🔴🔵 Venezuela en la encrucijada – EL NACIONAL

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Orden primero o libertad primero en el nuevo orden pos-Maduro

La historia raramente ofrece a las naciones una ruptura limpia con su pasado. Más frecuentemente plantea un dilema estratégico: reconstruir primero el orden y esperar que la libertad llegue después, o insistir en la libertad desde el inicio y aceptar la turbulencia que inevitablemente la acompaña.

Venezuela se encuentra hoy exactamente en ese punto.

Tras la captura de Nicolás Maduro a comienzos de 2026, muchos observadores anticipaban un desenlace predecible: la rápida instalación de la oposición democrática, el desmontaje del aparato chavista y una transición acelerada hacia elecciones libres.

Pero el guion tomó un giro inesperado.

En lugar de empoderar inmediatamente a la oposición encabezada por María Corina Machado, Trump respaldó un arreglo transitorio encabezado por Delcy Rodríguez, una figura profundamente vinculada al sistema que gobernó Venezuela durante más de dos décadas.

La decisión sorprendió a muchos partidarios del cambio democrático. Pero reflejaba un cálculo estratégico frío.

En Venezuela —un país cuyo Estado, economía y equilibrio político han girado históricamente alrededor del petróleo— la prioridad inmediata para Trump no era la legitimidad democrática, sino la estabilidad del Estado y la continuidad de la producción energética.

El resultado es algo nuevo: una transición “petróleo primero”, donde la seguridad energética y la continuidad institucional determinan la secuencia del cambio político.

Pero este enfoque entra en tensión directa con otra teoría de cambio defendida por María Corina .

En el fondo, la transición venezolana se ha convertido en un debate estratégico sobre una pregunta fundamental:

¿Qué debe venir primero: el orden o la libertad?

La secuencia autoritaria: orden antes que libertad

La primera teoría de cambio —respaldada implícitamente por Delcy Rodríguez y, en cierta medida, por la estrategia actual de Washington— sigue una lógica histórica conocida: primero estabilizar, luego democratizar.

El razonamiento es simple. Venezuela es hoy un Estado debilitado. Sus instituciones han sido erosionadas tras décadas de autoritarismo, su economía devastada por mala gestión y sanciones, y su aparato de seguridad profundamente entrelazado con el poder político.

En esas condiciones, argumentan sus defensores, la democracia no puede activarse simplemente por decreto.

La secuencia sería la siguiente:

Orden → Estabilidad → Paz

Bajo este modelo, la prioridad inmediata es evitar el colapso institucional. El Estado debe recuperar control territorial, garantizar continuidad administrativa y restaurar un mínimo funcionamiento económico.

Solo después podría abrirse el camino hacia reformas democráticas.

Para Washington, esta lógica resulta particularmente atractiva: busca una transición predecible, manejable y geopolíticamente estable.

Pero en el caso venezolano existe un elemento adicional que condiciona esta estrategia: el petróleo.

La transición petrolera primero

En Venezuela, la estabilidad política y económica dependen del mismo factor estructural: la producción petrolera.

El país posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, pero décadas de corrupción y mala gestión redujeron su producción a niveles mínimos.

Para Washington, el cálculo estratégico era claro: sin recuperación petrolera no hay estabilización económica, y sin estabilización económica la transición política colapsa.

Un colapso energético habría desencadenado una cadena de crisis: quiebra fiscal del Estado; estallido social; migración masiva; fractura militar; expansión de redes criminales.

Por ello surgió el enfoque de la transición petrolera primero: control institucional, recuperación petrolera, estabilización económica, y apertura política gradual

Este enfoque explica la decisión más polémica del nuevo escenario venezolano: el papel de Delcy Rodríguez.

Delcy Rodríguez como figura puente

Desde el punto de vista político, Rodríguez es una figura asociada al chavismo.

Pero desde el punto de vista funcional posee atributos clave para una transición funcional:

  • conocimiento del aparato estatal
  • relaciones con la jerarquía militar
  • experiencia en el sector petrolero
  • capacidad de mantener cohesión institucional

Para los planificadores estratégicos en Washington, estos factores pesaron más que las preocupaciones sobre su pasado ideológico.

Una transición liderada exclusivamente por la oposición democrática podría tener legitimidad, pero no necesariamente capacidad inmediata para controlar el aparato estatal, el poder real.

Delcy Rodríguez, en cambio, ofrece continuidad.

En ese sentido se convirtió en una figura puente entre el viejo sistema y el nuevo orden en construcción.

