🔴🔵 Un plan para Venezuela | La política monetaria (II)

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Venezuela siempre fue un país de precios altos, pero no un país inflacionario. Nuestra primera inflación ocurrió durante la primera república, por allá por 1811-1812, cuando el general Miranda aprovechó la imprenta que trajo de Inglaterra y ordenó la emisión de los primeros billetes. Fue algo muy parecido a la hiperinflación que nos afectó hace algunos años y, similar a aquella, llegó por imprimir billetes para pagar los gastos del gobierno, en un momento de urgencias fiscales.

Luego de eso, tuvimos muchos eventos de diverso signo, incluso un sistema de banca libre, que se extendió entre 1882 y 1940, y terminó en ese año con la creación del Banco Central. Este último funcionó en sus primeros 20 años como una caja de conversión no declarada, al tipo de cambio de Bs. 3.35.

En 1960, el gobierno de Betancourt estableció el segundo control de cambios; el primero lo estableció López Contreras y, curiosamente, el mismo Betancourt lo suspendió en 1947. Había inestabilidad, y se rumoraba que lo mejor era establecer un control. Betancourt no lo hizo sino a último momento, mostrando que su vocación no era la de los controles de cambio.

Lamentablemente, la presión de quienes se declaran conocedores puede ser fatal en esos momentos. Sin embargo, ese control duró 4 años y fue suspendido por Raúl Leoni. Desde 1960, Betancourt modificó el tipo de cambio para llevarlo a 4.50 Bs/$. Luego de eliminar el control de cambios, volvimos a un esquema parecido de caja de conversión no declarada. Por lo que el gran crecimiento venezolano estuvo aparejado a un esquema monetario que se parecía demasiado a la dolarización.

Afirmamos que funcionaba como una caja de conversión porque casi la única política monetaria que aplicaba el banco central era comprar los dólares que las trasnacionales le vendían, para obtener bolívares con los que pagar nómina e impuestos al gobierno. Los importadores compraban los dólares a la banca nacional, que era el intermediario por el cual el banco central vendía los dólares de las reservas.

Lo otro era establecer los encajes con los que funcionaba el sistema bancario. Como el banco central no fue un banco exclusivamente del gobierno, cualquier otra cosa estaba muy limitada. Revisen y observarán que, en esos años, los precios en Venezuela fueron un espejo de lo que ocurría en USA, es decir estábamos dolarizados.

En el primer período del doctor Rafael Caldera el cambio se ajustó primero a Bs. 4.40 y por último a 4.30 Bs/$, eso desde 1973; pero en ese mismo año Carlos Andrés Pérez ganó las elecciones y, en uno de sus primeros actos de gobierno, en 1974, estatizó el Banco Central… desde entonces comenzó la política monetaria y la inflación en Venezuela.

Bastaron 10 años de emisiones sin control para llevarnos a la crisis cambiaria de 1983. No contentos con ello, siguieron las emisiones de billetes para pagar los déficits fiscales del gobierno. El resultado: desindustrialización, quiebras de empresas, e incluso crisis financieras. Quizá, el único que le puso un freno a esto fue Teodoro Petkoff en los últimos años del segundo gobierno de Caldera (1996-1998), por ello, la inflación alcanzó en los primeros años del gobierno de Chávez a algo más del 12 %. Pero desde 2002 no ha bajado, siguió incontenible hasta hoy.

Si utilizamos los parámetros sugeridos por el estudio de Cagan (1956) Venezuela entró en hiperinflación en febrero de 2018 y salió en agosto de 2021, pero persisten las mismas condiciones de aquel entonces. El bolívar es solo un medio de pago más de la economía, preferido por la existencia de un impuesto a las transacciones en divisas y porque el gobierno mismo cobra los impuestos y multas en divisa, pero paga en bolívares.

Sin embargo, la función de unidad de cuenta y la de reserva de valor es la divisa. Por lo que parece que no hubiésemos salido de la hiperinflación. Es decir, el bolívar casi no tiene demanda monetaria, y esto se acentuó cuando el gobierno autorizó el uso del dólar para las transacciones corrientes en Venezuela, desde agosto de 2018. Además, algo que es típico de los ambientes en los que existe hiperinflación, persisten varios sistemas de precios: uno si paga en divisas, otro si paga en bolívares, y este último, como dijimos, depende del precio de la divisa que se utilice.

Pero uno de los problemas más importantes en Venezuela es la existencia de una brecha debido a que el control de cambios persiste desde 2003, y esta brecha siempre va aparejada a los controles de cambio. Lo que ocurre con la obtención de divisas es más fácil, la brecha se hace casi imperceptible, pero en algunos momentos es más difícil y en la actualidad lo es. Entonces, además de los sistemas múltiples de precio, hay varios tipos de cambio: el oficial, otro determinado por las operaciones de criptoactivos y, bueno, algunos, que son producto de los deseos subjetivos de quien quiere vender su producto y siente que tiene poder monopolístico.

¿Cómo se acaba con eso? La solución es sencilla de enunciar, pero compleja de ejecutar: hay que quitar el control de cambios. Aquí aparecen dos alternativas: la primera, volver al sistema monetario con moneda nacional (el bolívar); la segunda: dolarizar definitivamente la economía del país.

Lo primero exigiría casi los mismos sacrificios que lo segundo, pero ofrece la oportunidad de hacer política monetaria, según lo que dicen los textos de teoría, para ajustar la política económica. En este mismo trabajo reseñamos cómo se ha comportado eso en la historia de Venezuela, y si durante los últimos 52 años, todo ese ajuste terminó en una devaluación sin parangón, en hiperinflación, y en el desprecio mismo de la unidad monetaria.

Lo que parece que, a pesar de los libros y toda la teoría económica que hay en ellos, hace saltar a la vista que lo mejor es dolarizar. Pero esa es una decisión que no depende de nosotros. Solo la asomamos.

@daniellahoud

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