🔴🔵 libros para transitar el duelo

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En medio de los escombros del edificio Rita de San Bernadino, Caracas, mientras Protección Civil buscaba sobrevivientes del doblete sísmico ocurrido el 24 de junio, el libro Piedra de mar del venezolano Francisco Massiani reposaba sobre los restos del edificio derrumbado. La imagen resultaba contundente. En medio de la tragedia, el dolor y el luto que embargan a Venezuela por los 5.346 fallecidos, los libros sobreviven como un símbolo de esperanza. Poemas, cuentos, novelas, sagas juveniles: las historias están ahí, entre las páginas, a la espera de que las personas se animen a leerlas.

No son tiempos fáciles para la lectura, no hay un libro o autor que tenga una fórmula mágica que alivie al lector ante una tragedia como la que se vive en Venezuela a un mes del terremoto.  Ante el bombardeo exacerbado de las redes sociales, las imágenes, los videos, los testimonios y las cifras, los libros también salen a relucir como una opción. Para algunos son un refugio; para otros, una mera distracción.

El escritor Mario Morenza los considera una forma distinta de conectar con el luto que embarga a la nación. El también gestor cultural y escritor Ricardo Ramírez Requena asegura que es necesario en estos momentos volver a los libros que reflexionan sobre la muerte. Para él, es importante no olvidar lo ocurrido en Catia La Mar o La Guaira, la zona cero del desastre.

 Las lectoras más jóvenes como Ailed Pereira, fundadora de The Book Club Venezuela, y Miranda Cadena, dueña de la Librería El Cuervo en El Hatillo, coinciden en señalar que hay libros que permiten mirar el duelo desde otro lugar: uno más amable y ficcional donde las historias son un refugio. Las palabras leídas, escuchadas en las narraciones orales, los personajes y sus emociones pueden ser compañía en tiempos difíciles.

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Los libros también sobrevivieron | Ezequiel Carías @ezevisual

Por causa de la tragedia, centenares de niños se refugiaron en campamentos tras perder sus hogares. En medio de la incertidumbre y el shock, los cuentos del proyecto Leer para vivir del Banco del Libro se convirtieron en un espacio de alivio y contención. Los libros tienen ese poder, aunque no todos estén preparados todavía para acudir a ellos.

El luto y el dolor son personales al igual que la experiencia de cada lector. Cada libro tiene su público. Sin embargo, al hablar de luto y literatura existen algunos títulos universales sobre la superación del duelo. Entre ellos, El año del pensamiento mágico, de Joan Didion o Sobre el duelo y el dolor,  de Elisabeth Kübler-Ross, un clásico fundamental de la psiquiatría que explica las etapas del proceso de duelo.

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Leer cuentos en refugios le permitió a lo niños un espacio para desconectar | El Nacional

Hay también otros títulos como El camino de las lágrimas, de Jorge Bucay. Por medio de la psicología y la narración, el autor combina conceptos teóricos con cuentos y fábulas para ayudar al lector a entender y superar las distintas etapas de la pérdida. Otro libro reconocido sobre el tema es La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero, una mezcla entre la biografía de Marie Curie y la memoria personal para explorar el dolor y la forma en que el amor y la literatura ayudan a sanar.

Recomendaciones de grandes lectores

Antes de desempeñarse como escritores, Mario Morenza y Ricardo Ramírez Requena son lectores. Morenza señala que ahora le toca a los venezolanos contar, por el resto de sus vidas, lo ocurrido ese miércoles 24 de junio. Será una historia inagotable y, en medio de eso, reconoce la lectura como una pausa entre el alivio y la reflexión. “Un plazo breve. No recomendaría autores ni libros con los que yo estoy gradualmente familiarizado, sino esos a los que siempre, usted como lector, ha regresado, a los que siempre volvemos. Desde aquellos que leíste durante la infancia hasta minutos antes de las 6:04 de esa tarde”.

Sí, también reconoce este momento como un reencuentro con la literatura. Si debe recomendar algún libro en específico, mencionaría títulos como Teoría de la gravedad, de Leila Guerriero o ¿Hay vida en la Tierra?, de Juan Villoro. También Alguien habló de nosotros, de Irene Vallejo y El idioma materno, de Fabio Morábito. “Son libros que agrupan un conjunto de textos muy breves, y es cierto que transitamos un tiempo muy disperso y espinoso y la atención no suele ser sostenida, se disipa. Porque sí. Sin querer he movido la mesa con la punta del pie y ya pienso que se trata de una réplica”.

El libro de Juan Villoro es un catálogo de las paranoias, malentendidos, molestias e ilusiones que conforman la vida cotidiana | Archivo

Morenza recomendaría además ir a esas lecturas que en algún momento mencionó un ser querido que ya no está como una forma de honrarlos. El escritor conoce un caso que lo ha conmovido: una de sus alumnas tenía una tía que le pidió prestado Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell. Quedó en devolverlo cuando se reencontraran, pero falleció en el terremoto y entre las ruinas de su edificio encontró ese libro.

