La velocidad de la devaluación del bolívar en lo que va de 2026 genera preocupación en los ciudadanos. En las calles de Caracas, Miranda y Zulia, el consenso entre quienes compran y venden es uno solo: el precio del dólar no tiene freno y cerrará el año en cifras de hasta cuatro dígitos. Mientras el Banco Central de Venezuela (BCV) situó la tasa oficial en 582,86 bolívares este 11 de junio, en las calles los precios se calculan con tasas que van desde los 700 a 1.050 bolívares por dólar.
“Al paso que vamos, cerrará sobre los 1.000 bolívares”, responde desde Zulia el comerciante Antonio Escobar, al ser consultado sobre su expectativa para diciembre. “Es algo que nadie detiene. Al gobierno le da igual si sube o baja. Compran el dólar barato a tasa BCV y lo venden al paralelo. El que sufre es el que no tiene dólares”.
Esta percepción se apoya en los datos del propio ente emisor. Entre el 4 de enero y el 5 de junio de 2026, el precio del dólar oficial aumentó más del 83 %, al pasar de 297,82 a 545,77 bolívares. En mayo, la tasa oficial aumentó 12,78 %, y en lo que va de junio el incremento es de 29,83 bolívares o 5,39 %. Mientras tanto, la brecha con el mercado informal acelera el pesimismo de los ciudadanos.
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Un cierre de año crítico
Para los comerciantes, la fijación de precios se convirtió en una estrategia de supervivencia. Harrison Pérez, comerciante del boulevard de Sabana Grande, en Caracas, explica que debe recurrir a tasas externas para proteger su inventario. “Yo trabajo a la tasa de euro, pero compro a la tasa Binance (USDT). En los comercios del centro me cotizan así. Para no cobrar el dólar a 800, como está el Binance ahorita, le subo un poquito el precio al producto en dólares y así bajo la tasa en bolívares”, relata.
Los vendedores justifican estas medidas como una forma de garantizar la reposición de mercancía. “Si un producto cuesta 20 dólares, al cobrarlo a la tasa oficial del BCV tengo que ponerlo casi al doble, y los clientes dicen que está muy caro. Es difícil”, explicó el encargado de local en Caracas
Harrinson Pérez estima que, para diciembre, el dólar oficial “puede pisar los 750 u 800 bolívares”, mientras que considera que el paralelo podría escalar hasta los 2.000 bolívares. Su testimonio coincide con el de Alexandra Pérez, vendedora de la misma zona, quien asegura que la situación se tornó crítica después del 3 de enero.
“Si no controlan ese dólar, todo va a seguir subiendo. Si no le ponen disciplina a eso, continuará. Yo calculo que el oficial se va a montar en 1.100 o 1.300 bolívares para diciembre”, señala Alexandra Pérez. Sobre el dólar digital (USDT), su pronóstico es más elevado: “En dos o tres semanas va a llegar a 1.000 y en diciembre lo veo entre 1.700 y 1.800 bolívares”.
Antonio Escobar califica la situación como “demasiado grave”. Escobar advierte que, si no se frena la devaluación, los precios de los alimentos serán inalcanzables.
Lorenzo Liendo, un pensionado de 61 años, se molestó cuando compraba víveres. Aseguró que todos los días los productos tienen un precio nuevo y cada vez más elevado.Al ser consultado por El Pitazo sobre en cuánto cree que estará el dólar oficial a finales de año, señaló que “por el ritmo que lleva, fácil llegará a los 1.000 bolívares”.
“Esto es preocupante para nuestra economía, porque imagínese en cuánto estará el paralelo, que al final es el que la mayoría de las personas toma en cuenta para calcular sus precios. No es un secreto que nadie le para a lo que diga el Banco Central, ese dólar es una farsa”, señaló este 12 de junio.
Un comerciante del estado Miranda, entrevistado sobre el mismo tema, señaló que “si el dólar oficial no llega a los 1.000 a finales de año, estará cerca y pasará, aunque sea, los 900”.
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El dólar en las regiones
La distorsión cambiaria no es exclusiva de la capital. En los estados Miranda y Zulia, los comercios informales establecen precios muy por encima de la normativa legal. Según constató El Pitazo, en Miranda los buhoneros en la entidad cobran el dólar a 750 bolívares si el pago es en moneda nacional, pero solo ofrecen 650 bolívares a quien desea venderles sus divisas.
