacional idónea preparada ni audaz está disponible.

Venezuela no se merece más tragedias, ni la inercia de los aptos ni la prepotencia de los incompetentes y malhechores. ¿Dónde está la fuente de ideales de convivencia, institucionalidad, respeto, calidad y habilidades para forjar un país diferente?

Probablemente la respuesta no se presente como una opinión pública que empuje a un lado u otro, sino en la decisión de cada uno, cada día, en cada acción bien pensada para poner a disposición las ideas y planes programáticos que puedan servir de precursores y sacar de esa pobreza a Venezuela.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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