Las flores están presentes en los momentos más significativos de la vida del ser humano. Ya sea como una declaración de amor o en alguna despedida, sus colores acompañan emociones, recuerdos y vínculos que marcan a las personas. Con sus olores y variedades, las flores cautivan y son testigos del regocijo o la melancolía. Eso es algo que sabe muy bien el artista plástico Reymond Romero, quien tras 27 años de trabajo artístico, decidió incluirlas como parte de su investigación sobre el mundo textil y el color. ¿El resultado? 4.000 flores, de todas las formas, conforman su última exposición inmersiva Flower Power.
Colgadas del techo de la Galería La Caja, ubicada en el Centro Cultural Chacao (CCCH), entre paredes blancas también decoradas con flores realizadas en otros formatos, Flower Power abraza al espectador apenas entra en el espacio. Tras cruzar la puerta florida, suena una melodía de fondo como parte de la atmósfera, mientras pequeños puntos de luz de colores rebotan por el lugar.
Debajo de las miles de flores que cuelgan del techo, con hilos trenzados de diferentes tamaños, tres inflables de grandes dimensiones otorgan un nuevo estallido de color. Los colchones están dipuestos para que el público pueda sentarse (o acostarse) en ellos y dejarse llevar por el laberinto de emociones, recuerdos y sensaciones que genera la exposición.
Se trata de una experiencia diferente, ideada por Romero, artista merideño que decidió transformar el formato tradicional de las galerías para construir un entorno que le permita al espectador conectar con su propia historia. Gracias a su trabajo, el público vivirá una experiencia multisensorial surgida del brillo, los colores, los sonidos y las texturas.


El proceso creativo de esta muestra tomó alrededor de tres años de arduo trabajo de construcción y diseño de todas las piezas. En el espacio, que cuenta con la curaduría de María Luz Cárdenas, convergen, además, elementos de toda su trayectoria artística. “Esta exposición tiene muchas cosas particulares”, comenta el también egresado del Instituto Universitario de Estudios Superiores en Artes Plásticas Armando Reverón.
El éxito de Flower Power ha sido masivo e inesperado para este artista plástico nacido en 1979 y residenciado actualmente en Caracas. Alrededor de 18.000 mil personas han visitado la muestra desde su inauguración el pasado 21 de marzo. La buena receptividad, motivada por lo «instagrameable» de la muestra, llevó a la galería a extender la muestra un mes más.


El pasado mes de abril se anunció que la exposición estará abierta hasta el sábado 23 de mayo. Los horarios de visita son de jueves a domingo, de 5:00 pm a 9:00 pm, con entrada gratuita.
“Para mí ha sido más increíble la experiencia con el público que lo que el público ha vivido en la muestra. No lo esperábamos para nada, esto es algo que yo nunca en mi vida había vivido. Hubo reacciones de todo tipo, todas muy positivas. La gente disfruta mucho del espacio y se logra el objetivo de crear esa reflexión y esa historia única de cada persona que pasa por acá. Se da una historia personal, construida a partir de todos los elementos que están acá. Eso me llena de mucha felicidad”, confiesa.


Los hilos detrás de las flores
A lo largo de toda su trayectoria como artista plástico, Reymond Romero se ha centrado en el arte textil. Flower Power surge como un acercamiento a esa profunda investigación desde una perspectiva volumétrica y espacial. “Cuando empecé a trabajar en la exposición ya tenía toda las referencias de otras muestras que hice en el pasado y que estaban relaciones con crear una ambientación y una gran instalación”.
Así, esta exhibición rememora sus primeras exposiciones, realizadas entre 2010 y 2014. “Tiene elementos que se pueden ver en mi primera etapa como creador y otros que aparecieron más adelante”, explica.


La muestra surgió ante la necesidad de desarrollar más esos temas y mezclarlos con el textil pero de una manera muy frontal. “Quería generar un espacio que, con el uso de los textiles, acobijara, arropara y mantuviera cálido al espectador”, confiesa. Desde adentro, además, se puede percibir la suavidad y esa sensibilidad que tiene el textil en todas sus presentaciones.
Romero construyó un espacio de reflexión donde se pudiera sentir felicidad y melancolía al mismo tiempo. Esos eran los temas que quería abordar, dos polos opuestos hilados entre colores y sensaciones, juntos en un solo espacio de dos pisos.


