Una pareja fue arrestada en el estado de Virginia Occidental, Estados Unidos, tras ser acusada de someter a tres niños huérfanos a prolongados abusos físicos y psicológicos. Los hechos se desarrollaron en una residencia de Evans, donde los menores sufrieron golpes, vejaciones y amenazas de muerte si intentaban revelar su calvario.
Los acusados y el testimonio de las víctimas
Según el New York Post, que citó a la Oficina del Sheriff del condado de Jackson, los implicados son Erica Lynn Sayre, de 45 años, y su esposo, Clifford Gale Sayre, de 46. El sheriff Ross H. Mellinger definió el hogar como una verdadera "casa de los horrores".
Los niños declararon ante las autoridades que eran víctimas de palizas, estrangulamientos, privación de alimentos, agua y acceso al baño. Además, relataron que sus cuidadores les arrojaban arena sucia de gatos sobre sus camas y colocaban excrementos de perro entre sus pertenencias. También mencionaron que la pareja se burlaba de ellos por la muerte de sus padres biológicos.
Brutales castigos y señales físicas
Las investigaciones revelaron que Erica era la principal responsable de los ataques físicos, que en ocasiones causaban heridas graves con sangrado. Como método de castigo, obligaba a los menores a correr descalzos sobre un camino de grava. Uno de los niños contó que Clifford le sujetó las manos mientras su esposa le cortaba el cabello a la fuerza con una cuchilla, provocándole lesiones visibles.
Los exámenes médicos confirmaron que los menores presentaban múltiples cicatrices coincidentes con sus testimonios.
"No puedo volver a esa casa"
"Solo quiero una vida normal"
Estas fueron las palabras de dos de las víctimas, quienes fueron rescatadas y puestos a salvo.
Cargos presentados
Erica enfrenta tres cargos por abuso infantil con lesiones corporales y otros tres por negligencia infantil con riesgo de lesiones. Clifford, por su parte, está acusado de tres cargos de negligencia infantil con lesiones y otros tres por poner en peligro la integridad de los menores.
El sheriff Mellinger calificó los resultados de la investigación como "profundamente preocupantes" y subrayó la necesidad de denunciar cualquier sospecha de maltrato infantil.