También pudiera añadir uno más a la lista de recomendados: Sobre el duelo,  de Chimamanda Ngozi Adichie. El tema esencial del libro es la pérdida. La autora transita caminos sinuosos en torno a la ausencia paterna, y en sus páginas se puede hallar, a su juicio, ciertos vínculos con lo que ocurrió en el país. Para él no hay dudas: “Todos estamos de duelo. Todos estamos de luto”.

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Sobre el duelo, de Chimamanda Ngozi Adichie, fue una de las recomendaciones de Ricardo Ramírez Requena y Mario Morenza | Archivo

Como director de La Fundación La Poeteca, la primera recomendación que hace Ricardo Ramírez Requena es un poema: “Todos han muerto”, de Pepe Barroeta. En sus versos, se pueden leer palabras que abordan el dolor como un espejo de la realidad actual: “Me acostumbré a la idea de saberlos callados / bajo la tierra”.

Para Requena, el poema es el del fin de los pueblos que tienen una larga historia en el país, como por ejemplo Casas muertas, de Miguel Otero Silva. “Lo que lo hace enorme, es que habla de individuos. En tragedias grandes como la que estamos viviendo, las personas pasan a ser cifras: muertos, heridos, desaparecidos. Y no: tienen nombres, apellidos, vidas vividas, cotidianidades”.

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Requena insisite en que no se puede borrar lo sucedido en La Guaira | Tairy Gamboa @tairyphoto

Como Morenza, recomendaría Sobre el duelo, de Chimamanda Ngozi Adichie, al que define como una crónica en primera persona de la muerte del padre de la autora. En el libro, Ngozi le da voz al dolor. “El duelo es la entrada al silencio, pero luego debe transmutarse en voz. El duelo no se supera, se integra a la vida”.

Otra de sus sugerencias es Vivir con nuestros muertos,  de Delphine Horvilleur, que explora la muerte en la cultura judía y cómo en ella se integra a sus ancestros en sus vidas, no los borran ni los desvinculan. Los honran. Por último, también recomendaría  Ante el dolor de los demás,  de Susan Sontag, sobre guerra y víctimas. “Nos recuerda que no somos inocentes, somos testigos de lo que acontece en la historia de nuestros países, nuestras vidas y debemos hablar y comprometernos. No podemos borrar a quienes han muerto. Tampoco podemos borrar a Catia La Mar y La Guaira”.

Sanar y leer

Ailed Pereira y Miranda Cadena pueden recomendar libros que, aunque no traten de la superación del duelo, les brindaron mensajes de esperanza ante la pérdida. Los libros, para ellas, muestran otra forma de ver la vida y la muerte. “Eso me parece inmensamente poderoso”, señala Pereira.

Entre sus recomendaciones, Pereira mencionaría Quizás en otra vida, de Taylor Jenkins Reid, una historia en la que se narra qué pasaría en la vida de la protagonista según las decisiones que toma. “La culpa del sobreviviente es dura, podemos atormentarnos con ‘qué hubiera pasado si…’. Pero este libro nos explica que, de alguna manera, ambos caminos están bien. Hay que aprender a vivir con las decisiones que tomamos”.

Pereira recomienda libros que permiten reflexionar sobre la vida y la muerte | Archivo

Su siguiente recomendación sería La biblioteca de la medianoche, de Matt Haig, uno de los libros  más aleccionadores, dice. La historia se centra en una joven deprimida que busca quitarse la vida. Es ahí cuando despierta en la biblioteca de la medianoche, una especie de limbo, en donde podrá leer, en diferentes libros, diferentes versiones de su vida. “Vivimos pensando en qué hubiese pasado, pero con este libro nos damos cuenta de que nuestras decisiones nos traen al ahora. Quizás esa vida que idealizamos no era tan perfecta como pensábamos”.

El pequeño estudio de los recuerdos perdidos,  de Sanaka Hiiragi habla de un mundo entre la vida y la muerte al que llegan las almas que ya no están. “Te muestra una manera linda y oriental de ver la muerte como otro viaje. Es un libro sin duda sanador”, dice Pereira. Paula, de Isabel Allende, y Antes de que se enfríe el café,  de Toshikazu Kawaguchi completarían sus recomendaciones. Ambos abordan el dolor tras la pérdida de un ser querido desde un punto de vista espiritual y sanador.

“En mi caso, encuentro pequeñas curitas en estas historias que me hacen ver la muerte de otra manera o que me invitan a una reflexión. No son un manual, no es una guía de pasos para aliviar el duelo. Todos sabemos las etapas de un duelo, pero cada persona vive la muerte de un ser amado de manera diferente”, explica.

