🔴🔵 Del Henri Pittier a Uverito: incendios forestales

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La primera imagen que aparece en la página web del Ministerio de Ecosocialismo es un dibujo de llamarada roja, que lleva escrita encima la frase: “el fuego no es juego”, uno de los principales mensajes que la cartera difundió para prevenir los incendios forestales durante la temporada seca. 

Según el ministro de Ecosocialismo, Freddy Ñáñez, esa campaña combinada con la “acción preventiva y de contención de incendios” tuvieron resultados: durante el período de sequía 2025-2026, las quemas en áreas verdes disminuyeron 25%, afirmó el pasado 4 de mayo, cuando se celebró el “Día Internacional del Combatiente de Incendios Forestales”.

“Hasta el momento sólo se han registrado 1.670 eventos, 549 incidentes menos, un 24,74 % por debajo en comparación con el lapso 2024-2025, cuando se produjeron 2.219 hechos”, dijo Ñañez luego de reconocer “la valentía” de los bomberos forestales venezolanos, además de los brigadistas voluntarios y las comunidades organizadas “quienes defienden nuestros bosques con entrega ejemplar”, indicó.

Pero 9 días después de aquella felicitación, la realidad se impuso: al menos 1.500 de las 100.000 hectáreas de pino caribe (Pinus caribaea) que aún quedan en el Bosque de Uverito, en Monagas, se quemaron sin que los bomberos pudieran hacer demasiado. 

“Aún cuando el personal bombero realiza sus máximos esfuerzos, es imposible contener el avance, ya que no cuentan con los recursos necesarios (equipos, maquinaria), se lee en una reseña escrita a mano el 13 de mayo por los trabajadores de Maderas del Orinoco, empresa que está a cargo de la plantación. 

Lo que ocurrió en Uverito no es un hecho aislado. La pésima dotación con la que cuentan los bomberos para poder combatir el fuego en las áreas protegidas se extiende en todo el territorio nacional. Por eso, en marzo, un incendio en el Parque Nacional Henri Pittier tardó seis días en apagarse y consumió alrededor de 100 hectáreas.

“Los bomberos son gente extraordinaria, son heroicos, pero no debemos tratarlos como héroes, porque al tratarlos como héroes nos concentramos en eso. Son gente maravillosa, pero la mayor parte de ellos no tiene recursos suficientes para trabajar en medio de zonas de riesgo”, sentencia Alejandro Álvarez, biólogo y coordinador general de la organización Clima21, que defiende los derechos humanos ambientales.

Álvarez subraya que una de las necesidades de los bomberos es contar con un equipo que pueda hacerle seguimiento constante al fuego para saber a dónde se dirige. 

“Cualquier cambio en la pendiente, cualquier cambio en el viento hace que multiplique completamente el esquema de lo que se está quemando. Entonces, tienes que tener todo el tiempo una coordinación de gente desde afuera que te va diciendo cuál es el sitio en donde se debe apagar el fuego. Uno, porque es más efectivo, y dos, porque así los bomberos van a estar donde no entren en peligro”, afirma. 

Pero además de ese acompañamiento en remoto, Álvarez recalca que “el primer equipamiento que toda persona debe tener es un sueldo digno” y un seguro médico, y más cuando es la vida lo que, literalmente, se pone en riesgo.

Fuego en el Henri Pittier

Durante la segunda semana de marzo, un grupo de estudiantes de Agronomía de la Universidad Central de Venezuela, sede Maracay (Aragua), mostró en video cómo el fuego había consumido parte de los campos experimentales de la Facultad, esos donde ellos suelen hacer sus trabajos de cultivo y observación. Las llamas se llevaron parte de los invernaderos y llegaron muy cerca de los salones de clase.

Daniela Herrera, una de las universitarias, contó que la situación les afecta cada año y que, esta vez, estuvo a punto de llevarse uno de sus trabajos especiales de este semestre. “Hoy, por ejemplo, tenemos que ir a arreglar un cultivo que fue lo único que se salvó, gracias a los bomberos universitarios que pudieron acceder en ese momento y salvarlo”, comentó a Runrun.es poco después del incendio voraz.

Lo más grave es que el fuego que llegó al núcleo de la UCV provenía de su vecino: el Parque Nacional Henri Pittier. En enero, el Ministerio de Ecosocialismo reportó otro incendio en esta área protegida. En la temporada de sequía, las quemas son recurrentes y cada vez se acercan más a las instalaciones del campus y a otras zonas urbanas. 

“Yo tengo 34 años de edad y los 34 los he vivido en la población de El Limón, que está en las faldas del Henri Pittier. Y todos los años pasa (el incendio) y todos los años va agarrando áreas que antes no habían sido tocadas”, apunta el ingeniero agrónomo, profesor universitario y supervisor del Servicio Comunitario Amigos del Henri Pittier, José Yamarte.

