🔴🔵 Nueve años de impunidad para Juan Pablo Pernalete

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En la casa de los Pernalete Llovera no solo falta una pieza; faltan dos. Elvira y José Gregorio se describen hoy como un rompecabezas que, aunque conserva su estructura y todavía permite ver un paisaje, tiene dos vacíos imposibles de llenar. 

Primero fue Juan Pablo, el estudiante y basquetbolista de 20 añosasesinado el 26 de abril de 2017 por el impacto de una bomba lacrimógena en el pecho. Años después, la tragedia volvió a tocar su puerta con la partida de su hija María Gabriela.

Nueve años después del asesinato de Juan Pablo, sus padres no habitan el olvido. Habitan una resistencia que se mide en pasos, siempre agarrados de la mano, pero con un dolor que nunca deja de estar presente.

“Hemos aprendido a caminar los dos, agarrados de la mano, siempre. Cuando uno se cae, el otro lo levanta, porque el dolor sigue. El dolor lo que hace es atenuarse, agazaparse allí en el corazón”, relata la señora Elvira en entrevista con Runrun.es.

La paz que no llega

“¿Cómo encontrar la paz?”, se pregunta la señora Elvira en voz alta. Para ella, esa palabra es todavía un horizonte lejano. “Paz, para nosotros, esa palabra aún no llega completamente. Tenemos momentos de tranquilidad que los apreciamos mucho, porque durante todos estos años se ha convertido en una pesadilla”, señala.

Para ellos, el alma sigue rota, pero se sostiene por un compromiso mayor: “Tuvimos dos maestros que nos enseñaron incluso a vivir sin ellos… Juan Pablo nos entregó a nosotros un testigo y unos sueños que no podíamos dejar atrás”. Ese legado se traduce en una labor diaria: “Entender que el propósito de nosotros aún no ha terminado, que hay mucho por hacer en nombre de Juan Pablo y también de Gaby”.

A pesar del vacío, el señor José Gregorio se refugia en la luz de los años compartidos. Complementan esas “dos piezas” recordándoles desde “lo positivo, de sus alegrías, de sus anécdotas, de sus risas”. Lo más hermoso, para él, es que sus dos hijos “dejaron esa huella” en ellos y también “la han dejado con sus amigos, en un país”.

Sin embargo, esa memoria luminosa choca frontalmente con la gestión institucional del caso. La señora Elvira describe lo que ha enfrentado en los tribunales venezolanos: “La burla, la mentira, la criminalización hacia nuestros hijos y hacia nosotros”.

El señor José Gregorio coincide en la raíz de esta falta de justicia: “Nos indigna de los organismos internos nacionales que obedecen a directrices emitidas por el Ejecutivo”. Para él, existe una carencia absoluta de humanidad en el proceso: “Tanto interna como externamente, ellos carecen de empatía y no son afines con el dolor de las víctimas”.

Los crímenes de lesa humanidad no prescriben, pero las víctimas sí

El caso de Juan Pablo Pernalete continúa impune. De los 13 guardias nacionales imputados inicialmente, la Fiscalía llevó a 11 a un archivo fiscal, una decisión que la familia rechaza pero que los tribunales se han negado a escuchar. Incluso en los casos que llegaron a juicio, la familia denuncia que se siguió la teoría de la fiscalía y no la acusación particular presentada por ellos.

“Eso no es justicia para nosotros. Lo que quiere decir que en este momento el caso de Juan Pablo está completamente impune”, sentencia Elvira.

La urgencia de los Pernalete es ahora una carrera contra el tiempo. “Siempre nos dicen que los crímenes de lesa humanidad no prescriben”, advierte Elvira Llovera con una crudeza que estremece, “pero las víctimas, los padres y familiares de estos jóvenes asesinados en Venezuela, sí prescribimos. Y nosotros, antes de morir, queremos ver justicia”. Esta demanda incluye una petición de celeridad, pues la lentitud internacional resulta “frustrante” cuando se sigue sometiendo a Venezuela a violaciones de derechos humanos.

“Exigimos justicia y que se reabran todos los casos, no solamente el de Juan Pablo Pernalete, sino el de todos los jóvenes asesinados durante todos estos años en Venezuela en las protestas. Es lo que solicitamos, exigimos”, reclama la señora Elvira.

El rastro de la represión: casi 300 vidas truncadas

El asesinato de Juan Pablo Pernalete no fue un hecho aislado, sino parte de una herida que ha sangrado de forma recurrente en los últimos 12 años. Según datos de Monitor de Víctimas y diversos registros de derechos humanos, las protestas antigubernamentales en Venezuela durante la gestión de Nicolás Maduro -capturado el 3 de enero de 2026 por fuerzas estadounidenses- han dejado un saldo que roza los 300 asesinatos, distribuidos en cuatro hitos que definieron el presente del país.

En 2014, bajo el nombre de “La Salida”, una ola de protestas recorrió el país entre febrero y mayo. Fue el primer gran ciclo de manifestaciones contra el gobierno de Maduro. Este año marcó el inicio de la criminalización del derecho a la protesta y dejó una huella de 43 víctimas, muchas de ellas estudiantes.

Tres años después, en 2017, llegó el ciclo más largo y letal, donde se enmarca la tragedia de los Pernalete. Durante cuatro meses, millones de venezolanos salieron a las calles tras la ruptura del hilo constitucional. La respuesta estatal fue una militarización extrema. Con 158 muertes, 2017 se convirtió en el símbolo del uso excesivo de la fuerza.

En 2019, tras la juramentación del gobierno interino de Juan Guaidó y un clima de alta tensión política, las protestas se reactivaron, especialmente en los sectores populares. De acuerdo con el registro del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), se documentaron 67 víctimas en un contexto de colapso de los servicios públicos y hambre.

Finalmente, tras las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, una nueva ola de indignación popular recorrió Venezuela. En pocos días, la violencia estatal se cobró la vida de 23 personas, según el registro de Monitor de Víctimas.

Esta sistematicidad es lo que ha llevado al país ante la Corte Penal Internacional (CPI) bajo el caso “Venezuela I”. El organismo mantiene bajo la lupa crímenes de lesa humanidad que incluyentortura, persecución y detenciones arbitrarias cometidas al menos desde 2014.

Mientras la justicia internacional avanza con la parsimonia de sus protocolos, Elvira y José Gregorio regresan a casa con el alma rota pero el paso firme. Saben que su lucha ya no es solo por el joven que cayó en Altamira, sino por cada una de las historias que el asfalto no ha podido olvidar. Llevan consigo una nostalgia permanente por el tiempo que no fue, pero como dice la señora Elvira: “Recordarlos con más amor y menos dolor… agradecer que los tuvimos por poco tiempo, pero ese tiempo fue maravilloso”.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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