El ingreso mínimo integral de 240 dólares anunciado por Delcy Rodríguez abrió un debate: ¿para qué alcanza realmente esa cantidad en un país donde el costo de la vida sube más rápido que cualquier ajuste?
Según el Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas), la canasta alimentaria familiar se ubicó en marzo de 2026 en 692 dólares. Esto significa que el nuevo ingreso solo cubre el 35% de lo que necesita una familia de cinco integrantes para alimentarse durante un mes.
Pero más allá de las cifras, están las historias: las compras reales en los mercados, los sacrificios diarios, la angustia de quienes deben estirar cada billete para no pasar hambre. Una cruda realidad que se repite en cada hogar venezolano.
Una quincena que se evapora en la cocina
El ingreso mínimo integral de 240 dólares equivale, en la práctica, a una lista de compras que apenas cubre 15 días para una familia de cuatro personas. “No hay lujos, solo lo básico para comer”, afirma Manuela Rodríguez, una trabajadora pública del estado Miranda que fue consultada por El Pitazo este 1 de mayo.
Con ese monto, ella compra: medio kilo de mantequilla (3,30 dólares); dos kilos de queso blanco (18$); medio kilo de café (8$); 400 gramos de leche en polvo (6,5$); tres kilos de arroz (6$); tres kilos de carne (36$); un cartón de huevos (8$); cuatro pollos en total (25$); dos kilos de pasta (6$); un paquete de sal (0,5$); un kilo de azúcar (2$); un litro de aceite (4$); aliños, frutas y hortalizas (25$); granos (8$); una mayonesa (3,3$); una salsa de tomate (2$); cuatro latas de sardinas (6$); dos mortadelas de pollo (8$) y cereal (3$).
A eso se suman dos kilos de harina de maíz (2,4$); un kilo de queso paisa (9$); un paquete de avena (2,5); uno de galletas (2,5); un paquete de harina de trigo (3 dólares); así como un jabón para lavar ropa (6); artículos de higiene personal (21$) y de limpieza del hogar (15$).
En total, la compra asciende a 240 dólares, sin incluir medicinas, transporte, servicios públicos, ropa, emergencias ni ningún gasto adicional. Es decir, el ingreso mínimo integral se consume por completo en alimentos y productos básicos, dejando a las familias sin margen para cubrir el resto de sus necesidades mensuales.
Cuando trabajar no garantiza comer
En Charallave, otra trabajadora pública que viaja a Caracas de lunes a viernes hace su propio cálculo. Ella tiene tres hijos y, además, asume parte de los gastos de sus padres.
Con 240 dólares puede comprar pequeñas porciones de carne, pollo, huevos, queso, harina, café, azúcar, arroz, pasta, granos y algunos productos de higiene. Solo en servicios públicos gasta 40 dólares y en pasajes para ir a su trabajo 75 dólares. Su lista lo dice todo: no alcanza para vivir y trabajar al mismo tiempo.
Para los adultos mayores, la situación es aún más dura. Josefina Meléndez, pensionada y residenciada en Caracas, explica que sus pastillas para la tensión cuestan 35 dólares al mes. Si recibe 70 dólares, le quedarían 35$ para comer.
Con eso podría comprar un kilo de carne, uno de queso, un pollo, dos kilos de harina y dos latas de sardinas. Nada más. Su testimonio resume la fragilidad de quienes dependen de un ingreso que no cubre ni la salud ni la alimentación.
La pensionada María Villalobos, de 72 años, vive la misma realidad. Reside en Maracaibo, estado Zulia, y su pensión está por debajo de sus gastos.
“Si compro todos los medicamentos que necesito en un mes paso los 70 dólares, una sola medicina me cuesta 25 dólares. Si no es por mi hija, que tengo 8 años que no la veo, no pudiera sobrevivir en Venezuela”, dijo la adulta mayor a El Pitazo.
Obligada a buscar otros ingresos
A la docente Miriam Rojas el ingreso mínimo integral de 240 dólares le alcanza para la comida de 10 días de su familia, entre proteínas, víveres, artículos de higiene, verduras y algunas frutas. Si alguno de los cuatro miembros del grupo familiar se enferma, se descuadra el presupuesto.
“Eso sólo alcanza para una semana de comida, entre carne, pollo, víveres, verduras y una que otra fruta, incluyendo el queso. Eso, si comemos carne o pollo todos los días”, asegura la maestra, que reside al oeste de Maracaibo.
El resto de los días le toca cubrirlo con el trabajo extra que tiene de tareas dirigidas y estirar los alimentos para llegar hasta final de mes. “Necesitamos mínimo tres ingresos mínimos de lo que habla Delcy para poder sobrevivir, del resto nos toca pasar hambre”, remarcó.
El bono de 24.000 que recibió el viernes 30 de abril por el Sistema Patria ya lo gastó. “Compré algunos víveres y verduras. Ni miré para las carnes, porque no me alcanzaba”, dijo.
La pregunta que queda en el aire
Las historias coinciden: 240 dólares no alcanzan para vivir con dignidad. No cubren la canasta alimentaria, no cubren los servicios, no cubren el transporte, no cubren las medicinas.
La pregunta que queda es la misma que se hacen miles de familias: ¿Cómo se supone que se vive con un ingreso que solo cubre un tercio de lo necesario para comer?
Mientras no haya un ingreso que acompañe el costo real de la vida, la respuesta seguirá siendo la misma en cada hogar: sobrevivir implica renunciar, ajustar y resistir.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973