El triunfo electoral del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil ha detenido la incorporación del país al Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por el exmandatario estadounidense Donald Trump. Este plan busca, en teoría, combatir el narcoterrorismo, el crimen organizado y la migración irregular, con el apoyo de gobiernos de derecha en la región.
La postura de Lula frente al proyecto
Durante la campaña, el líder del Partido de los Trabajadores (PT) fue consultado sobre este programa de índole militar, al que se han unido casi todos los países vecinos de Brasil. En su respuesta, Lula criticó con dureza:
"Es triste el complejo de inferioridad de los presidentes de América Latina, que pasan la vida esperando que Estados Unidos llegue a salvarlos, sin que eso nunca ocurra".
La visión del candidato Flávio Bolsonaro, en cambio, apuntaba a una integración total de Brasil en esta coalición de seguridad hemisférica promovida por Washington, como lo había expresado en varias oportunidades.
Promesas que se desvanecen
En septiembre de 2025, Bolsonaro declaró en una transmisión en redes sociales:
"Brasil se sumará al Escudo de las Américas a partir del próximo año. Yo me encargaré de que el país se una a esas naciones que luchan contra el narcoterrorismo".
Esta intención fue reafirmada en una videollamada con el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, donde aseguró:
"Llego con gran entusiasmo y honor para formar parte del Escudo de las Américas, colaborando con Colombia y otros países que deseen unirse en la lucha contra las facciones narcoterroristas".
El silencio de Milei y el impacto en la región
El senador Bolsonaro había prometido que, al llegar a la presidencia, buscaría declarar como organizaciones terroristas a los principales grupos criminales de Brasil. Además, planeaba fortalecer la cooperación con Estados Unidos y otros países latinoamericanos para combatirlos.
Sin embargo, su derrota electoral truncó estos planes, que coincidían con la designación de Washington en junio pasado, cuando clasificó como "grupos terroristas" a las organizaciones brasileñas Primer Comando de la Capital (PCC) y Comando Vermelho (CV). Analistas interpretaron esta medida como una estrategia de EE.UU. para extender su influencia en la región bajo el pretexto de combatir a estas facciones.
Durante la campaña, Bolsonaro criticó la postura de Lula, quien se opuso a que el PCC y el CV fueran etiquetados como terroristas. El mandatario argumentó que estos grupos debían ser enfrentados bajo las leyes brasileñas contra el crimen organizado:
"No acepto que las facciones delictivas sean consideradas terroristas, como afirma Trump"