La caída de la cobertura, la irregularidad en la entrega de alimentos, la ausencia de proteínas y la falta de infraestructura han debilitado el programa encargado de aportar una comida diaria a los estudiantes venezolanos. Expertos advierten que el deterioro del sistema afecta el desarrollo cognitivo, la permanencia escolar y la salud física y mental de niños y adolescentes, especialmente en hogares de pobreza extrema




En medio del deterioro económico y la inseguridad alimentaria que atraviesa el país desde hace años, la escuela dejó de ser únicamente un espacio de aprendizaje para millones de niños venezolanos y se convirtió también en la posibilidad de acceder a una comida diaria. Sin embargo, esa red de protección social atraviesa una crisis profunda. El Programa de Alimentación Escolar (PAE), diseñado en 1996 como una herramienta para garantizar alimentación diaria y balanceada a estudiantes del sistema público, opera hoy con graves fallas de cobertura, frecuencia y calidad nutricional, de acuerdo con estudios independientes, organizaciones civiles y especialistas en nutrición y educación.
Aunque las cifras oficiales sostienen que el sistema mantiene una cobertura amplia y en expansión, datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2025 muestran que solo 29% de los estudiantes beneficiarios del programa recibe comida todos los días. La mayoría, equivalente a 59%, afirma que la alimentación llega solo algunos días de la semana, mientras otro 11% asegura que el servicio casi nunca funciona.
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