🔴🔵 Rumen Radev logra mayoría absoluta en elecciones de Bulgaria

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Tras ocho elecciones en cinco años, la parálisis política búlgara parece haber quedado atrás. El pasado domingo 19 de abril, la coalición Bulgaria Progresista, liderada por Rumen Radev, obtuvo 44,6% de los votos —131 de 240 escaños—, logrando mayoría absoluta en la Asamblea Nacional de este complejo país, el de menor PIB per cápita en Europa.

Radev, quien renunció a la presidencia el pasado enero para participar de estos comicios, supo balancear entre las identidades prorrusas y las europeístas —eje central de la discusión política búlgara—, captando votantes volátiles en todo el espectro. En el centro de Sofía, cuando el resultado ya era irreversible, desde la sede de su coalición y delante de periodistas expectantes, el nuevo primer ministro declaraba: “Europa ha caído víctima de la ambición de ser un líder moral en un mundo sin reglas”. La palabra más repetida en su mensaje: pragmatismo. Una dinámica que recuerda a Boris III de Bulgaria, monarca cuya táctica de neutralidad y amortiguación de demandas permitió que el país no tuviera que entregarse plenamente ni a las potencias del eje ni a los países aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Dicha ambivalencia estratégica, sin embargo, para otros es vista como mera ambigüedad. Mientras acontecía la rueda de prensa, algunos jóvenes se sacaban selfies con botellas de vino para enfatizar su indiferencia, automóviles pitaban en señal de rechazo, y una activista desatada interrumpía la rueda de prensa. “¡Abajo Rumen Radev, traidor nacional!, pedimos que vuelva el lev y se vaya el euro… volveremos a elecciones en octubre”.

Este incidente pone el foco en la herida más profunda de la coyuntura: el futuro monetario del país tras la adopción del euro en enero de 2026. La dicotomía entre la moneda local, vista por los soberanistas como el último bastión de la identidad, y el euro, bandera de los sectores aperturistas que temen un aislacionismo, se ha convertido en el nuevo muro de Berlín búlgaro.

Ni liberales ni radicales

El nuevo orden de Radev se mide en la profundidad de las heridas infligidas a sus rivales. Solo necesitará de ellos para cambiar al fiscal y al Tribunal Supremo. Destaca el caso de los conservadores GERB-SDC, liderados por el ex primer ministro Boyko Borisov, cuya hegemonía durante más de una década ha llegado a su fin al desplomarse hasta 13,2% y 39 escaños. Una dimisión que parece inevitable.

Por su parte, la coalición reformista y proeuropea PP-DB apenas ha logrado sostenerse en un tercer puesto con 12,4% de los votos y sus 37 escaños. La capacidad de movilizar a la juventud por los liberales —quienes también gobernaron el país en 2021— ha quedado neutralizada.

Un hombre vota en un colegio electoral en Sofía, Bulgaria, el 19 de abril de 2026. Foto: EFE/ EPA/ BORISLAV TROSHEV

Voces por una Bulgaria nacionalista

Aun así, es la ultraderecha Vazrazhdane —cuyo significado es “renacimiento”, concepto que alude al retorno de una Bulgaria étnica—, la más afectada por este trasvase de votos. De un meteórico 14% en 2024, se desplomaron a 4,3% en estas elecciones. Su discurso soberanista y euroescéptico fue capitalizado por la versión dosificada que ofreció la coalición Bulgaria Progresista.

Esta erosión de su base se hacía palpable en la sede del partido, donde el equipo de El Nacional pudo recoger el clima de resignación tras el escrutinio. Lejos de la autocrítica, la cúpula nacionalista apunta directamente a la estrategia camaleónica del vencedor: “Radev ha jugado a la confusión, se presenta como euroescéptico y prorruso, pero al mismo tiempo califica a Putin de agresor, logrando así robar votantes de ambos bandos”, señala el parlamentario Georgi Hrisimirov.

“Nosotros sí somos euroescépticos y pensamos que la Unión Europea afecta a nuestra economía”, asegura, además de pedir el levantamiento de sanciones a Rusia para obtener gas y petróleo barato. “Creemos que Bulgaria es lo suficientemente pobre para no tener que apoyar a Ucrania en esta guerra”. De todas formas, argumenta: “No soy prorruso, soy pro Bulgaria… el hecho de que ahora les esté hablando en inglés y no en ruso, debería ser una prueba”.

