🔴🔵 En Carabobo las máquinas se encienden pero los apagones las detienen

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Hace una década, ingresar desde la Autopista Regional del Centro hacia la Zona Industrial de Valencia significaba un recorrido de al menos 45 a 60 minutos en horas pico. El tránsito de vehículos particulares y de carga abarrotaba las vías de acceso al conglomerado de plantas asentadas en el corazón industrial de Carabobo. Hoy, 15 o 20 minutos bastan para hacer el mismo trayecto.

Las expropiaciones de empresas por parte del gobierno, el cierre de otras y la baja producción en las que aún se mantienen operativas explican, en buena medida, las avenidas casi vacías.

Sin embargo, a partir del 3 de enero de 2026, con la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores por parte de Estados Unidos, crecieron las expectativas de reactivación. Los rumores de reapertura llevaron a ex trabajadores a los portones de varias empresas en busca de reenganches, oportunidades laborales o pagos de pasivos, como ocurrió en febrero de este año frente a la antigua planta de General Motors.

Con el paso de los meses, sin embargo, esa ilusión se fue diluyendo. “Yo volví al país luego del 3 de enero con la convicción de que empezaría un cambio mayor, por eso me acerqué a varias empresas buscando trabajo, pero hasta ahora no he conseguido”, dijo José Fuentes, especialista en metalmecánica de 43 años que regresó a Venezuela tras siete años entre Ecuador y Colombia.

Otro factor que ha impedido al parque industrial arrancar al ritmo esperado son los cortes eléctricos. Los racionamientos promedian entre 5 y 8 horas diarias, en ocasiones divididos en dos bloques, lo que paraliza líneas de producción continua. Las empresas se ven forzadas a sostener su propia generación eléctrica y eso dispara los costos operativos por combustible y frena los procesos de manufactura y ensamblaje.

Entre carencias y propuestas 

María Auxiliadora Ávila de López, presidenta de la Cámara de Pequeños, Medianos Industriales y Artesanos de Carabobo (Capemiac), señaló que, de los 360 afiliados del gremio, muy pocos cuentan con sistemas de autogeneración eléctrica, debido al costo de los equipos y a la escasez de combustible. “Quizás entre un 5 % y un 10 %, siendo optimistas, pero eso no es nada. Hemos llegado al colapso. Y es que esto también es un tema de gasoil: sin electricidad tampoco se puede producir gasoil”.

Desde las instancias gubernamentales se ha pedido ahorro energético, y las autoridades atribuyen las interrupciones a factores ambientales como las altas temperaturas por el fenómeno de El Niño. El gobernador de Carabobo, Rafael Lacava, por su parte, ha ofrecido recompensa monetaria a quienes reporten la ubicación de granjas clandestinas de criptomonedas en el estado, señaladas como una de las causas del sobrecalentamiento y disparos de circuitos de transmisión eléctrica.

Pero las afectaciones al sector productivo carabobeño, que produce pérdidas de jornadas laborales calculadas entre 24 a 48 horas a la semana, han generado propuestas de emergencia desde instancias como Fedecámaras Carabobo. A decir de su presidente, Jorge Aroca, la idea es que los empresarios, industriales y comerciantes reciban préstamos para la compra de equipos inversores y plantas eléctricas. 

Adicionalmente, esperan que el Ejecutivo decrete una ventana de seis meses, o incluso un año, sin impuestos ni permisos para la importación directa de equipos de generación eléctrica. “No todo el mundo tiene acceso a las divisas para importar estos equipos, por lo tanto, se requiere un apalancamiento bancario, créditos para que la pequeña y mediana empresa tenga acceso a la banca y poder comprar lo que se necesita”, destacó Aroca.

Precisamente desde la Cámara de Comercio de Valencia, que preside Ernesto Abbas, formularon una propuesta llamada “Luz para el comercio”: esperan que la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario, Sudeban, libere dos puntos del encaje legal. “Esos dos puntos representan aproximadamente 26 millones de dólares, con los que se podría crear una línea de crédito para que comercios e industrias inviertan en plantas eléctricas o paneles solares y mantengan su operatividad, pero hasta la fecha no hemos recibido respuesta”.

Mientras transcurren las semanas, aumentan los quebrantos en la economía. En este sentido, Ávila de López recalcó: “Cada hora sin energía eléctrica es una pérdida irrecuperable en nómina, en materia prima dañada, en maquinarias averiadas por las constantes fluctuaciones. Hay empresas trabajando a menos del 30% de su capacidad instalada. ¿Cómo vamos a reactivar la economía de un país cuando no contamos con lo básico, que es la electricidad?”.

A juicio de varios consultados para este trabajo, el discurso del “nuevo momento” no se ha traducido aún en mayor dinamismo económico en ejes clave como la industria, las pymes, el comercio y los servicios. La crisis eléctrica, agravada por la inflación que erosiona el bolsillo de los carabobeños, se mantiene como el principal obstáculo. 

