🔴🔵 Orestes Gómez: “El hilo conductor de mi carrera son los tambores venezolanos”

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No me fui porque quise, el nuevo disco del percusionista y productor Orestes Gómez, suena a urbanidad, a pueblos como Choroní o Barlovento, a orgullo ante la adversidad, a venezolanidad.

Es una obra llena de vitalidad en la que el sonido, atravesado por tambores venezolanos, se trabajó tanto que parece no tener costuras sino capas, una sobre otra, entre las que se encuentran géneros como el trap o el hip hop.

La idea del disco comenzó hace tres años, cuando el productor realizó tres temas | Cortesía

La portada, que presenta a un motorizado haciendo “caballito” con llamas en sus pies, es otra referencia a lo que le espera al oyente, un álbum que puede recordar a las calles de Caracas, o alguna otra capital latinoamericana, sin caer en la nostalgia del migrante. Es más bien una declaración de principios que apunta a que los venezolanos, donde sea que se paren, tienen una cultura que defender a pesar de algunos intentos de desdibujarla.

Ejemplos se hallan en temas como “Mata”, con la participación de Nina Fresh, en la que, con tambores detrás, la voz cantante afirma: “San Juan Guaricongo, que tiene la cabeza pela’, aléjame de esta gente que cree que yo me voy a dejar. Bendícelos. Que dejen su envidia y falsedad. Bautízalos con abrecamino. Que se vayan pa’ la playa a bañar”.

Factores como las giras con Rawayana o vivir en distintas ciudades influyeron en la demora del álbum | Cortesía

Otra con Mari La Carajita, titulada “PERO NAH”, dice: “Yo no soy violenta, pero soy veneca. No te preocupes, no te voy a matar si me fronteas. Lo más que puedo hacer es llamar a mi causa pa’ que sepas cómo se maneja un falso aquí en mi tierra”.

Lo ha dicho el propio Gómez, que se presentará en el Caracas Music Hall el primero de mayo. No buscó representar la nostalgia o la tristeza por vivir en México, lejos de su país, sino que la gente se llenara de energía al escucharlo sabiendo que no es cualquier cosa ser venezolano. “Que puedan conectar con su país. Lo fino es que si este disco lo escuchas, verás que no es nostálgico. No quería hacer el típico disco porque extraño a mi país. Se creó más bien pensando en ‘mira, soy venezolano y somos demasiado arrechos, y donde estemos en el mundo no se pueden meter con nosotros”.

El percusionista ha decicado gran parte de su carrera a investigar sobre los tambores venezolanos | Cortesía

Nacido en San Cristóbal, estado Táchira, la carrera del percusionista ha estado siempre influenciada por la música folclórica porque desde niño estuvo vinculado a los tambores gracias a que su padre realizaba investigaciones sobre el género y se reunía con interesados para mostrarles sus conocimientos. “Lo de fusionar géneros no ha sido sencillamente poner tambores y rap, sino conceptualizar todos los sonidos y los ritmos de los géneros para que de verdad se mezclen. Que no sea solo poner una cosa sobre otra y ya”, explicó el músico, que ha trabajado con artistas como Rawayana, Los Mesoneros, McKlopedia o Akapellah.

Repleto de featuring como con Ensamble B11 (“aguafresca”), Sabino, Fer Casillas y Ferraz (“Invierno”) o Micro TDH (“Cómo convencerme”), No me fui porque quise es el primer disco en el que Gómez ha estado cien por ciento en la producción. En trabajos anteriores, como hubo mucho jazz, incorporó canciones con músicos como guitarristas o pianistas; en cambio, en este él mismo ha hecho toda la música e incluyó solo los tambores. “Fue un proceso brutal para mí. Aprendí mucho de producción y a partir de ahí nació la idea del disco. En cuanto a las colaboraciones, siempre quise hacer un disco con muchos tipos de raperos y cantantes que aportaran al concepto del hip hop con tambores y música venezolana. Se trató de un proceso porque son mis panas, mis panas a través de los años”.

La portada, que presenta a un motorizado haciendo “caballito” con llamas en sus pies, es una referencia a lo que le espera al oyente | Cortesía

Fue muy selectivo en la curaduría de los invitados al disco, pues buscaba personas con proyectos que le gustaran y con un lenguaje muy venezolano, algo esencial para él porque le daría más peso a la música. A la mayoría ya los conocía, salvo casos como el de Mari La Carajita, a quien seguía con admiración por Instagram. Al venir a Caracas, le presentó el tema, ella lo escuchó, le encantó y lo grabó, con una “química increíble” por las cercanías en cuanto a visión artística. A Nina Fresh tampoco la conocía en persona, pero habían hablado en Instagram y se percataron de que compartían intereses por las raíces y el folclor y que tenían similitudes en cuanto a los inicios de sus respectivas carreras. Nina grabó el que sería el tema favorito de Gómez en el disco, “Mata”.

