🔴🔵 El dolor bajo los escombros de la indolencia, por @ArmandoMartini

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Rugió la entraña de la tierra, rechinó el corazón de un país, se quebró el alma nacional y el llanto reprimido se desbordó. No existe consuelo para la tristeza desde la lejanía del destierro, del exilio, ni sedante para quien vive, respira y sangra bajo los escombros de su propia historia. Escribimos estas líneas con la conciencia desgarrada de un venezolano que se niega a consentir que el sufrimiento sea convertido en una macabra moneda de cambio.

La naturaleza nos asestó un zarpazo cruel, feroz, casi mortal. Hemos visto rostros y lágrimas de sangre de quienes lo perdieron todo en un instante de terror. Escuchando el silencio de los que escarban con las uñas desnudas y ensangrentadas entre retorcijones de hierro, losas de hormigón, buscando vecinos, familiares, amigos. Y en esa pausa atroz, asfixiada por el polvo, comprendimos una verdad inapelable, no hay doctrina, ideología, cálculo político ni estratégico que justifique la orfandad de una nación. La falla tectónica no hace distinciones; la crueldad e indiferencia humana, sí.

Subrayamos con la verdad cruda y el corazón en carne viva. Sabemos que en medio de la tragedia la diatriba política debe pausarse, porque el luto exige respeto sagrado. Pero sería una traición a las víctimas, muertos y decenas de miles de almas, aún atrapadas, no decir lo evidente, la vulnerabilidad no nació con el terremoto del 24 de junio. La naturaleza apretó el gatillo, pero fue la desidia, corrupción y abandono lo que construyó las tumbas, para sepultar bajo el peso de la negligencia y pudrición pública. Los edificios no cedieron únicamente ante el embate de la tierra; colapsaron porque sus cimientos fueron vaciados hace años por bandidos y atracadores que sustituyeron cemento por codicia, desvistiendo al Estado frente a la fatalidad.

Duele hasta ahogar la respiración saber que quienes debían proteger, nos dejaron indefensos. Mientras el país se desmoronaba, presenciamos la parálisis de un Estado, incapaz de rescatar a sus hijos, obligado a depender de la caridad extranjera. Sin embargo, atormenta pensar que, sobre estas ruinas, se puedan repetir errores. Por lo que sería una estulticia irresponsable, imperdonable y demencial, hipotecar el futuro de quienes ya no tienen casa ni familia, empeñando la reconstrucción en contrataciones turbias que beneficien a esa gusanera infectada de insensibilidad que siempre lucra con la desgracia.

Llorar por Venezuela no es un acto de debilidad; es la expresión pura de humanidad y resistencia. No permitamos que el miedo nos divida cuando la solidaridad nos mantiene a flote. Que la ayuda internacional y nacional que agradecemos, sea administrada con decoro, sin robo y recibida sin la soberbia de los fracasados. Los recursos vayan a los damnificados, hospitales colapsados que operan en carencia y oscuridad; a los que duermen a la intemperie abrazando apenas el recuerdo de lo que fue su hogar.

Hacemos un llamado agónico a la venezolanidad, arraigo y entereza; a los que están en el poder y lo usurpan, a millones que forzados huyeron, a los que resisten; y a los que conservan la fe. Que la magnitud astronómica de esta desgracia nos recuerde que somos un solo pueblo que sangra por la misma herida, y, que la única forma de emerger de este fango de sufrimiento, es juntos, sin mezquindad, exclusiones ni odios heredados.

No sabemos si las palabras pueden abrigar a quien acaba de sepultar a familiares en un cajón improvisado. Tampoco, si este ruego penetrará la coraza de quienes dominan y ostentan el poder. Pero estamos claros que callar sería perjurio, y la indiferencia, un pecado inexcusable. Que esta hora aciaga nos encuentre unidos en el amor profundo por la patria. Que la reconstrucción no sea solo de concreto, sino de la confianza y la piedad que nos fueron arrebatadas.

Con el pecho puesto en la tierra aún temblorosa y la mirada en un cielo inclemente, que Dios, en su infinita misericordia, escuche el clamor de un pueblo aplastado, abrace a Venezuela y tenga clemencia en el homicidio culposo de una nación a manos de la naturaleza y la cleptocracia. 

@ArmandoMartini

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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