“La administración de carga repercute negativamente en los costos fijos: aunque no se produzca nada durante las horas de apagón, igual hay que pagar alquiler, gastos fiscales, parafiscales y el propio servicio eléctrico. Eso pone en riesgo los flujos de caja y obliga a consumir inventario para cubrir gastos en lugar de reponerlo”, resumió Abbas.

La luz, el freno

Isnaldo Jiménez, ingeniero electricista con 54 años de experiencia y ex director de la termoeléctrica Planta Centro, ubicada en Morón, reconoce la gravedad del problema, pero señala que Carabobo ocupa una posición estratégica en el Sistema Interconectado Nacional.

“Carabobo es uno de los primeros estados en condiciones de recuperar su sistema eléctrico a los niveles de hace 20 o 30 años, porque cuenta con la infraestructura base para hacerlo. Eso se traduciría en mejoras en generación, transmisión, distribución y comercialización, que es hoy el eslabón más débil”, explicó.

Los habitantes del estado Carabobo deben reorganizar sus vidas en función de los cortes de energía eléctrica / Tibisay Romero

Los centros de cargas de subestaciones ubicados en Carabobo: Valencia, San Diego, La Arenosa, Planta Centro y  el de Caña de Azúcar,  en Aragua, que alimenta a San Joaquín y Mariara, tienen una capacidad instalada de 2446 Mva para satisfacer una demanda de 1450 Mega Watios (MW).  Jiménez además recordó que desde 2019, la Oficina de Operación de Sistemas Interconectados (Opsis) asignó al estado Carabobo una demanda de 1150 MW.

Según la información que maneja el especialista en el área, trabajan para poner en servicio la Unidad 6 de Planta Centro, entre julio y agosto de este año, lo que significaría un aporte de unos 500 MW.

Refirió que a un costado de Planta Centro opera Termo Centro, con cuatro unidades de 169 MW cada una y que actualmente funcionan solo como respaldo de emergencia para los dos municipios de la costa de Carabobo: Juan José Mora y Puerto Cabello. “Lo ideal sería convertir a Termo Centro a generación continua e integrarla al sistema interconectado”.

También está la planta Pedro Camejo, ubicada en la Zona Industrial II de Valencia, que tiene 300 MW instalados, con dos máquinas de 150 MW cada una. “Allí hay que ampliar la capacidad de entrega de combustible de gas. Hay una planta de gas, que no tiene la capacidad suficiente para poner las dos máquinas en servicio al mismo tiempo, lo que hacen es rotarlas”.

Y añadió: “Recomendamos al operador del servicio estar vigilante, pues debido al riesgo que existe al generar tres a cuatro aperturas y cierres del equipo por circuito, este puede fatigarse y al final afectar el servicio”. 

Crisis económica en medio de apagones

Mientras los técnicos hablan de plazos de recuperación, los industriales de materia prima, los comerciantes de ventas en descenso, en los hogares carabobeños la crisis eléctrica tiene un costo más inmediato: obliga a reorganizar el gasto familiar en torno a los apagones.

“Antes compraba cada semana la carne, el pollo y el queso para que no se dañaran con los cortes de luz. Ahora hago la compra interdiaria de esos productos y del resto cada quince días porque necesito reunir el dinero de dos semanas. Soy mamá de dos adolescentes de 13 y 14 años que juegan fútbol. En estos meses compro más carbohidratos que proteína animal. Es difícil hacer mercado y que quede algo para la luz, la gasolina y los demás servicios”, contó Josefina Pérez, de 39 años, administradora que trabaja desde su casa en Valencia.

Nathalie de Ferrer, costurera de 44 años que reside en El Socorro, al sur de Valencia, también vive cinco horas de racionamiento eléctrico a diario. “Antes se iba como a las 10 de la mañana, luego empezaron a cortarla como a las 2 de la tarde, pero ahora la están quitando de noche y llega a la 1 o 2 de la madrugada, entonces uno no puede dormir por el calor o los mosquitos. Esto me afecta porque cuando se va la luz no puedo seguir cosiendo”. En su casa viven 5 personas, ella, su esposo y tres hijos adolescentes. 

Entre los apagones, la inflación y unas promesas de reactivación que aún no se materializan, los carabobeños navegan su cotidianidad con la combinación de resignación y expectativa que ya conocen. “No hay luz y falta el dinero: esto es vivir con un manual de supervivencia, como ya nos pasó en 2016, 2017 y 2019, solo que ahora tenemos un punto de esperanza de que las cosas cambien para bien”, concluyó Pérez. El desafío para Carabobo, y para Venezuela, es que esa esperanza no se apague también.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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