🔴🔵 Sin aumento de salario y con inflación: el escenario que pulveriza el ingreso un mes después del anunció de Delcy Rodríguez

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Caracas.- Transcurrieron 30 días desde que Delcy Rodríguez hizo un anunció sobre el ingreso mínimo integral de los trabajadores que dejó de lado, una vez más, la posibilidad de aumento del salario mínimo en Venezuela.

El pasado 30 de abril, durante un acto en Caracas, la funcionaria informó que el ingreso sería el equivalente a 240 dólares para los empleados activos, mientras que los pensionados recibirían 70 dólares mensuales. Sin embargo, solo un mes después, la realidad en los mercados y en las cuentas bancarias de los ciudadanos revela una pérdida constante de poder adquisitivo.

“Realmente no ayuda mucho porque los precios están más altos; si compras el seco no compras el salado, ya 100 dólares no alcanzan ni para hacer un buen mercado”, relata Katiuska Castro, quien trabaja como aseadora y resume el dilema diario de miles de hogares venezolanos. 

Su testimonio coincide con el de otros ciudadanos que perciben cómo los productos básicos incrementaron su costo incluso antes de que el pago del primer bono de guerra económica con el nuevo monto llegara a sus manos.

Para quienes dependen exclusivamente de una pensión, el panorama resulta aún más sombrío. María Linares, pensionada, explica que su ingreso solo subió 10 dólares, una cifra que considera insuficiente ante la escalada de precios en rubros esenciales. Linares detalla que la carne, el queso y los productos de higiene personal, como el champú, muestran etiquetas con precios inalcanzables para su bolsillo. 

Esta percepción la comparte Johnny Abache, quien asegura que en los comercios aumentan los precios “como les da la gana”, especialmente en la charcutería y los productos cárnicos, sin que el incremento del ingreso se traduzca en un beneficio real para el consumidor.

Al incremento en los precios se suma el próximo 1 de junio un aumento en la tarifa del pasaje urbano, que fue anclada al dólar con monto que se ajustará mensualmente, medida que también impactará al bolsillo de los venezolanos, sin dejar de lado el efecto que generan en la economía familiar las fallas en servicios públicos como agua y electricidad, que implican gastos adicionales.

Solo en el mes de abril, el precio de la canasta alimentaria aumentó casi 40 dólares, para ubicarse en 730 dólares, un monto superior a los 240 dólares que perciben los trabajadores como ingreso mínimo integral, y los 70 dólares de bono de guerra para pensionados.

La brecha cambiaria: el enemigo silencioso

El análisis técnico de la situación revela que el problema no reside únicamente en el monto de los bonos, sino en las profundas distorsiones económicas que sufre el país. El economista Oscar Meza, director del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), consultado por El Pitazo para esta nota, explica que existe una disparidad crítica entre el tipo de cambio oficial publicado por el Banco Central de Venezuela (BCV) y el tipo de cambio de mercado, conocido como paralelo. Durante el mes de mayo, el dólar oficial pasó de 487,12 a 549,37 bolívares, lo que representa una variación del 12,78 %. No obstante, el precio del dólar en el mercado informal ronda los 750 bolívares.

Esta diferencia genera que el aumento anunciado se diluya antes de su ejecución. El especialista destaca que, aunque el gobierno prometió 70 dólares para los pensionados, al momento de recibir el pago en bolívares y transformarlo a la tasa real a la que el ciudadano tiene acceso, la cifra es de 67,95 dólares según la tasa del momento; es decir, 2,05 dólares menos de lo esperado. 

Al intentar adquirir divisas en el mercado real, la diferencia se agudiza: para comprar esos mismos 70 dólares, un ciudadano necesitaría disponer de al menos 49.000 bolívares, lo que implica una pérdida del 29,79 % respecto al tipo de cambio oficial.

El experto señala que la brecha cambiaria entre la tasa oficial y la de mercado alcanzó un 36,36 %, un dato que permite concluir que la inflación ya «se comió» el ajuste del ingreso integral. De hecho, indica que el valor del salario mínimo legal, estancado en 130 bolívares, representa 0,23 dólares si se calcula a tasa oficial, pero apenas 0,17 dólares si se calcula a una tasa de 750 bolívares por divisa. 

“El salario mínimo se sigue extinguiendo”, advierte el economista al subrayar que el impacto de los precios supera cualquier ajuste de bonos.

Las distorsiones se perciben en las prácticas del comercio minorista. El especialista recuerda que en algunas tiendas se ofrecen descuentos de hasta el 30% si el cliente paga en divisas en lugar de bolívares. 

En otros casos, un mismo producto puede costar 50 dólares si se cancela en moneda extranjera, pero su equivalente en bolívares asciende a 90 dólares si se toma como referencia la tasa impuesta por el comerciante, que a veces supera incluso el marcador paralelo. Actualmente, en Venezuela conviven precios distintos para el dólar, incluyendo el del BCV, el del euro, el paralelo y tasas arbitrarias usadas en servicios como el transporte.

¿Hay una solución en el horizonte?

Frente a este escenario, el economista Meza sostiene que la solución no radica en decretar más aumentos aislados, sino en un cambio profundo de la política económica. Recuerda que en los años 90, bajo la denominada Agenda Venezuela, el país logró reducir una inflación superior al 100% mediante un pacto antiinflacionario y la concertación entre distintos sectores de la sociedad. Aquel programa permitió que la inflación bajara drásticamente en pocos años, una meta que hoy parece lejana sin un liderazgo con legitimidad y un gran acuerdo nacional.

Entre las propuestas que el especialista comparte para estabilizar el bolsillo del venezolano figura la formalización de la “dolarización transaccional de facto”. Esto no implica eliminar el bolívar ni renunciar a la soberanía monetaria de forma radical, sino permitir que los ciudadanos utilicen sus cuentas en divisas de manera sencilla. La propuesta incluye eliminar el Impuesto a las Grandes Transacciones Financieras (IGTF), facilitar el uso de dólares y euros a través de puntos de venta y habilitar líneas de crédito en moneda extranjera para reactivar la economía.

«Todo el mundo calcula y transa en dólares, es la racionalidad económica», afirma el experto. Mientras el sistema no se unifique y las distorsiones persistan, testimonios como el de Katiuska Castro o María Linares seguirán siendo la constante en una Venezuela donde el anuncio de un aumento suele ser el preludio de una nueva escalada de precios.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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