El proyecto del puerto Puerto Barú, ubicado en la provincia panameña de Chiriquí, ha desatado una disputa entre dos poderosos empresarios estadounidenses. Louis Bacon, dueño de un exclusivo resort ecoturístico en la zona, se enfrenta a John McKeown, director de Ocean Pacific Investments, quien busca transformar el área en un estratégico nodo logístico. La decisión final sobre este puerto comercial, con una inversión de 260 millones de dólares y ubicado al sur de la ciudad de David, en la costa pacífica, está ahora en manos de la Corte Suprema de Panamá.
El origen del conflicto
El enfrentamiento surgió cuando varias organizaciones sin fines de lucro impugnaron la aprobación ambiental otorgada a Ocean Pacific Investments. Estas agrupaciones argumentan que el proyecto afectaría una frágil zona de manglares, a pesar de que sus promotores aseguran que será gestionado bajo estándares ecológicos y que aliviaría la carga de los puertos de Ciudad de Panamá.
Los protagonistas y sus intereses
Tanto Bacon como McKeown afirman actuar en beneficio de Panamá, aunque ambos son ciudadanos estadounidenses que han aprovechado las oportunidades del país para expandir sus negocios.
- **Louis Bacon**: Propietario de Islas Secas, un lujoso complejo ecoturístico situado a 48 kilómetros al suroeste del lugar donde se construiría el puerto. Las tarifas en este resort superan los 3.500 dólares por noche. Bacon ha reconocido que el dragado para el proyecto podría generar impactos en cadena, pero insiste en que su oposición no busca proteger su negocio.
*Realizamos jornadas de siembra y rehabilitación de suelos degradados en áreas del proyecto, junto a CIFEm y cuatro organizaciones viveristas chiricanas integradas en ANREVA.*
Además, ha financiado a ONG ambientalistas y un estudio de impacto ambiental en la zona. Según Bloomberg, Bacon, de 70 años, es el 70° mayor terrateniente en Estados Unidos y ha colocado el 94 % de sus propiedades bajo figuras de conservación que impiden desarrollos futuros.
- **John McKeown**: Residente parcial en Panamá, su interés por Chiriquí nació durante una excursión de pesca, donde identificó las dificultades logísticas de las embarcaciones para abastecerse. McKeown, ex corredor inmobiliario y dueño de infraestructuras logísticas, no tiene experiencia previa en la construcción de puertos comerciales. No obstante, asegura que su proyecto será la mayor inversión privada en la historia de la provincia y generará más de 1.100 empleos.
*Si creyera que Puerto Barú causaría un daño significativo a una parte de Panamá, un país que no solo amo sino al que llamo hogar, nunca habría dedicado mi tiempo ni mis recursos al desarrollo de este proyecto.*
Su empresa ha prometido adoptar todas las medidas necesarias para minimizar cualquier impacto negativo y ha aclarado que no operará el puerto directamente, sino que buscará una alianza con un operador especializado. Mientras tanto, Ocean Pacific Investments ha demandado por calumnia y difamación a dos ONG opositoras, quienes, a su vez, denuncian que sus cuentas han sido congeladas por orden judicial.
El impacto ambiental en debate
La construcción de Puerto Barú implicaría la remoción de aproximadamente 9 millones de metros cúbicos de sedimentos, lo que pondría en riesgo los manglares, las tortugas marinas y los arrecifes del Golfo de Chiriquí.
La postura del Gobierno
El ministro de Ambiente de Panamá, Juan Carlos Navarro, ha señalado que su cartera está obligada a respetar la aprobación ambiental concedida al proyecto durante la administración anterior. No obstante, ha reafirmado que acatará la decisión de la Corte Suprema. Aunque no se pronunció sobre la demanda de Ocean Pacific contra las ONG, Navarro ha expresado su preocupación personal:
*En el Ministerio de Ambiente valoramos y promovemos una participación ciudadana activa y sólida, así como las contribuciones de la sociedad civil y de la comunidad científica a la gestión ambiental.*