Aunque cree que es temerario hablar de una “generación perdida”, el experto Carlos Calatrava advierte que, en un universo de unos 10 millones de venezolanos entre 0 y 17 años, unos 3 millones no se están escolarizando y el resto, en general, carece de criterio para cuestionar datos, información y contenidos y exhibe poca iniciativa propia o capacidad para la planificación a mediano y largo plazo.




Continuidad de un autoritarismo duro, paso a un autoritarismo “blando” y más pragmático o transición democrática. En cualquiera de estos tres escenarios para el país de 2030 o 2035, quienes estén mandando probablemente cojearán en un departamento clave: los recursos humanos. Los once que van a jugar en el equipo de fútbol o los nueve en el lineup del beisbol. Esa es la realidad de la educación en Venezuela.
Los casi 13 años de Nicolás Maduro fueron, también, los del arrase del sistema educativo. Las crisis se encadenaron y retroalimentaron una tras otra: la desnutrición de un porcentaje de los niños y adolescentes, la migración de docentes, el colapso de la infraestructura y los servicios, la deserción de chamos que debían ayudar a alimentar familias y, no olvidarlo, un factor externo a la dinámica destructiva del chavismo: la pandemia. Que en el caso venezolano, casi condujo a la pérdida del hábito de levantarse para ir al colegio.
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