El ministro de Finanzas francés, Roland Lescure, lanzó una advertencia contundente: el país corre el riesgo de precipitarse al vacío si no logra contener su déficit presupuestario. Sus declaraciones llegan en un momento crítico para la economía gala, que muestra signos de debilidad crecientes.
La economía francesa en caída libre
El Producto Interno Bruto (PIB) de Francia se contrajo un 0,1 % durante el tercer trimestre de este año, tras un estancamiento en primavera y una tendencia a la baja registrada desde principios de 2026. Esta situación ha encendido las alarmas en el gobierno.
"El crecimiento lleva tres trimestres estancado. La conclusión es clara: en 2026, la economía francesa quedará paralizada por una combinación sin precedentes de crisis externas e internas, como la ola de calor y las tensiones en el estrecho de Ormuz. Urge reactivarla", explicó Lescure.
Medidas urgentes para evitar el desastre
Ante este escenario, el ministro subrayó la necesidad de recuperar la confianza de los actores del mercado. Entre las prioridades inmediatas destacan:
- La aprobación de un presupuesto nacional, sin el cual, según advirtió, Francia "chocará contra un muro"
- La reducción de los precios del combustible
- Un pacto de estabilidad para las empresas
Francia: ¿el nuevo 'hombre enfermo' de Europa?
Medios internacionales y referentes económicos ya han comenzado a referirse a Francia como el "nuevo hombre enfermo de Europa", un término histórico que en el siglo XIX se usó para describir al decadente Imperio otomano y que hoy se aplica a potencias en estancamiento. El pasado 25 de octubre, el medio *Politico* alertó que la segunda economía de la Unión Europea (UE) está atrapada en "un círculo vicioso de crisis fiscales y sociales que se retroalimentan".
"Francia está al borde de una crisis financiera", advirtió el ex primer ministro Michel Barnier, insistiendo en la necesidad de "enviar una señal clara a los mercados".
El gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu enfrenta un dilema complicado: su presupuesto para 2027 ya contempla recortes por 43.000 millones de euros. La disyuntiva es clara: aumentar el endeudamiento para apaciguar las protestas sociales o esperar a que la situación se calme por sí sola.
"Tenemos un cuchillo en la garganta y podemos sentir las gotas de sangre en nuestra yugular", confesó a *Politico* un ministro francés bajo condición de anonimato.