“Quería mostrar estos dos lugares, estas dos caras de una misma moneda: la alegoría de la euforia y la felicidad con la alegoría de la melancolía. Hay un acercamiento colectivo con los recuerdos importantes de la vida. Y sí, hay recuerdos muy buenos de tu vida que puedes tener presente cuando vienes aquí, pero también hay otros no tan bonitos”, comenta.
Durante su construcción pensó en las personas, en cómo sería su visita, cómo lo percibirían o apreciarían su trabajo. También tuvo presente cuáles serían las posibilidades del espectador una vez ingresara. “En esta exposición se presenta no solo el textil como objeto, sino también la sensación conceptual que genera. También están todas las técnicas que se aplican en el estampado textil, la construcción de textiles y en los bordados. Todo eso está presente en Flower Power”.


A veces, cuenta, el visitante le pregunta, entre tantas flores y colores, en dónde está el textil. Ante esa pregunta, sonríe y siempre responde: ‘Está en todo’. Está en los diseños de estampados en los inflables que provienen de su propuesta plástica. También hay trabajos artesanales en cada una de las flores que están en las paredes, todas fueron tejidas a mano. Las tiras que están en el espacio y cuelgan del techo fueron bordadas manualmente.


La cayena
Romero siempre mostró interés por lo textil, pero desde que se interesó en hacer muestras más ambiciosas, tuvo que aprender nuevas técnicas. Solo así puede trabajar de manera inmersiva los espacios exteriores e interiores. Se vio entonces en la necesidad de incorporar otras técnicas como esculturas, grafitis e incluso el uso de inflables. “Estuve también haciendo abstracción geométrica con textiles por un tiempo y en ese momento sentía que esa técnica no decía todo lo que yo quería decir”.
La solución que encontró fue conectar la abstracción geométrica con elementos orgánicos. En ese momento estaba trabajando con flores y, con el tiempo, llegó a la figura de la cayena. “Hice una síntesis de algo que es muy local, la cayena, una flor muy caribeña, con lo venezolano. Así caí en el tema de las flores…”, relata.


Para él, la flor aparece en Flower Power como una ofrenda para las personas amadas. “Puede ser una ofrenda de adiós y es un signo de vivir el ahora porque tiene una vida tan corta que nos inspira a estar en el presente al máximo. Por eso también entra entre toda mi propuesta actual. La flor tiene todos esos elementos que yo quiero compartir”.


Desperdicios de guerra
En Flower Power hay mucha relación con los recuerdos. En el primer piso de la muestra el espectador se deja contagiar por la alegría de los colores pero, cuando sube al segundo piso, a través de unas escaleras ambientadas con una tenue luz azul, el panorama es completamente opuesto. Nadie se espera que la exposición continúe en un espacio con montones de cajas vacías, montañas de repuestos de carros sin usar, cajas de cartón vacías o espejos rotos.
“En el primer piso estás feliz y trabajan todos los recuerdos alegres. Pero cuando subes, ves el cúmulo de estos objetos, que parecen desperdicios de una guerra. Aquí está todo eso que no usas, es un impacto y eso era lo que quería generar. Parece que te estás encontrando con todo eso a lo que te tienes que enfrentar antes de alcanzar lo que quieres”, reflexiona.


El contraste es absoluto y genera un impacto en el público que viene de tomarse fotos alegres entre flores y colores. La melancolía y esos recuerdos no tan felices se hacen presentes en una exposición centrada en flores que, además de causar alegría, también pueden marchitarse.
Tras más de dos meses de visitas y de tener sus puertas abiertas, Romero reconoce que son muchos las cosas de Flower Power que le han gustado al público. El éxito, comenta, no hubiera sido posible de no ser por todo el acompañamiento de su equipo de producción. “Son personas increíbles que le aportan muchísimo al trabajo”, comenta.


Desde la exposición, incluyendo todo lo que hace como estudio de arte, lo que trabaja o los temas que aborda, lo hace pensado en el otro. “Trabajamos pensando en que el otro va a ser un algo importante que va a estar allí, que debe ser bien atendido, sentirse cómodo y respaldado”, confiesa.
Como artista, quiere que el público se sienta en casa cada vez que visite una galería de arte. “Para nosotros es muy importante eso como productores. El otro siempre está allí y hay que atender sus requerimientos”, enfatiza.


Ante el inesperado éxito y a pocos días de que finalice la exposición, tanto él como su equipo están manejando todas las posibilidades. Actualmente, considera si llevar Flower Power a otros espacios porque tiene otros compromisos igual de grandes e importantes que atender. “El público debería aprovechar para venir a verla hasta el 23 de mayo. Esta es una experiencia única que en Caracas no se da siempre. La experiencia es increíble, la historia que les va a contar es única. Tener esta exposición entre los recuerdos familiares será espectacular”.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973