La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil dejó un resultado ajustado: Flávio Bolsonaro superó a Luiz Inácio Lula da Silva con un 47,03 % frente al 45,16 %. Ahora, con el balotaje a la vuelta de la esquina, las encuestas señalan un empate técnico entre ambos candidatos. Sin embargo, hay un sector de la población que marca la diferencia: los evangélicos, un grupo demográfico que no para de crecer y que, según datos de la encuestadora Quaest, respalda al senador Bolsonaro con un 60 % de intención de voto, mientras que Lula apenas logra un 28 %.
Esta realidad no es nueva. Se ha consolidado con los años, especialmente durante el gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2023). Según el politólogo Ignacio Pirotta, el acercamiento entre el evangelismo y la derecha política comenzó a afianzarse en 2013, tras dos hechos clave: la decisión de la Corte Suprema a favor del matrimonio igualitario y la politización de la Marcha por Jesús de ese mismo año. Desde entonces, la familia Bolsonaro ha cultivado una relación cercana con este sector.
La conexión cultural y religiosa
Pirotta explica que el bolsonarismo ha sabido capitalizar mejor los valores evangélicos, imponiendo una agenda cultural que sus seguidores denominan *guerra cultural*. Los evangélicos, que hoy representan más de una cuarta parte de la población brasileña, han dejado de ser un grupo mayoritariamente pobre para ganar presencia en la clase media, donde su apoyo a los Bolsonaro es más notable.
"Los evangélicos en Brasil comenzaron en los sectores más pobres, pero hoy tienen una gran presencia entre los sectores medios. Es ahí donde se nota más la convergencia de distintos segmentos en el voto a favor de los Bolsonaro", señala el experto.
La conexión no es solo retórica. Tanto Jair Bolsonaro como su hijo Flávio han dado pasos simbólicos para reforzar su vínculo con esta comunidad. En enero de 2026, Flávio compartió en redes sociales su bautizo en las aguas del río Jordán, en Israel, junto a su esposa:
"Ya éramos bautizados, pero ni el agua helada nos detendría para renovar nuestra alianza con Dios, descendiendo a las aguas del río Jordán, en el mismo lugar donde Jesús Cristo fue bautizado".
Este tipo de gestos no pasa desapercibido. Incluso el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha expresado su esperanza de que Flávio Bolsonaro gane las elecciones, lo que, según él, fortalecería la influencia de Tel Aviv en América Latina.
El poder evangélico en el Congreso
Más allá del apoyo electoral, los evangélicos han logrado consolidar su propia bancada en el Congreso brasileño, un espacio clave para la toma de decisiones. Según Pirotta, esta bancada, aunque transversal a varios partidos, ha tenido mayor capacidad para bloquear iniciativas —como proyectos sobre derechos de las mujeres o salud sexual— que para proponerlas.
"El poder evangélico canalizado por las iglesias y expresado en la bancada evangélica en el Congreso ha mermado, pero quienes mantienen sus escaños seguirán fieles a la derecha", advierte el politólogo.
Y añade: "En caso de que Bolsonaro gane, la bancada evangélica estará con él, independientemente de que hayan perdido algo de espacio en el Congreso".
¿Y Lula? Un camino difícil
Aunque el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula ha logrado captar algunos votos evangélicos, sigue siendo un terreno complicado. Pirotta destaca que hay un *desencuentro* entre los valores del PT y los de los evangélicos populares, especialmente en temas como el emprendimiento, la teología de la prosperidad o la visión negativa del Estado.
Un ejemplo claro es el caso del pastor Otoni de Paula, quien tras siete años en el Parlamento y ser un feroz opositor de Lula, decidió apoyar su candidatura. Su declaración fue contundente:
"El evangélico que vota diferente está siendo excomulgado por sus propios hermanos. Eso no es fe, es odio usando la Biblia como escudo".
El resultado no se hizo esperar: perdió su escaño. "Los evangélicos ya votan por el PT, pero en menor medida", reconoce Pirotta, quien subraya que el desafío para Lula sigue siendo enorme en este sector.