🔴🔵 Cuatro meses del “rodrigato” y de una expectativa de transición

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Se han cumplido cuatro meses de la presidencia encargada de Delcy Rodríguez, este “nuevo momento político”, posterior al arresto de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Un periodo que apenas se insinúa. Se ha puesto en desarrollo una apertura política, y se han adelantado unas concesiones al gobierno de los Estados Unidos y a la oposición, en un proceso a partir de las cuales el oficialismo deconstruye sus objetivos y consignas para poder sobrevivir.

Rodríguez, junto a su hermano Jorge, con la anuencia de Diosdado Cabello, y la compañía del resto de la dirección de su partido, ejecutan un repliegue de carácter impuesto para gobernar en medio de la adversidad. Se hace un esfuerzo casi desesperado por reconectarse emocionalmente con las mayorías. Ha regresado el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Se hacen las paces con los capitales internacionales. Es una dolorosa medicina con recursos doctrinarios de la democracia burguesa y el capitalismo, en el cual viene enfundada una maniobra de alguna complejidad para obtener recursos y esperar que cambien las circunstancias internacionales mientras se retiene el poder.

En cuatro meses, Rodríguez adelanta una serie de cambios administrativos e institucionales procurando privilegiar las credenciales tecnocráticas de los funcionarios, pero siempre con el criterio fijo de no entregar o quebrantar los principios de la revolución bolivariana. Se cocinan modificaciones importantes en el Banco Central de Venezuela y el Tribunal Supremo de Justicia. La presencia estadounidense en el país es creciente. El volumen de inversiones que puede estar planteado en sectores clave podría tener, incluso, más consecuencias políticas perniciosas para el chavismo.

Las leves mejoras registradas en el terreno político y económico se insinúan luego del prolongado período de oscuridad que ha comprendido el gobierno de Nicolás Maduro, lapso de la historia nacional que será juzgado de manera implacable en el futuro, y que se diferencia con claridad del momento actual.

El personal estadounidense calificado se abre campo en determinados sectores de la economía, generando un enorme entusiasmo en el capital nacional. La Ley de Amnistía ha tenido un resultado cuestionado e incompleto, pero su aplicación sirve para orientar con claridad sobre hasta dónde está dispuesto a llegar el chavismo en materia de concesiones, y hasta dónde no.

Miraflores va a intentar navegar la ola de las mejoras en la economía, que debería tomar aliento en el segundo semestre del año. Procurará hacer pasar como conquistas y prueba de palabra cumplida, haberes que, en caso de concretarse, son la consecuencia de un efecto inercial posterior a todo estado de ruina. Para capitalizarlo, el color que se usa es el azul y se adoptan los modales del reformismo burgués. Delcy Rodríguez quiere cumplirle a los Estados Unidos, y espera reciprocidad.

El desarrollo de este proceso, sin embargo, ha desatado también malestares internos, calambres en las estructuras del chavismo. El repliegue que analizamos tiene para algunas voces límites intolerables y un sabor a capitulación. Mario Silva ha criticado con dureza algunas decisiones de Rodríguez, a quién acusa de “arrodillarse” a los Estados Unidos, y trabajar para “borrar la memoria del Comandante (Hugo Chávez)”. Y en una carta pública a Diosdado Cabello, el más radical de los chavistas, le comenta que “las concesiones hechas hasta ahora amenazan con un punto de no retorno donde la indefensión terminará por convertirse en irreversible.” Y agrega: “La revolución no puede retroceder, y el imperialismo no puede avanzar, porque de lo contrario, el pueblo, por pura necesidad obligada, terminará por levantarse contra quienes están en el poder”.

Mientras tanto, María Corina Machado sigue jugando sus cartas en la escena internacional, a la espera de un momento adecuado para regresar a Venezuela. El premio Nobel de la Paz le otorga autoridad moral, campo para la maniobra y una conexión permanente con sus seguidores, que son muchísimos. La sola mención de su nombre es un incordio para el chavismo. Estados Unidos ha pedido a Machado esperar, y ha demorado algunas conversaciones y acuerdos ulteriores, aguardando a su vez por los resultados con Delcy Rodríguez.

En el orden interno, la oposición agrupada en la Plataforma Unitaria, recién asoma la cabeza luego del duro castigo represivo chavista, retomando el contacto con su militancia y organizando sus primeras giras nacionales. Todavía hay mucho trabajo para dotar de contenido y sujeto cualquier expresión política que demande la llegada de la democracia de aquí en adelante. El reclamo que está en la calle es el de las mejoras salariales. Machado puede convertirse en la expresión general del anhelo de cambio, pero no necesariamente de un factor que esté involucrado en acuerdos de transición.

El país ha cambiado mucho desde el 3 de enero, y en general ha sido para bien. Es importante no confundirse: el “Rodrigato” es el comienzo de un nuevo ciclo dentro de la lógica de dominio de la revolución bolivariana. La apertura de juego, que es forzada, pone a algunas personas a soñar con la posibilidad de una transición a la democracia, aunque este supuesto nadie lo ha prometido, ni viene en una póliza de seguros. El rodrigato hará todo lo necesario por “doblarse sin partirse” para seguir al mando, como alguna vez dijera Henri Ramos Allup. Las fuerzas democráticas deberán seguir trabajando para abrir la puerta al estado de derecho y la legitimidad.

Cabrá tener presentes estas reflexiones de Pedro Benítez, historiador y analista político de la UCV: “estamos en la mitad de un proceso con unas implicaciones y un contenido que no conocemos del todo. No sabemos si estamos surcando una transición: eso lo sabremos cuando este período concluya. Antes de llegar, antes de que se acabe, es imposible saberlo”.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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