Paula, de Isabel Allende también es parte de las recomendaciones de Pereira | Archivo

Sus recomendaciones las hace pensando en historias que muestran un camino espiritual del cual sostenerse para despedir a esa persona, brindan un toque mágico y ayudan a desconectar. “Si bien puedes verte reflejado, a la vez te permite sentir que alguien te toma de la mano y te muestra un camino. Considero que el lector encontrará en estos libros un ancla espiritual y emocional”.

Miranda Cadena, por su parte, se enfoca en libros juveniles fáciles y entretenidos, pero con un mensaje conmovedor. En ese sentido, el primero que destacaría sería El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, un clásico de la literatura juvenil. “El personaje evita pensar en sus problemas a través del humor, es bastante sarcástico y me parece que a pesar de los temas que trata y que se van revelando, es uno de los libros más graciosos que he leído”.

También recomendaría Las ventajas de ser invisible,  de Stephen Chbosky, una novela juvenil sobre el tránsito de la adolescencia a la adultez y sus temores. El personaje atraviesa el duelo, el aislamiento, la soledad, problemas de salud mental y el trauma, pero también la amistad y el cariño de quienes lo acompañan. “Es una novela algo triste, pero feliz y esperanzadora (como la vida real)”.

Por último recomendaría Percy Jackson y el ladrón del rayo, una novela de fantasía juvenil muy ligera de leer y entretenida, que a pesar de su trama de fantasía, muestra también problemas de la vida real.

Las ventajas de ser invisible, de Stephen Chbosky cuenta con una adaptación cinematográfica | Archivo

La hora del cuento

Tras el deslave de Vargas, ocurrido el 15 de diciembre de 1999, el Banco del Libro, dirigido por María Beatriz Medina, puso en marcha el proyecto Leer para vivir. La iniciativa se pensó para abrir espacios de seguridad y alivio emocional. El Banco del Libro realizó actividades de promoción de lectura para atender a niños y jóvenes recluidos en los refugios.

Ahora, tras el doblete sísmico, se retomó el proyecto. Primero con los niños refugiados en el Parque del Este, luego con actividades en su sede, en Altamira, donde han capacitado alrededor de 120 voluntarios. La iniciativa no  solo marcó un hito local, sino que se convirtió en un referente internacional en situaciones de crisis. El proyecto trabaja con un listado de 57 cuentos seleccionados entre los que destacan títulos como Ahora no, Bernardo, deDavid  McKee, Al principio viajábamos solas y Camino a casa,  de Jairo Buitrago.

Entre los cuentos hay historias de empatía | El Nacional

“La selección del libro es muy importante. No hay libros específicos sobre el duelo, nosotros privilegiamos aquellos libros que propicien la reflexión y permitan un distanciamiento para ver las cosas de una manera distinta. No buscamos libros que te den reglas para trabajar”, explica María Beatriz Medina.

El bosque de los hermanos, de Yukiko Nuritake, El árbol rojo, de Shaun Tan, El camino de la montaña, de Mariane Dubuc y El corazón y la botella, de Oliver Jeffers también forman parte de la selección. La lista se pensó, continúa Medina, considerando temas pertinentes ante la situación actual desde una formulación simbólica. “También hay libros que tratan otros temas que no tienen nada que ver con esto que nos sucede”.

La efectividad del proyecto Leer para vivir radica en que, a través de la literatura infantil, contribuye a transformar el trauma comunitario. La iniciativa incluso se avaló internacionalmente en 2003, cuando la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones de Bibliotecas (IFLA) le otorgó el Premio de Alfabetización Guust van Wesemael (Guust van Wesemael Literacy Prize). El galardón visibilizó el programa ante la comunidad bibliotecaria mundial como la primera experiencia sistemática de biblioterapia tras desastres naturales en América Latina.

Eloísa y los bichos, de Jairo Buitrago es uno de los cuentos con los que trabaja el Banco del Libro | Archivo

Ahora, es parte de un espacio seguro en el que los niños afectados por el terremoto pueden volver a ser niños y dejar de pensar en refugios temporales, familiares desaparecidos o despedidas. Durante una hora, voluntarios y personal del equipo del Banco del Libro cuentan cuentos como El edificio,  de Jairo Buitrago, El hombre que perdió la cabeza,  de Fanuel Hanán Díaz y Giulia Landonio, El kiosko de Anete Melece o Eloísa y los bichos, de Jairo Buitrago.

La literatura siempre será un refugio. Ya sean cuentos, novelas, sagas juveniles o poemas, los libros se abren como un hogar de historias infinitas. Mientras el país se reconstruye, los ejemplares estarán ahí, a la espera, dispuestos para ser parte de los cimientos esenciales.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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