

El distrito tecnológico de Yizhuang, en Pekín, fue testigo este domingo de un hito que redefine los límites de la ingeniería. Los robots humanoides borraron las marcas de 2025 al completar la media maratón en tiempos que la biología humana aún no alcanza.
El equipo autónomo «Qitian Dasheng» se alzó con la victoria oficial con un registro de 50 minutos y 26 segundos, pero el verdadero estallido de velocidad llegó de la mano de «Shandian» (Relámpago).
Este último, desarrollado por la empresa Honor, detuvo el reloj en 48 minutos y 19 segundos.
A pesar de sufrir una caída a escasos 100 metros de la meta, el autómata demostró una superioridad física absoluta, según señaló EFE.
No obstante, por competir bajo control remoto, el reglamento aplicó un coeficiente penalizador de 1,2 que relegó su posición en la clasificación final frente a los sistemas 100% autónomos.
Robots humanoides evolutivos
En la edición de 2025, el robot ganador empleó 2 horas, 40 minutos y 42 segundos para cubrir la misma distancia. En solo un año, la industria china mejoró la estabilidad, la gestión energética y la velocidad de estas máquinas hasta situarlas casi 10 minutos por debajo del récord mundial humano ($57$ minutos y $20$ segundos).
La prueba reunió a un centenar de equipos robóticos de potencias como Francia, Alemania y Brasil, quienes sortearon curvas, pendientes y tramos estrechos junto a 12.000 corredores humanos. «No es una sorpresa; estos resultados ya se observaron en pruebas previas», afirmó uno de los ingenieros del equipo de desarrollo a medios locales.


Una estrategia de Estado
Para el gobierno chino, este evento es un banco de pruebas para su estrategia nacional de robótica.
El objetivo es evaluar la capacidad de estos humanoides para operar en entornos reales, con miras a integrarlos en la inspección industrial y los servicios urbanos.
En la categoría humana, el contraste fue evidente. El ganador masculino, Zhao Haijie, cruzó la meta con un tiempo de 1 hora, 7 minutos y 47 segundos. Una marca destacable para un hombre, pero que palidece ante los 48 minutos del corredor de metal.
De esta manera, Pekín dejó claro que, en la larga distancia, el futuro ya no tiene músculos, sino circuitos.
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