Agrega que la deforestación en esta área protegida es producto del “aprovechamiento agrícola” de personas que invadieron zonas del parque para sembrar conucos. Ellos son quienes aplican la técnica tradicional de la quema para limpiar terrenos, eliminar malezas y liberar nutrientes mediante las cenizas. Pero el fuego suele descontrolarse y causar incendios forestales.

“Mientras más deforestamos, más vamos desgastando esa capa vegetal e introduciendo especies que no son de esta zona. El parque nacional ofrece unos servicios ambientales que dan vida a Maracay”, señala. Destaca que el municipio Mario Briceño Iragorry, así como El Limón, Ojo de Agua, Caña de Azúcar, El Castaño e incluso zonas del sur de la capital de Aragua se nutren de las reservas hídricas del parque y estas se ven disminuidas cada vez que se quema el bosque.

“Si no tenemos árboles, no podemos tener captación de agua en el suelo. No se cumple el ciclo hidrológico natural de la del parque”, advierte, mientras recuerda que el arrase del bosque también ha causado deslaves en Maracay, como el sucedido en octubre de 2022 en la urbanización El Castaño, cuando se desbordó la quebrada de Palmarito, hecho que dejó tres muertos y 50 viviendas afectadas.

Los grandes maderables como araguaneyes (Handroanthus chrysanthus) y samanes (Samanea saman) están entre la vegetación más perjudicada por el fuego. “Incluso las gramíneas –que es el monte que siempre crece en los cerros– se queman. Ellas cumplen una función que es sujetar esa capa de tierra a la roca madre para que no se deslice”, argumenta Yamarte.

Reptiles, como las serpientes (Serpentes) u ofidios (Ophidia); anfibios; arácnidos e incluso grandes mamíferos, como el zorro cangrejero (Cerdocyon thous)o los araguatos o monos aulladores (Alouatta seniculus), son parte de la fauna afectada por los incendios forestales en el Henri Pittier, la cual migra hacia otros lugares del parque o, en ocasiones, a zonas urbanas cercanas.

Más allá del parque

Álvarez indica que lo que provoca el fuego en el Henri Pittier se extiende a parques nacionales y áreas verdes en todo el país. “La crisis humanitaria en Venezuela está llevando a mucha gente que antes tenía empleo en la ciudad o en la economía formal al campo para producir donde pueda. Como la mayor parte de las tierras están ocupadas en el país, construyen un conuco en tierras con altas pendientes o incluso dentro de áreas protegidas”, afirma.

Además, recuerda que el cambio climático genera precipitaciones menos frecuentes. “Hay periodos largos donde no hay lluvia importante y mayores temperaturas. Con esa combinación de factores, hay una vegetación que se seca rápidamente y que es mayor cantidad de combustible para un incendio”, añade. 

Pero más allá de estos factores, están otros que abonan a la desinformación y la falta de datos para prevenir. Mientras que los investigadores no tienen presupuesto para hacer su trabajo, la ausencia de medios y periodistas en varias zonas del país, conocidas como desiertos informativos, evita que estos eventos se reporten al momento.

De paso, está la incapacidad del Estado para monitorear los incendios y hacerles seguimiento. “Lo importante, en cualquier problema de gestión de riesgo, es primero saber dónde está ocurriendo y dónde los riesgos son mayores. Es decir, dónde se acumulan los incendios y dónde esos incendios producen más daño. Cuando tú tienes esa evaluación, que actualmente se puede hacer con una combinación de herramientas digitales y reportes de campo que corroboren lo que el satélite está viendo, entonces puedes priorizar dónde están los sitios donde el daño puede ser más grave”, explica. 

Este tipo de diagnósticos funciona también para ver las causas reales de las llamas, que siempre son de origen humano en el país, y tratar de mitigarlas. También, para trabajar junto a las comunidades cercanas a fin de que conozcan cómo les afectan los incendios –salud, riesgos de inundación, disminución de agua hacia ríos y embalses, economía, aumento del calor– y se conviertan en actores de prevención.

“Desde la facultad, nosotros hacemos un llamado a la concientización y a la acción. Hay que hacer programas de reforestación, de todo el tema de prevención de incendios, hay que recuperar todas estas hectáreas afectadas, porque si no, cuando venga la lluvia, fácilmente se va a desprender esa capa de suelo y es donde vienen los grandes problemas (…) Hay que parar esto, tomar cartas en el asunto y buscar a los responsables. Si hay que colocar cámaras alrededor de todo lo que es la falda del Henri Pittier, pues hay que invertir en eso y en alianzas internacionales con otros países que han vivido lo mismo para ver cuáles fueron sus medidas de control para mitigar esto”, concluye Yamarte.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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