Equipo de corresponsales
El regreso a clases en las zonas menos afectadas por los terremotos del 24 de junio estuvo lejos de significar una vuelta a la normalidad. Aunque el Ministerio de Educación ordenó reanudar las actividades escolares este lunes 6 de julio y extendió el calendario académico para recuperar los días perdidos, en numerosos planteles del país las aulas permanecieron prácticamente vacías. El miedo de los padres a nuevos colapsos de infraestructura pesó más que el llamado oficial.
La tragedia, que dejó al menos 3.535 fallecidos y 16.740 heridos, sigue marcando la rutina de miles de familias. Mientras las autoridades mantienen suspendidas las clases en La Guaira y Caracas, así como en algunos municipios de Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón, donde continúan las labores de atención de la emergencia, en otras regiones el regreso estuvo acompañado por incertidumbre y ausentismo.
En el municipio Guaicaipuro, en los Altos Mirandinos, muchos representantes decidieron no enviar a sus hijos a clases por considerar que aún no existen garantías sobre las condiciones de los planteles.
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«Me da temor que pase algo y mi hijo esté en el colegio. Hay instituciones que luego de los terremotos han colapsado y eso me genera mucho terror porque estoy convencida de que no han revisado bien las infraestructuras», contó Mayerlis Morillo, madre de un estudiante de cuarto grado.
Una docente del mismo municipio, cuyo hijo cursa segundo grado en la institución donde trabaja, explicó que los propios representantes acordaron culminar el año escolar de manera remota, al considerar que solo restan actividades de cierre y que la seguridad de los niños debe prevalecer.
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Retornar con seguridad
El panorama fue similar en Los Teques. Representantes consultados por El Pitazo aseguraron que en algunos salones no asistió ningún estudiante y que la mayoría de las familias optó por esperar hasta conocer los resultados de las inspecciones técnicas.
En uno de los colegios de la ciudad, docentes decidieron no retomar las actividades al detectar grietas en salones y en la entrada principal del plantel, pese a que la Zona Educativa insistió en recibir estudiantes aunque la asistencia fuera mínima.
Hasta ahora, las autoridades han inspeccionado 34 de los 72 planteles existentes en la capital mirandina, una cifra que para muchos representantes resulta insuficiente para disipar el temor.
En los Valles del Tuy también predominó el ausentismo. Padres consultados señalaron que esperarán informes técnicos que certifiquen la seguridad de las instalaciones antes de permitir el regreso de sus hijos a las aulas.
La preocupación también fue expresada por el secretario de Organización de la Federación Venezolana de Maestros en Miranda-Tuy, René Zapata, quien cuestionó que se ordenara el reinicio de actividades sin que cada escuela cuente con una evaluación estructural certificada por especialistas y Protección Civil. A su juicio, una inspección visual no es suficiente para garantizar la seguridad de estudiantes y docentes.
La posición coincide con la asumida por la Federación Venezolana de Maestros (FVM), que un día antes del reinicio de actividades exigió que no se obligara a retomar las clases sin evaluaciones técnicas, estructurales y de habitabilidad de cada plantel.
El gremio advirtió que permitir actividades en edificaciones sin certificaciones representa un riesgo para la comunidad educativa y sostuvo que cualquier eventual responsabilidad recaería sobre las autoridades que ordenaron el retorno sin las debidas garantías.
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El miedo llegó a las regiones
El temor también quedó en evidencia en otras regiones del país. En Aragua, Carolina Uzcátegui decidió mantener en casa a sus cinco hijos, quienes estudian en tres colegios distintos. «Prefiero tenerlos conmigo. Lo que vivimos el día de los terremotos fue demasiado fuerte y no quiero arriesgarlos», dijo.
En Zulia, aunque las clases comenzaron, los gremios docentes reportaron una asistencia muy por debajo de lo habitual y atribuyeron la ausencia al impacto emocional que aún persiste entre las familias. Además, solicitaron inspecciones preventivas en los planteles para ofrecer mayor tranquilidad a representantes y trabajadores.
La misma escena se repitió en Lara y Yaracuy, donde la mayoría de los estudiantes no acudió a clases pese a que el personal docente sí asistió a las instituciones. Dirigentes gremiales respaldaron la decisión de las familias y plantearon culminar el año escolar con actividades a distancia, recordando que restan pocos días para finalizar el período académico y que la prioridad debe ser la seguridad física y emocional de la comunidad educativa.
Desde Yaracuy, la profesora Milena Aguilar informó que en la institución educativa en la que labora el personal docente y administrativo sí asistió, pero los padres no enviaron a los alumnos: «Los profesores estamos aquí en la institución, pero los representantes no mandaron a los estudiantes (…) Ahorita vamos a hacer un rosario», dijo a El Pitazo.
En Lara, la profesora Lisbeth Yajure también confirmó que este 6 de julio apenas llegaron diez de los 250 estudiantes que conforman la plantilla de la escuela Omaira Sequera Salas, del municipio Palavecino. «Los representantes no quieren mandar a los niños por temor», consideró.
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Desde el sector gremial de Lara, el profesor Luis Arroyo declaró que respalda la prudencia de las familias y señaló que no se debe apresurar el retorno presencial sin antes cumplir con los requisitos mínimos de seguridad.
Como alternativa para culminar de forma segura el año escolar, Arroyo propone recurrir a la educación a distancia mediante tareas dirigidas y asesorías, una metodología viable que ya se aplicó durante la pandemia, dejando cualquier retroalimentación académica para el inicio del próximo ciclo escolar.
En Mérida, por su parte, este lunes solo se retomaron las actividades administrativas y el regreso de los estudiantes fue diferido para el martes 7 de julio. Aunque la entidad no sufrió daños por los terremotos, dirigentes del magisterio insistieron en que las escuelas antiguas requieren mantenimiento e inspecciones preventivas debido a que el estado se encuentra en una zona de alta actividad sísmica.
Mientras el Ministerio de Educación intenta normalizar el calendario escolar en las regiones menos afectadas por la emergencia, miles de familias siguen convencidas de que el verdadero regreso a clases solo será posible cuando exista la certeza de que las escuelas son espacios seguros.
Después de los terremotos del 24 de junio, para muchos padres la prioridad ya no es recuperar los días perdidos, sino garantizar que sus hijos regresen a las aulas sin poner en riesgo sus vidas.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973