Tampoco esconde el fuerte apoyo que guardan hacia Trump, ni del deseo personal de que JD Vance, actual vicepresidente de los Estados Unidos, llegue a la Casa Blanca en 2028. Junto con su colega parlamentario Andre Asenov, nos hacen un recorrido a través de los símbolos patrióticos que tanto atesoran mientras comentan la línea maestra de su política exterior: anexarse Macedonia del Norte y parte de Rumanía. “Perderlas fue el gran vacío de nuestro corazón”.

Voces por una Bulgaria internacional

La coalición We Continue the Change – Democratic Bulgaria (PP-DB) se erige hoy como el principal bastión del reformismo proeuropeo. El Nacional ha podido conversar con Venelin Radev, uno de los candidatos de la formación. “La gente necesita un cambio real, pero no tengo claro si los nuevos partidos traerán el cambio o la cadena”, confiesa el candidato durante el encuentro.

La sombra de Moscú y la institucionalidad marcan la línea roja de la formación en cuanto a futuras alianzas. El candidato trasladó a este diario su máximo temor: que Bulgaria siga el camino de Georgia, donde fuerzas inicialmente proeuropeas derivaron hacia posiciones prorrusas: “Es una preocupación real, si un socio no es genuinamente proeuropeo o si hay señales de corrupción, no podemos trabajar con ellos”.

En este escenario, el PP-DB se presenta como un cortafuegos a la influencia del Kremlin y la corrupción estructural que amenaza con descarrilar el compromiso de Bulgaria con Bruselas. Tal es su narrativa anticorrupción, que el día de la elección nos asegura haber colocado 30 drones para controlar los principales recintos electorales de Sofía. Por otra parte, confiesa no tener mucho problema con la repetición de las elecciones: “Mejor que se gaste en eso a que alguien se lo lleve”. Así de endémico se percibe el problema de tráfico de influencias.

De Budapest a Sofía

Hace apenas una semana, el 12 de abril, Europa asistía a otro seísmo político: la derrota de Viktor Orbán tras 16 años de poder absoluto frente a Péter Magyar. Aquel suceso parece haber alterado el tablero de Europa del Este. Mientras Magyar busca restaurar el estado de derecho y la sintonía con la Comisión Europea, Bulgaria despierta temores sobre un nuevo satélite de influencia rusa en los Balcanes. Eso sí, ambos perfiles se emparentan desde el tradicionalismo social.

Venelin Radev es tajante: “No podemos permitir que el país derive hacia posiciones que socaven nuestro compromiso con la Unión Europea bajo la excusa del pragmatismo”.

A pie de calle, Sofía se debate entre el peso de su historia y el deseo de renovación. Para la prensa local, la influencia del Kremlin es un vínculo cultural difícil de romper: “Nuestra conexión con Rusia es histórica, por lo que es natural que la propaganda permee en políticos y medios”, nos comenta un periodista de la cadena bTV. “En el comunismo de Dimitrov nos vigilaban siempre, pero teníamos vivienda”, asegura Mariotta, pintora local que confiesa nunca haber votado.

Y es que se trata de un voto nostálgico mezclado con la posibilidad búlgara de ser el nuevo referente de disidencia dentro de la UE. Aumentar, por tanto, su poder de negociación. Por otro lado, un joven búlgaro estudiante en Madrid argumenta que el futuro depende de la movilización: tras las masivas protestas de diciembre, la juventud busca parar el euroescepticismo. “El voto joven es clave. Las protestas son el primer paso para evitar que el país retroceda”, concluía días previos al encuentro electoral.

El entusiasmo del joven chocaba con la realidad el día después de los comicios. Al contactar nuevamente con él, su diagnóstico era agridulce: la indiferencia se impuso al compromiso. Para muchos búlgaros, votar fue una “molestia” ante una oferta que perciben como idéntica. “Lo entiendo, lees los programas y prometen lo mismo; te preguntas dónde está la diferencia real”, confesaba el estudiante.

Aunque la fragmentación parece haber terminado, la estabilidad política en Bulgaria es todavía un interrogante. Entre el escepticismo y la fatiga, una guía turística de la capital nos admite con sinceridad: “Ojalá poder ver acción de verdad; Todavía no sé cómo voy a mantener el optimismo”.

Por Nerea Niubó Vidal y Miguel Ángel Roca Durán

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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