🔴🔵 «No la iba a dejar ahí»: en La Guaira enfrentan al caos para poder sacar a sus muertos

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Por Venezuela Unida

Jean Carlos Meléndez bajó desde los Valles del Tuy el miércoles en la noche para buscar a sus primas que estaban en Playa Grande al momento del doblete sísmico. De allí sacó sus cuerpos y él mismo acompañó el traslado para evitar perderles el rastro nuevamente. Ahora tiene que terminar el trabajo: lograr que manden un carro de una funeraria lo más pronto posible para que lograr retirar a una de ellas y cremarla.

«Yo no la iba a dejar ahí, yo mismo recuperé el cadáver, lo saqué de los escombros y ayude a traerlo hasta aquí, antes le colocaron un número en el brazo y ya sabía cómo buscarla (entre los cuerpos)», relató Jean Carlos a la salida de la morgue del hospital general José María Vargas, ubicado en la zona de Pariata del estado La Guaira.

Allí se acercaban decenas de personas para poder hacer el primer paso de reconocimiento. Los sollozos de algunos se mezclaban con los relatos de cómo cada uno logró sobrevivir a la tragedia, de cómo encontraron a sus muertos, de qué iban a hacer ahora para enterrarlos. Según las autoridades, más de 930 personas han muerto en todo el país tras los terremotos.

Desde el día anterior, vecinos en distintas zonas de La Guaira esperaban con sus muertos en los estacionamientos, a las afueras de los edificios colapsados, esperando a funcionarios del Cicpc para que retirasen los cadáveres. En Catia La Mar los iban trasladando en ambulancias o en las bateas de las camionetas hacia en hospitalito de la Soublette, como se conoce al hospital Alfredo Machado, que estaba colapsado por la cantidad de heridos y personas graves que recibían.

Al mediodía del viernes, al menos una decena de cuerpos se acumulaba en la parte de los consultorios a pleno sol, tapados con sábanas y algunos cartones. Un funcionario del Cicpc comentó a TalCual que en ese lugar se haría una identificación básica –sexos, señas, cómo estaba vestido– para luego trasladarlos al Seguro Social de La Guaira, como también se conoce al Vargas.

A ese lugar remitían a los deudos que llegaban buscando alguna certeza. Una mujer, que prefirió no identificarse, buscaba a su esposo Stiven, quien era funcionario de la Policía del Estado Vargas. «Ahorita los vamos a trasladar al Seguro, allá es que van a poder hacer todos los trámites», le dijo una funcionaria.

En el Seguro Social se hace un reconocimiento más amplio y se certifica el parentesco para poder entregar los cuerpos. Jean Carlos tenía previsto tener el acta de defunción en mano de una de sus primas para la noche del jueves 25, «pero hubo la alerta esa de tsunami y todo el mundo salió despavorido para Caracas. Todo el mundo corriendo y nosotros también tuvimos que salir. Esta mañana pensé en venir temprano pero me agarró el sueño, tenía dos días sin dormir».

En la morgue, que ha recibido centenares de cadáveres desde el miércoles, le entregaron el acta de defunción y le entregaron otro papel con sello del Ministerio Público, que permite cremar el cuerpo sin mayores contratiempos. «Con ese permiso tengo que ir a la funeraria para luego retirar el cuerpo y llevármelo pa’ los Valles (del Tuy) será, ahí haremos la cremación porque por la alcaldía eso va a demorar mucho. Queremos que sea rápido».

«Casualmente una se iba el sábado del país», lamentó Jean Carlos.

A Yenny también le tocó desenterrar el cuerpo de su sobrino, de tan solo cinco años. Entre sollozos, dijo que lo recuperó entre los escombros de un edificio en Suma, como se conoce a los edificios de Misión Vivienda en Playa Grande. «Yo me traje a mi sobrino de cinco años, yo misma lo saqué«, dijo.

Con su familia discutía la prioridad: buscar una funeraria lo más cerca posible para poder retirar el cuerpo y darle sepultura. A diferencia de Jean Carlos, a ella le entregaron un pedazo de papel con la identificación de su sobrino. En la morgue le dijeron que eso era suficiente, debido a la contingencia, para que la funeraria lograse retirarlo de allí.