La distorsión cambiaría también desinfla los bolsillos de los zulianos. El mercado informal se maneja con una tasa por encima de la oficial y este viernes 12 de junio el dólar los reciben a 800 bolívares.
La disparidad afecta a buhoneros, comerciantes y compradores. Antonio Escobar relató que no pudo reponer parte de su inventario porque el proveedor pidió pagarle a una tasa de 800 bolívares por dólar.
“Le dije que no me dejara nada. Es demasiado caro, imagínese en cuánto voy a vender los plátanos. La gente no me los compra. Ahora estoy buscando quien me venda los dólares más baratos de 800 para pagarle al proveedor”, dijo indignado el buhonero.
Para Escobar, no hay interés de las autoridades nacionales para controlar el precio del dólar. “Pusieron presa a una gente por el dólar, y el dólar sigue pa’ arriba. Se llevaron a Maduro, y el dólar sigue pa’ arriba. No hay nadie que detenga el precio del dólar, al gobierno le da igual si sube o si baja, porque es un negocio. Compran el dólar barato y lo venden caro, y los que estamos sufriendo somos nosotros, los que no tenemos dólares», remarcó.
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Se aceleran las proyecciones
La realidad de junio de 2026 superó con rapidez las proyecciones iniciales de los expertos. En febrero de este año, durante un foro en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), economistas estimaron que el tipo de cambio oficial cerraría el año en 791 bolívares, mientras que el mercado no oficial se ubicaría en 890 bolívares.
No obstante, para el 12 de junio, el precio del dólar en plataformas digitales (USDT) ya alcanzó los 800 bolívares, cifra que iguala o supera las proyecciones que se esperaban para finales de año. Esta aceleración valida el temor de los ciudadanos que consideran que a fin de año la divisa estadounidense superará la barrera de los 1.000 bolívares.
Douglas Ramírez, economista y profesor de la Universidad de Los Andes (ULA), describe este fenómeno como una “economía esquizofrénica”, donde el sistema funciona bajo un estado de “psicosis del mercado”, donde los precios se separan de su valor real y se basan en historias y creencias personales de supervivencia.
El académico explica que el fenómeno en Venezuela no es simplemente “inflación en dólares”, sino una distorsión de precios relativos. Los comerciantes cobran una “prima por riesgo de reposición”. Al fijar precios por encima de la tasa oficial, buscan un seguro financiero contra el salto cambiario esperado que ocurre entre el momento de la venta y la conversión efectiva a moneda dura.
Precios dependientes del dólar
El análisis de Ramírez sobre los datos del BCV revela una correlación de 0,91 entre la devaluación y la inflación, lo que califica como una dependencia absoluta. Explicó que por cada 1 % que aumenta el dólar, la inflación sube un 1,04 %.
“Esto refleja una economía con expectativas indexadas, donde los comerciantes ajustan precios al instante para no perder por la estructura de costos”, señala el profesor de la ULA. En su diagnóstico, el mercado paralelo le pone precio a la incertidumbre y a la fricción institucional para acceder a la divisa.
Ante este escenario, economistas insisten en que mientras no se detenga la impresión de dinero inorgánico y existan cambios estructurales, el mercado cambiario informal seguirá dictando las reglas.
El economista José Guerra considera que se debe fijar temporalmente la tasa en un nivel representativo del mercado y sostenible en el tiempo, en lugar de mantener precios artificiales que no satisfacen la demanda real.
En un reciente foro en la Universidad Central de Venezuela, Guerra explicó que el Banco Central de Venezuela (BCV) ha intervenido con fuerza en el mercado, pero el proceso falla porque, mientras inyecta dólares, emite dinero inorgánico para financiar al fisco.
“Esos bolívares van a comprar dólares, entonces tú le das los bolívares para que te compren los dólares”, dijo el economista. Según su análisis, este financiamiento a Pdvsa genera una masa de dinero inorgánico que el mercado absorbe para adquirir las mismas divisas que el ente emisor ofrece.
El economista Asdrubal Oliveros también ha advertido en diversas oportunidades sobre la importancia de disminuir la brecha cambiaria para estabilizar la economía. En ese sentido, sostiene que si la tasa oficial se desliza gradualmente hasta reflejar el valor real de las subastas y la oferta real, se reducirían los incentivos de arbitraje y se cerraría la brecha.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973