Pero esta lógica entra en conflicto directo con la teoría de cambio de la premio Nobel  de la Paz 2025, María Corina Machado.

La secuencia democrática: libertad antes que estabilidad

María Corina Machado contradice el modelo de estabilización autoritaria.

Su teoría de cambio invierte completamente la secuencia.

Para ella, una estabilidad que precede a la libertad no es paz verdadera, sino la institucionalización del miedo.

Su fórmula estratégica es clara:

Libertad → Democracia → Paz verdadera → Recuperación económica

María Corina sostiene que sin legitimidad democrática no puede existir estabilidad duradera.

Su hoja de ruta contempla tres fases:

  1. liberación política
  2. democratización institucional
  3. estabilidad democrática y recuperación económica

Este enfoque se basa en un argumento institucional: sin Estado de derecho ni instituciones legítimas, los grandes inversionistas no confían en la estructura que está en Miraflores y, en consecuencia, la recuperación económica fracasa.

Lecciones de otras transiciones

La historia ofrece ejemplos en ambos sentidos.

España (1977)
Tras la muerte de Franco, el régimen optó por una reforma controlada desde dentro del sistema. El resultado fue una transición gradual que culminó en democracia.

Corea del Sur (1987)
Las protestas masivas obligaron al régimen militar a aceptar elecciones democráticas, iniciando un proceso de transformación económica y política.

Chile (1988)
El plebiscito que puso fin a la dictadura de Pinochet combinó presión social con negociación institucional.

Polonia (1989)
La liberalización política precedió a la transformación económica. El movimiento Solidaridad forzó una apertura democrática que luego permitió reformas económicas profundas.

Estos casos sugieren que la secuencia de cambio importa profundamente.

El tablero estratégico venezolano

La transición venezolana puede entenderse como un juego estratégico entre cuatro actores principales:

María Corina Machado
Delcy Rodríguez
Washington
La Fuerza Armada venezolana

Cada uno tiene objetivos distintos.

Machado busca legitimidad democrática.
Rodríguez busca sobrevivir políticamente.
Trump busca estabilidad geopolítica.
La Fuerza Armada busca preservar su institución.

Este equilibrio genera una situación extremadamente frágil.

Un modelo estratégico del juego político

La dinámica actual puede analizarse usando la Teoría de Movimiento del politólogo Steven Brams.

Este enfoque no analiza decisiones aisladas, sino secuencias de movimientos estratégicos.

El estado inicial del sistema es un equilibrio inestable en el que:

Machado tolera la transición mientras espera elecciones
Rodríguez mantiene control estatal
Trump combina presión y cooperación
La Fuerza Armada protege su institución

Cada actor evalúa constantemente las posibles reacciones de los otros antes de actuar.

Si Machado moviliza masivamente la calle demasiado pronto, puede provocar represión militar.

Si Rodríguez congela la transición, la Casa Blanca podría activar sanciones o procesos judiciales.

Si la administración Trump presiona demasiado fuerte, podría provocar fracturas dentro del Estado venezolano.

El resultado es un equilibrio donde todos los actores se contienen mutuamente.

El punto de ruptura del régimen

El poder de Delcy Rodríguez se sostiene sobre tres pilares fundamentales:

  1. reconocimiento internacional funcional
  2. obediencia institucional de la Fuerza Armada
  3. control de la protesta social

Mientras esos tres pilares permanezcan intactos, el sistema puede sobrevivir.

Pero el equilibrio colapsa si dos de ellos fallan simultáneamente.

Las señales de ruptura incluirían:

  • sanciones o acciones judiciales más duras desde Washington
  • demandas públicas de garantías institucionales por parte del Ejército
  • protestas sociales masivas y coordinadas
  • ruptura del diálogo político

Si estos factores convergen, el sistema podría entrar en una fase de transición abrupta.

La pregunta que definirá el futuro de Venezuela

La transición venezolana gira en torno a una pregunta aparentemente simple: ¿orden primero o libertad primero?

Rodríguez y parte de la comunidad internacional sostienen que la estabilidad debe preceder a la democracia.

Machado sostiene lo contrario: que la libertad es la única base sobre la cual puede construirse una estabilidad auténtica.

La historia sugiere que la respuesta a esa pregunta determinará el destino de la transición.

Por ahora, la estrategia dominante parece clara.

En la política internacional hacia Venezuela, el petróleo es primero.

Si la democracia llega después —y cuándo— será la pregunta que definirá el próximo capítulo del país.

Porque en las transiciones políticas, como en la historia misma, la secuencia del cambio suele determinar el resultado final.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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