Caracas comienza a recuperar su ritmo normal. Las calles y avenidas tienen más movimiento, hay más flujo de vehículos y peatones. Los centros comerciales, plazas y parques han ido sumando visitantes. Aunque la ciudad no es la misma, sus habitantes están decididos a continuar. Avanzar sin olvidar. A un mes del doblete sísmico, los caraqueños vuelven a los lugares que los hacían sentir felices y seguros. Hoy vuelven para sentir, aunque sea por un par de horas, que todo está bien. Pero saben que ya nada será igual.
Dependiendo de la zona, Caracas está más o menos “normal”, aunque el concepto de normalidad cambió desde el terremoto. A simple vista, la ciudad se ve como si nada hubiera pasado; sin embargo, solo basta subir un poco la mirada a la fachada de edificios para notar las grietas y ladrillos expuestos que recuerdan que hace un mes el suelo se movió con fuerza y en cuestión de segundos muchos perdieron, en el mejor de los casos, sus hogares.

El primer mes del terremoto coincidió con el fin de semana largo por el feriado del 24 el julio y los 459 años de Caracas.
En el centro comercial Sambil Chacao, uno de los más concurridos de la ciudad, el movimiento de visitantes es muy similar al que había antes de los sismos del 24 de junio. Sus pasillos y escaleras están llenos de personas. Muchos aprovechan la rebaja de inicial de Cashea para comprar algún objeto que necesitaban o simplemente darse un capricho. Otros optan por ponerse al día con la oferta cinematográfica con películas como Toy Story 5 o La Odisea, aunque las funciones no están llenas.


A diferencias de los cines, las mesas en las dos ferias del centro comercial están llenas. Familias, parejas y grupos de amigos disfrutan de la oferta gastronómica. Incluso, una celebración de cumpleaños con torta y todo hay.
En el centro comercial Líder, en La California, el panorama es similar, pero con algunas diferencias. Aunque la feria y el cine acumulan la mayor cantidad de visitantes, en su mayoría familias con niños, los otros pisos permanecen vacíos. Son pocas las personas que recorren los pasillos. Algo que ayudó a darle movimiento al centro comercial fue una actividad de bienestar y meditación, cuyos participantes eran en su mayoría personas de la tercera edad.

“Hemos ido a algunos centros comerciales. A partir de la semana pasada empezamos a notar una afluencia un poco mayor de gente, también hemos notado que muchos centros comerciales todavía mantienen espacios como centros de acopio para que la gente pueda ayudar mientras se recrea, aunque hemos visto esos espacios un poco vacíos”, dice Ariana Irady, quien considera que muchos quieren seguir ayudando pero también distraerse. “La gente quiere desconectarse un poco, pero sin olvidarse de lo que está pasando”, agrega.
Trasnocho Cultural, en el centro comercial Paseo Las Mercedes retomó actividades el 16 de julio, sólo en sus salas de cine.

Menos gente, menos ventas
A diferencia de los centros comerciales, los parques y algunas plazas presentan menos visitantes, lo que impacta directamente en la actividad comercial de estos espacios. Esto es algo que viven los kioscos y vendedores en el parque del Este, que esta semana pasada abrió nuevamente al público.
Los espacios del Parque Generalísimo Francisco de Miranda, conocido como Parque del Este, se sienten vacíos. Para ser fin de semana, son pocas las personas que recorren sus caminerías y jardines. Hay mucho silencio. La mayoría de los asistentes se concentra en la parte norte del parque, la más cercana a la entrada de la Av. Francisco de Miranda.


Son pocos los vendedores ambulantes que ofrecen bebidas, helados y dulces. También muchos de los kioscos a lo largo de las caminerías permanecen cerrados, mientras que los pocos abiertos no han vendido muchos. “La cantidad de gente que está viniendo no es la misma que antes. Muchos aún tienen temor de salir o lo hacen con cautela. Las ventas han estado muy flojas porque este es un lugar turístico y todo turismo está un poquito flojo”, dice Ramón Camacho, comerciante del Parque del Este.
Los pocos visitantes que eligieron el Parque del Este, que durante la primera semana después del terremoto sirvió de refugio transitorio para quieres perdieron sus hogares y albergó hasta la semana pasada el hospital de campaña de la Cooperación Española, intentan retomar poco a poco sus salidas familiares. “Antes del terremoto trataba de venir pero no lo hacía tanto. Hoy decidí hacerlo porque hay que distraer la mente de todo lo que hemos pasado estos días. Todos estamos liberando todos los malos pensamientos que tenemos por el trauma vivimos en el parque, escuchando la naturaleza para que todo vuelva a fluir”, asegura Wilson Yépez.

Cerca de las canchas y el planetario, donde estuvieron las carpas del campamento transitorio, algunas familias hacen picnic o juegan voleibol. Aunque están felices de poder volver, sienten el parque diferente. “No lo veo como siempre. Antes del terremoto venía mucha más gente de la que hay hoy, pero a pesar de todo se ve que las personas poco a poco están acercándose”, dice Nancy García, quien decidió acudir con su hija y nietos.
Al otro lado de la ciudad, en Sabana Grande la lluvia dispersó a quienes recorrían el bulevar; sin embargo, los vendedores informales optaron por cubrir su mercancía. No pueden darse el lujo de retirarse, las ventas no han estado muy bien en las últimas semanas, cuenta un comerciante prefirió no identificarse.

Hacia el centro de la ciudad el panorama es variado. En la Candelaria, los restaurantes, panaderías y otros locales comerciales tienen mucho más movimiento de personas. En la plaza, grupos de hombres jóvenes hacen ejercicio, y cerca de la iglesia pequeños grupos de adultos mayores toman café y conversan para pasar la tarde.
Hacia la Hoyada, la plaza Bolívar y la plaza El Venezolano están vacías. Los grupos de adultos mayores que suele reunirse en esos lugares para bailar salsa o pasar la tarde no están. El aguacero que cayó sobre el oeste de la ciudad pudo ser el responsable.


Aunque Caracas no se siente igual, y probablemente no vuelva a ser así en mucho tiempo, sus habitantes quieren avanzar, seguir adelante sin olvidar lo que pasó el 24 de junio.
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