El sistema penitenciario británico enfrenta una crisis alarmante. Charlie Taylor, inspector jefe de prisiones, denunció que las cárceles no solo sufren hacinamiento, sino que carecen de programas efectivos de rehabilitation. Además, grupos criminales aprovechan la tecnología para introducir drogas, generando un negocio millonario dentro de los centros de reclusión.
Drones: el nuevo método de distribución
Según Taylor, en declaraciones a *The Independent*, bandas organizadas utilizan drones para transportar hasta 10 kilogramos de estupefacientes por envío. Los reclusos, encerrados 22 horas al día en sus celdas, encuentran en las drogas una forma de "matar el tiempo".
Muchos prisioneros pasan todo el día acostados en su cama consumiendo drogas, viendo televisión.
Falta de tratamiento y alto costo
El funcionario, que pronto culminará seis años en su cargo, calificó como "tragedia" que pocos internos reciban ayuda para superar sus adicciones. Datos revelan que hasta el 25% de los reclusos adictos desarrollaron este problema *dentro* de la prisión, debido a la facilidad para conseguir sustancias.
El resultado es preocupante: muchos salen en libertad sin rehabilitación, lo que aumenta el riesgo de reincidencia. Mantener a un preso cuesta alrededor de 60.000 libras anuales (80.500 dólares).
Riesgos de seguridad
Taylor también advirtió sobre el peligro de que los drones se utilicen para introducir armas en cárceles de máxima seguridad, donde se encuentran terroristas y líderes del crimen organizado. Incluso, reconoció que, en el futuro, podrían emplearse para facilitar fugas.