Por: Arnaldo Fernández
Caracas.- El debate sobre quién es el mejor futbolista de todos los tiempos se va cerrando con una fuerza que parece definitiva. Sin embargo, la colosal actuación de Lionel Andrés Messi en el Mundial 2026 abre una interrogante mucho más profunda y ambiciosa: ¿en qué escalón de la historia de todo el deporte mundial se ubica el astro argentino? Su impacto trasciende las fronteras del balompié para competir directamente con mitos de la talla de Michael Jordan, Muhammad Ali o Usain Bolt.
A estas alturas, carece de importancia si la selección de Argentina repite la gloria y levanta nuevamente la Copa del Mundo en esta edición. Lo que Messi está ejecutando sobre los terrenos de juego en Norteamérica es una demostración de vigencia indomable que redefine los límites de la longevidad deportiva.
Con su demoledor arranque mundialista, el rosarino destrozó las páginas doradas del torneo al apoderarse del trono como el máximo goleador histórico con 18 anotaciones, dejando en el retrovisor los 16 tantos del alemán Miroslav Klose y los 15 del fenómeno brasileño Ronaldo, en una época donde Kylian Mbappé se mantiene al acecho para el presente y el futuro.
Junto a los reyes del gol
La producción del 10 roza las fronteras de la fantasía. Al enlazar la brutalidad de seis partidos consecutivos anotando en una Copa del Mundo, Messi ha estampado su firma en el exclusivo Olimpo de consistencia que antes solo resguardaban leyendas de la talla de Jairzinho y Just Fontaine.
No obstante, su inicio demoledor igualó un registro histórico de locura: junto al artillero ruso Oleg Salenko, se transformó en el único futbolista capaz de arrancar una cita mundialista firmando cinco goles en apenas sus primeros dos compromisos.
Messi también es humano
La grandeza del 10 también se nutre de imperfecciones que magnifican lo humano dentro del mito. Al errar desde los doce pasos ante Austria, Messi sumó una curiosa contradicción a su bitácora: acumuló tres penales fallados en tiempo regular en la historia de las Copas del Mundo, convirtiéndose también en el jugador con más penas máximas erradas en el certamen.
Un dato que, lejos de opacar su legado, ratifica que es el dueño absoluto del juego; el hombre que acapara el protagonismo en cada escenario posible.
Con un volumen de estadísticas que marea a los historiadores, la discusión en torno a su figura toma un nuevo matiz. El capitán de la albiceleste sigue brillando con luz propia en una dimensión reservada para los elegidos, obligando al deporte global a buscar nuevas varas de medir para un futbolista que seis mundiales después sigue vigente.
LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973