🔴🔵 Petro se equivoca en Barcelona 

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El viaje de Gustavo Petro a España, invitado por Pedro Sánchez, para reunirse con líderes del Grupo de Puebla y otras plataformas progresistas ocurre en medio de una coyuntura internacional convulsa —con la guerra en Irán tensando el tablero global— y en un momento políticamente delicado para Colombia, a pocas semanas de una elección presidencial que definirá la continuidad o el relevo de su proyecto político.

El gobierno colombiano ha presentado su participación como parte de un esfuerzo por fortalecer el multilateralismo y coordinar respuestas frente al auge de la derecha global. Hay un componente político interno difícil de ignorar. La presencia de la figura más relevante de la política colombiana de hoy en estos espacios internacionales sugiere que la política exterior está siendo utilizada como prolongación de la campaña electoral. En esta ocasión, el simbolismo es  delicado y torpe: un presidente en la recta final de su mandato proyecta una narrativa global mientras su país enfrenta incertidumbres y turbulencias internas de gran calado.

Más controvertido aún es el contexto geopolítico. Mientras Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump enfrenta múltiples frentes, incluida la crisis en Oriente Medio, la reunión en Barcelona se percibe como un intento de contrapeso ideológico del que se está haciendo abanderado Pedro Sánchez. Aunque algunos participantes han insistido en que no se trata de una cumbre “anti-Trump”, el tono general —centrado en frenar a la derecha global— inevitablemente introduce un elemento de confrontación política.

¿Es prudente para Colombia abrir un nuevo frente de tensión con su principal socio estratégico? La relación con Estados Unidos no es simplemente ideológica: atraviesa temas críticos como seguridad, narcotráfico y comercio. En ese sentido, cualquier gesto que pueda interpretarse como alineamiento en bloques ideológicos rivales tiene costos seguros. Ya lo hemos planteado en otras ocasiones. 

También cabe preguntarse por la conveniencia de la compañía escogida. Para Petro, hacer causa común con Pedro Sánchez —un líder que también enfrenta el desgaste propio del final de su ciclo político y cuyo futuro es incierto— no necesariamente proyecta fortaleza. En América Latina, donde la lectura de los equilibrios de poder debe ser especialmente pragmática, alinearse con figuras en declive puede ser interpretado como una apuesta de corto alcance más que como una estrategia de liderazgo regional que es lo que merece Colombia.

España, además, ocupa un lugar singular: es el país culturalmente más cercano de Europa a América Latina y, al mismo tiempo, un actor que busca reposicionarse en la región. Sin embargo, cualquier percepción de antiamericanismo —explícita o implícita— no pasa desapercibida en Washington, particularmente en un momento en que Estados Unidos intenta reafirmar su influencia al sur del Río Grande. En ese contexto, la asociación entre Bogotá y Madrid- sumada a Mexico y Brasil-  bajo una narrativa ideológica confrontacional puede generar incomodidad tanto en el norte como en el propio vecindario latinoamericano. ¿A dónde conduce todo esto?

El contraste es aún más evidente frente a lo que ocurre en Venezuela. El  silencio elocuente en torno a la grave crisis del país vecino —con implicaciones directas inmensas para Colombia— resalta frente al activismo desplegado en Europa. Si algo definirá el cierre del ciclo político de Petro no será una cumbre en Barcelona, sino la evolución de la región, particularmente en Caracas.

En última instancia, el viaje de Petro plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿está ejerciendo liderazgo internacional o gestionando su legado político? Ambas cosas no son excluyentes, pero el equilibrio entre ellas es lo que definirá si esta gira será recordada como un acto de estadista o como una jugada de campaña en el ocaso del poder.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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