Lapatilla


Las fechas del 19 de Abril de 1810 y el 5 de Julio de 1811 constituyen el proceso genésico que determinó la vocación republicana del pueblo venezolano. Los poderes formales de la República están conformados por la tradicional tríada del poder ejecutivo, legislativo y judicial, independientes y, a la vez, vinculados entre sí, con su función de contrapeso y equilibrio para evitar el abuso de poder.
Nosotros hemos insistido en que el destino histórico que nos corresponde es el de ser una república, forma escogida de organización del Estado, acompañada de un sistema democratico de gobierno.
Además de los poderes formales, existen los que se han denominado poderes reales, cuyas fuentes se han venido decantando, especialmente desde 1930.
El brillante académico Oscar Vallés se propuso el reto de investigar, analizar y esclarecer la realidad de un hecho incontrovertible: la férrea concentración del poder que logró acometer Hugo Chávez, con la idea de comprender el fenómeno en toda su magnitud.
Para emprender su trabajo de análisis, lo primero que hizo fue acotar el estudio dentro del periodo comprendido entre los años 2002 y 2006.
Delimitó 4 fuentes reales, no formales, del poder. Cada vez que surge una nueva fuente de poder, se produce un cambio estructural profundo en la configuración política del país. Cada fuente es, al mismo tiempo, creadora de una nueva estructura de autoridad y obligación, como le gusta al autor llamar al Estado.
La primera fuente de poder real es la administración de la violencia: el monopolio de la fuerza legítima, en su fase pretoriana, utilizado por los caudillos a partir de 1830 hasta Gómez, en 1930, quien profesionalizó el ejército y fundó las bases del Estado moderno.
Chàvez descubrió y aprendió de los sucesos desencadenados el 11 de abril de 2002 que la Fuerza Armada, configurada por un sistema de méritos y lealtad a la Constitución, no le era favorable a su propósito de gobernar con puño de dictador. Desde ese momento decidió purgarla. Los peores asumieron los puestos de mando y la degradó hasta convertirla en una Fuerza Armada chavista.
Recordemos que el 11 de abril ordenó ejecutar el Plan Ávila, que implicaba disparar contra manifestantes pacíficos. Los generales y almirantes desobedecieron sus órdenes matonescas y el teniente coronel se vió en la necesidad de renunciar.
A lo anterior se une una segunda fuente real de poder político, denominada providencial, como es la fuente de financiamiento petrolero, no dependiente de la sociedad. El narcogobernante decidió tomar Pdvsa, botar a 23.000 técnicos petroleros -un ecocidio laboral sin precedente- y utilizarla como caja chica para financiar la dominación de la sociedad y expandir el comunismo a otras naciones.
Eso le aporta una enorme cualidad de poder político y no le rinde ninguna cuenta a la sociedad. Engrosa y refuerza, más bien, la primera fuente de poder real: la administración de la violencia.
Debemos decir que el dictador Juan Vicente Gómez se sirvió personalmente del petróleo, pero no destruyó la industria petrolera, sino que la desarrolló.
A principios de los años cuarenta surge la tercera fuente de poder político real, denominada “respaldo popular”. Se constituyen las primeras asociaciones civiles, los sindicatos, Fedecámaras, la CTV y los colegios profesionales; se fundan los primeros partidos políticos. Surge la Generación del 28, el trienio adeco y la apertura del medinismo, proceso que se consolidó en 1958.
Antes de esta fecha, dos fuentes de poder político real dominaban la escena: la administración de la violencia y el financiamiento petrolero. A partir de 1958, el respaldo popular pasa a ser la fuente del poder público por excelencia, con capacidad de producir cambios políticos profundos.
La cuarta fuerza de poder real surge en los años ochenta y noventa: la era de las matrices de opinión y de la influencia de los dueños de los medios; el gran poder de la opinión pública.
El 11 de abril, las pantallas de las televisoras se dividieron en dos. Chávez aprendió la lección: cerró y confiscó Radio Caracas Televisión, junto con 57 emisoras y la sede de El Nacional. Promovió las antidemocráticas asambleas plebiscitarias. Desvirtuó el respaldo popular manipulando a su antojo el Consejo Nacional Electoral, y no hubo más elecciones limpias. Creó la más fastuosa red clientelar de las misiones.
La hegemonía de Chávez logró identificar las 4 fuentes reales del poder y ponerlas a su servicio.
El reto del futuro inmediato es institucionalizar de manera sólida el respaldo popular, junto con las otras fuentes directas de poder, al servicio de la sociedad y del bien común.
¡Libertad plena para los presos políticos!
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973