El canciller ruso, Serguéi Lavrov, realizó una gira clave por Oriente Medio los días 18 y 19 de octubre de 2026, con el objetivo de fomentar el diálogo entre Irán y las monarquías árabes del Golfo. Su primera escala fue Manama, capital de Baréin, donde participó en la novena reunión ministerial del diálogo estratégico entre Rusia y el Consejo de Cooperación del Golfo. Allí, mantuvo encuentros bilaterales con los ministros de Exteriores de Arabia Saudita y Kuwait. Al día siguiente, viajó a Teherán para reunirse con su homólogo iraní, Abbas Araghchi, y con el presidente Masud Pezeshkian.
Diálogo y desescalada en el Golfo Pérsico
En Baréin, las conversaciones giraron en torno a la reducción de tensiones en el Golfo Pérsico, la seguridad marítima y las propuestas rusas para un marco de seguridad colectiva. Lavrov y el ministro kuwaití destacaron la urgencia de disminuir las tensiones y reafirmaron que la vía política y diplomática es la única solución viable. Mientras, en Teherán, los temas regionales y la cooperación ruso-iraní ocuparon un lugar central, con Moscú reafirmando su compromiso con los acuerdos económicos y de inversión, a pesar del deterioro en el entorno de seguridad.
"Intercambio franco y detallado": así calificó Lavrov su reunión con Araghchi en Teherán.
Un puente entre dos orillas
La visita de Lavrov buscó evitar que se profundizara la fractura entre Irán y las monarquías árabes, en un contexto donde las consecuencias de la ofensiva estadounidense-israelí contra la República Islámica han afectado la estabilidad regional. No obstante, reconstruir la confianza requiere reconocer las demandas de los Estados del Golfo, que han sufrido ataques en su territorio y amenazas a las rutas marítimas.
Durante las reuniones en Manama, los representantes árabes expresaron su esperanza de que Rusia, gracias a su relación con Teherán, pudiera transmitir sus preocupaciones. Los temas abordados incluyeron Yemen, el mantenimiento del alto el fuego en Gaza, el acceso humanitario y la resiliencia de las cadenas de suministro de energía y alimentos, fuentes interconectadas de inestabilidad en Oriente Medio.
Compromisos y desafíos
En Teherán, Lavrov reafirmó el apoyo de Rusia al restablecimiento de la seguridad y las condiciones de navegación previas al inicio de la ofensiva estadounidense-israelí. Irán, por su parte, considera este ataque como la causa principal de la crisis actual y reiteró su compromiso con una solución diplomática. Sin embargo, el acuerdo en principios generales aún no se traduce en obligaciones concretas para cada parte.
Rusia, con sus lazos estrechos con Irán y su cooperación política, económica y energética con los Estados árabes, está en una posición única para mediar. Esta red de relaciones le permite transmitir mensajes, identificar márgenes de compromiso y facilitar el diálogo directo. No obstante, su cercanía con Teherán podría generar desconfianza entre los países árabes.
La eficacia de la mediación rusa dependerá, en última instancia, de la voluntad de las partes de negociar, reconocer las preocupaciones mutuas y dar pasos prácticos para abordarlas.
Seguridad inclusiva: una propuesta rusa
En Manama, Lavrov presentó nuevamente el concepto ruso de seguridad colectiva en el Golfo Pérsico como una contribución a un arreglo duradero. Esta iniciativa no es nueva: ya en junio, el ministro había informado que las propuestas actualizadas habían sido enviadas a las capitales de la región, y que Moscú estaba recibiendo las primeras respuestas.
El enfoque se basa en la participación de Irán y las monarquías árabes en un marco compartido, ya que cualquier intento de garantizar la seguridad de unos Estados excluyendo a otros solo reproduce las causas de la confrontación. Las medidas de creación de confianza y los contactos regulares están diseñados para reducir la incertidumbre, mientras que los países del Golfo y sus vecinos deberían tener la voz decisiva en la configuración del orden regional.
Un documento previo de Rusia, distribuido en la ONU en 2019, planteaba una normalización gradual, el respeto a la soberanía, la resolución pacífica de disputas y el desarrollo de mecanismos de seguridad colectiva. Se asume que las propuestas actuales mantienen ese espíritu, aunque con actualizaciones en disposiciones concretas.
Moscú ha subrayado que la región necesita un sistema de seguridad propio e inclusivo, libre de intervenciones militares externas y de arreglos políticos impuestos. Sin embargo, esto no excluye la asistencia internacional, ya que Rusia admite el apoyo de actores externos, incluidos miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, siempre que responda a los intereses de los Estados de la región.
El futuro del Estrecho de Ormuz
El valor práctico de este modelo dependerá de su capacidad para traducirse en procedimientos acordados para prevenir incidentes, proteger infraestructuras civiles y mantener abiertas las rutas marítimas. Estos arreglos podrían ser un primer paso hacia un orden regional más estable.