“El tema de la colaboración es importante. Hubo una curaduría. Tenía 10 instrumentales listos, sonaban bien y tenían personalidad, pero no les mostré a los artistas todos los instrumentales para que eligieran, sino que seleccioné al artista para cada canción, como que en una debía estar Micro TDH sí o sí, o en otra Nina sí o sí. Gracias a Dios les gustó, grabaron y todo fluyo”.

El álbum tiene colaboraciones con artistas como Micro TDH, Ensamble B11, Mcklopedia o Mari La Carajita | Cortesía

El proceso creativo comenzó con antelación. Hace tres años, Gómez creó tres temas sin la intención de conceptualizar un álbum. Le gustaron tanto que aprovechó para ampliar y buscar el disco que siempre había querido hacer, uno con mucho enfoque en los tambores, pero también en otros sonidos como el trap o el hip hop. Trabajó la música, participó mucha gente, incluidos tamboreros venezolanos, grabó en México y después hizo una lista de artistas para las colaboraciones. En cuanto a las letras, tenía una estructura sobre el abordaje de cada canción y qué debía decirles a los cantantes o raperos. “Les expliqué lo que quería, más protesta, amor o sobre sentirse orgulloso por el país. En función de eso ellos escribían lo que quisieran. No participé a nivel de líricas porque siento que eso es parte de la colaboración. Como músico pongo la música y tú como rapero pones las letras”, dijo el percusionista.

Factores como las giras con Rawayana o vivir en distintas ciudades influyeron en la demora del álbum. Muchas veces esperaba a estar en una localidad específica, encontrarse con uno de los colaboradores y grabar, por lo que el álbum tiene su característica itinerante. “Sin duda lo grabé viajando. Por eso también el título, que fue lo último que conseguí. Esa oración (‘no me fui porque quise’), que parece cliché, es de pana lo que sentimos. De mis amigos 90% piensan eso. Respecto a mis panas mexicanos, lo veían con otra perspectiva, como en el amor, por ejemplo, una relación con problemas de la que te vas, pero no porque quieres”.

Si bien la música folclórica ha sido esencial en su vida, Gómez señaló que no la usa con la finalidad de demostrar algo, sino porque es lo que sabe hacer y es lo que forma parte de su historia. “Lo hago porque es mi música. No como una obligación o porque sienta la responsabilidad de llevar el folclor lejos. No es con esa visión. Es mi música y es lo que se me da. Es una diferencia importante porque mucha gente piensa que es para demostrar cosas”.

“Ahora, si mucha gente lo interpreta como un disco con sonidos bien finos y nuevos, y que ayuda al crecimiento cultural, arrechísimo, pero no lo hago con esa búsqueda”, añadió.

Para mantener el alma de los tambores y la calidad del sonido, Orestes Gómez tiene su receta: mucha investigación y cariño a la producción. Fueron años preparándose para realizar No me fui porque quise. Cuando estaba en Venezuela iba mucho a pueblos como Ocumare de la Costa o Barlovento y escudriñaba y estudiaba los tambores. Muchos cultores tamboreros locales son sus amigos, como Félix Bemba, que aparece en el disco y es muy respetado en el país: “Me enfoqué mucho en aprender bien, en tener los tambores originales y entender la percusión. Cuando voy a un estudio con mis tambores y grabo, ya tienen la magia. Son años estudiando y haciendo la vaina bien”.

“Cuando tienes a los panas grabando tambores hay una magia detrás que los humaniza más. No es como que agarraste un pedazo de otra canción y ya. Yo cuidé mucho eso. No solo en este disco, sino en todas las cosas que he hecho con tambores”, dijo.

Lo que espera Orestes Gómez, después de grabar el álbum de sus sueños, es que la gente al escucharlo sienta lo mismo que le contó un amigo que pasaba un momento difícil en su trabajo en Chile: lo reprodujo y sintió que se le levantaba el ego, pensando en que es venezolano y que eso ya lo hacía especial. “Los tambores venezolanos tienen una magia que solo entienden los venezolanos a primera impresión. Les pones tres segundos de unos tambores y de una vez los asocian con felicidad, familia, joda, rumba, el beta, esa magia es importante porque es lo que me genera cuando los toco”.

Porque el hilo conductor de su carrera son los tambores venezolanos, confesó, en particular el tambor cumaco y la paila. “Todo se ha tratado en función de eso. Aunque soy más baterista, siempre los tambores venezolanos han estado a lo largo de mi carrera. Cuando trabajaba el jazz, tocaba tambores, cuando estaba en la orquesta sinfónica, tocaba tambores venezolanos, cuando giré en el Coachella con Rawayana, tocaba tambores venezolanos”.  

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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