También comentó que en algunas zonas «no están recuperando (los cuerpos), algunos ya no se reconocen o si los reconocen lo hacen por la ropa porque ya ha pasado tiempo».

Otro funcionario del Cicpc comentó que hasta la noche del viernes se habían recibido poco más de 500 cuerpos y sólo se habían retirado 102. Dijo además que hay cadáveres en las distintas morgues, incluyendo las de Periférico de Pariata, el IVSS y en Naiguatá.

«Me lo iba a traer en una tabla»

Carlos nunca esperó que su viaje a Chuao, en Aragua, se trastocara tan rápido. «Salí corriendo para Catia, que es donde vivo, pero tenía una sensación rara. No sabía nada de mi cuñado, llamábamos y nada. Le dije a mi esposa que nos íbamos a cargar gasolina y a bajar. Cuando llegamos nos encontramos esta locura».

La «locura» era el estado de Catia La Mar, una de las zonas más afectadas por los terremotos según las autoridades. «No sabes la impresión de llegar y que el edificio no está. Es horrible. Mucha gente aturdida, preguntando por su familia. Menos mal que llegaron los rescatistas porque mi sobrino quedó con las piernas en la cara, él estaba vivo y hablaba, mi cuñado no se veía».

Estaban los dos cerca, dijo, «estaban uno al lado del otro (…) Eran tres. Cuando el edificio se cayó, por cosas de Dios, el edificio expulsó a uno de mis sobrinos. Cuando llegó la mamá, el niño estaba sentado en una piedra solo, pero mi otro sobrino y mi cuñado no salieron».

Carlos se subió a los escombros. Llamó, gritó varias veces «y nada, nada; ya mi sobrino no estaba vivo y cuando descubrieron su cuerpo al lado estaba mi cuñado pero solo se veían las piernas, el edificio se fue hacia un lado y él quedó completamente doblado».

Sin embargo, tras sacar los cuerpos no había cómo llevarlo hasta la morgue en Pariata. Ya sabía que el hospitalito estaba colapsado. «Yo me lo iba a traer en una tabla porque duramos un rato con el cadáver ahí y no sabíamos qué hacer. Ya lo tenía amarrado a una tabla y lo iba a subir a la moto, ¿qué más iba a hacer? Pero llegó un amigo con su carro y me ayudó».

A las 3:00 de la tarde todavía se encontraba fuera de la morgue esperando por el carro funerario. Tan solo después de las 4:00 p.m. en la autopista sentido La Guaira bajaban al menos 15 carrozas fúnebres. «Nosotros preguntamos en la Vallés en Caracas y nos cobraban 600 dólares por la cremación y el velatorio, eso sí, nos advirtieron que solo era medio turno. Yo le dije a mi esposa que estaba bien, lo importante era recuperarlos y lo logramos».

«Nosotros mismos lo sacamos»

Edgardo Ereú Castillo fue otro de los que se movilizó hasta La Guaira para poder encontrar a su primo Ángel Luis Oronoz, de 31 años. «Tenemos tres días de búsqueda con mucha fuerza y dedicación hasta ahorita que se consiguió el día de hoy en la mañana. Estaba dentro del apartamento todavía, él vivía en el edificio OP33 en Caraballeda. Nosotros mismos lo sacamos, lo trajimos y ahora estamos esperando el tema de la funeraria».

Tuvieron que llamar a funerarias en Caracas «para que nos auxilien» y poder llevárselo para brindarle sepultura. «Era un muchacho muy joven, con toda la vida por delante. Su esposa quedó hospitalizada en el Pérez de León en Petare, tiene fractura de pierna, costillas reventadas. Fue muy fuerte pero aquí estamos», dijo a las afueras del hospital de Pariata.

En Caracas, pasadas las 8:30 p.m, se colgó un aviso en la morgue de Bello Monte para informar como es el retiro de los cuerpos. Luego del reconocimiento que solo puede hacer un familiar directo, se deben entregar cinco copias de cédula de la víctima, dos del familiar, se realiza una entrevista y se hace el proceso de necrodactilia (impresión de huellas dactilares del cadáver). A partir de allí se tramita el acta y posterior entrega de la persona fallecida.

LO ROJO Y AZUL – CNP 25.973

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